Favoritos de maritrueca en Papelenblanco http://www.papelenblanco.com/usuario/ seleccionado por maritrueca http://www.papelenblanco.com <![CDATA['El mundo y la química', un viaje iniciático]]> http://www.papelenblanco.com/divulgacion/el-mundo-y-la-quimica-un-viaje-iniciatico http://www.papelenblanco.com/divulgacion/el-mundo-y-la-quimica-un-viaje-iniciatico Mon, 12 Sep 2011 17:11:26 +0000 seleccionado por maritrueca la quimica y el mundo

Os voy a hablar de un libro que me ha llamado mucho la atención y no, no es un relato ni es de un autor clásico. Es un libro de química. Sí, como leéis. El mundo y la química de Javier Ordóñez y Natalia Pérez-Galdós me ha llamado la atención, precisamente, porque apenas conozco nada de este tema, más allá de lo que pude estudiar en el instituto. Lo publica Lunwerg y el precio es 39,50 euros. Es interesante saber que está disponible tanto en castellano como en inglés, por si tenéis que hacer algún regalo internacional…

‘El mundo y la química’ es un libro ilustrado, como no podía ser menos. A través de numerosos cuadros explicativos, ideales para gente neófita en este complicado mundo, anécdotas e ilustraciones nos adentramos en el extraordinario universo de la química. Desde el orígen de los colores a los perfumes de diseño, descubriremos que todo es química, desde la comida que tomas hasta tú mismo. Desde luego, da que pensar un rato…

Conmemorando el Año Internacional de la química nada mejor que un libro como este para ponernos al día o adentrarnos tímidamente. Javier Ordóñez, autor de otras obras de divulgación como Ideas e inventos de un milenio, junto a Natalia Pérez-Galdós consiguen de una manera amena que nos interesemos por un tema que normalmente pasa bastante desapercibido. De enorme interés y dirigido a todos los públicos, hará que veamos esta ciencia de una manera menos árida.

Como os decía, me ha llamado muchísimo la atención, ya que la ciencia en general es algo que tengo bastante olvidado. Hace siglos que fui al instituto y lo cierto es que no leo libros de divulgación con regularidad. Me gusta este tipo de libros de divulgación, que sean amenos, con cuadros e ilustraciones, y podéis reíros todo lo que queráis. Estoy decidida a darle un vistazo, y por lo pronto, ya se me ha ocurrido un par de personitas a las que podría gustarles como regalo…

Más información | Ficha en Lunwerg
En Papel en Blanco | ‘El miedo a la ciencia’ de Robin Dunbar

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<![CDATA[¿Realmente estamos viviendo una americanización de la cultura? (I)]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/realmente-estamos-viviendo-una-americanizacion-de-la-cultura-i http://www.papelenblanco.com/metacritica/realmente-estamos-viviendo-una-americanizacion-de-la-cultura-i Thu, 01 Sep 2011 08:47:36 +0000 seleccionado por maritrueca 2435564658_538f7941f3.jpgQue si “okey”. Que si “cool”. Que si WTF (popular acrónimo que significa ¡qué diablos!, What The Fuck). Que si LOL, docudrama, spoiler, slapstick, screwball, HD, ON… términos y más términos que se cuelan en nuestra sacrosanta lengua española y que amenazan con emponzoñar nuestra pureza cultural. Estoy convencido de que muchos de vosotros ignoráis el significado de algunos de estos términos anglosajones, y que incluso les tenéis manía.

Pero ¿hasta qué punto esos términos son una amenaza o una forma nueva de enriquecimiento? ¿Realmente sufrimos una invasiones yanqui o es sólo un tópico? ¿Una novela se devalúa cuando emplea esta clase de términos aunque no exista equivalente en nuestro idioma (como spoiler o cliffhanger)?

Resumiendo mi postura, podría decirse que cometemos el error de considerar que los americanos nos colonizan culturalmente de igual forma que consideramos que, por su culpa, ahora hemos empezamos a celebrar Halloween: en realidad Halloween es una tradición europea que colonizó a los estadounidenses (los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición a América del Norte durante la Gran hambruna irlandesa de 1840), y que, ahora, se nos devuelve. En decir, la cultura va y viene, se mezcla y entremezcla, y buscar purezas en un mundo cada vez mejor comunicado no sólo en una entelequia sino un grave error.

