Tres sombreros de copa es una comedia, aunque los rasgos de humor que la caracterizan no ofrecen una comicidad clásica de abierta carcajada, sino que es más sutil. Incluso esta comicidad puede dejar algo frío al lector o espectador si no se encuadra dentro de la línea del humor absurdo, extraño e infantil que da mucha importancia al subconsciente y al lenguaje. Una isla en el teatro español de la época, más cercana al humor de Ionesco que al de la comedia amable que se estilaba en las décadas de 1930 a 50.
La obra de Miguel Mihura está teñida de un humor absurdo, basado en lo inverosímil e incongruente y que el autor también cultivó en revistas como La ametralladora o La codorniz. Con el humor Mihura pretendía desarticular los tópicos, lo consabido, las apariencias. Por ello, como decíamos, en Tres sombreros de copa los abundantes rasgos de humor no logran paliar una sensación de desengaño y amargura final.
En mi última lectura de la obra me he detenido en las situaciones más o menos cómicas que sustentan una parte importante de la obra de Mihura, y que ayudan a sobrellevar la triste realidad de los personajes que la pueblan.
Empecemos por destacar particularmente 3 personajes grotescos, degradados, sin personalidad, casi caricaturas: don Rosario, don Sacramento y el Anciano Militar. En ellos las características de lo desorbitado e incongruente no parecen dejar hueco a rasgos humanos verosímiles. Veámoslos uno a uno.
Don Rosario es un personaje caracterizado desde el primer momento por una actuación absurda, exagerada e inverosímil. Se trata del dueño del hotel en que se alojan los protagonistas. Desde que enseña las tres lucecitas del puerto que jamás ha visto, o le ruega a Dionisio que se quede con la vieja bota que ha encontrado bajo la cama (primer acto). Hasta que al final de la obra apremia a Dionisio porque ya las criadas están tirando confeti y los criados miguitas de pan. Este personaje es tan exageradamente paternal con sus huéspedes que si no pueden dormir acude ¡a tocarles la corneta! O los arropa y se mete en la cama con ellos si están enfermos. Toda la actuación de don Rosario es una sarta de exageraciones y comportamientos absurdos.
Don Sacramento personaliza, como su nombre indica, la tradición y la convención, aparte de ser el resorte que devuelve a Dionisio a la realidad: se debe casar con su hija en pocas horas. Las alusiones a la decencia que hace don Sacramento son absurdas: las personas decentes no salen por la noche a pasear bajo la lluvia, las personas decentes deben llevar siempre una patata en los bolsillos, poner retratos de la familia en la pared, les deben gustar los huevos fritos para desayunar… En toda la obra no aparecen tan a menudo los verbos de obligación tendrá, deberá, no podrá, que taladran la voluntad de Dionisio. Estos mandamientos de la decencia, que aterrorizan a Dionisio (sin embargo, no es capaz de escapar a ese futuro), convierten a don Sacramento en un personaje paródico.
El Anciano Militar es un personaje de menos importancia en la obra, pero caracterizado grotescamente como un monigote, al igual que los anteriores. El complemento que da pie a la actuación del Militar es Fanny, otra de las chicas de music-hall que intentan sacar provecho de los señores ricos. Al principio se niega a regalarle a la joven ninguna de sus cruces de guerra (si ella quiere, un sombrero o una lámpara). Pero finalmente Fanny consigue su objetivo, y el Anciano le da hasta la más valiosa de las cruces que cuelgan de su uniforme. Las palabras finales del personaje, soñando con una boda, con escapar a América, con criar gallinitas y quizá tener un niño rubio, dan fe de su ingenuidad y de su infantilismo.
En Papel en Blanco | Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura

Comentarios
Mi favorito de siempre es el 'Odioso Señor':
"Yo a la bañera le echo focas". Grandioso.
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Es verdad, Paolo, es uno de los mejores momentos, sólo hay que imaginarse al señor en el baño… Saludos!