Por ejemplo, estamos obsesionados por la invasión americana pero ignoramos que gran parte de la cultura americana, a su vez, es de influencia asiática: hoy en día casi todas películas de acción, por ejemplo, se ruedan al estilo Honk Kong. Toda la estética “rave” norteamericana es una imitación del estilo japonés. Ya no digamos los actuales videojuegos y cómics. Si vais a una discoteca estadounidense y observáis que muchas chicas visten falda plisada… sí, es por la pornografía japonesa.

Evitar la convergencia cultural, como he señalado, es una entelequia, y además es tremendamente nocivo para la población. La razón es sencilla: para evitar las demás culturas hay que aislarse del mundo hasta niveles que rozan la desinformación y la incultura. Por ejemplo, la pobreza, desnutrición y la corta esperanza de vida de Bután, en gran parte, se debe a su tenaz campaña de aislamiento que, entre otras cosas, restringe la entrada de extranjeros.

Pero centrémonos en el lenguaje, que es lo que nos atañe. Puede que cada año desaparezcan para siempre unos 30 idiomas. Pero ¿es sensato tratar esta extinción como si fueran especies animales que debemos conservar a toda costa? La única forma de mantener vivo un idioma es concentrando a un número elevado de hablantes monolingües en una zona geográfica. Pero el valor de un idioma también se mide por el número de personas con las que uno puede comunicarse usándolo. Tal y como señala Joseph Heath:

En otras palabras, hablarlo genera una economía de red para los demás usuarios de dicho idioma (del mismo modo que comprar un aparato de fax genera una economía de red beneficiosa para todos los demás propietarios). Determinados idiomas, como el inglés, llegan a un “punto álgido” en que los hablan tantas personas que merece la pena pagar por aprenderlos. En este caso, se convierten en hiperlenguas. Los demás idiomas se quedan atrás, y tendrá que producirse un fenómeno insólito para que sigan usándose. Por tanto, aunque puede entristecernos la inminente desaparición del kristang, el itik o el lehalurup, debemos reconocer que para conservarlos sería necesaria una comunidad de hablantes monolingües (o al menos nativos). No basta con imponer cualquier de ellos como segundo idioma, porque siempre tendrán que enfrentarse a la hiperlengua. Sin embargo, renunciar a un dominio fluido de una hiperlengua a cambio de hablar uno de estos idiomas minoritarios puede reducir seriamente las posibilidades de un individuo. Quizá no suponga un problema mientras haya suficientes personas dispuestas a hacerlo, pero no podemos culpar a los que no muestren el menor interés.

La diversidad cultural es imprescindible, pero la diversidad surge precisamente de la mezcla de culturas, aunque esa mezcla tienda a una suerte de masa homogénea latente. Recibimos inputs americanos, pero también japoneses o indios. Y, a su vez, ellos reciben inputs nuestros. Esto produce puntos de convergencia y similitud, pero también una trasfondo continuamente cambiante, nada endogámico, nada pureta, nada xenófobo.

Tal vez algunos prejuicios se derribarían si tratáramos la cultura como lo que realmente es: no un estandarte político o nacional (provinciano), sino un conjunto de ideas retroalimentadas por otros que, colectivamente, produce ideas mejores, más ricas y más evolucionadas. Por eso, hagamos lo que hagamos, seamos quienes seamos, todos compartimos rasgos culturales, sociales y políticos con sociedades distribuidas por todo el planeta, tal y como os explicaré en la siguiente entrega de este artículo (sí, esto es un cliffhanger).

Vía | Rebelarse vende de Joseph Heath | El optimista racional de Matt Ridley

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<![CDATA[Carlos Fuentes recibe el Premio Formentor y reaviva polémica acerca del canon literario]]> http://www.papelenblanco.com/escritores/carlos-fuentes-recibe-el-premio-formentor-y-reaviva-polemica-acerca-del-canon-literario http://www.papelenblanco.com/escritores/carlos-fuentes-recibe-el-premio-formentor-y-reaviva-polemica-acerca-del-canon-literario Mon, 29 Aug 2011 01:15:30 +0000 seleccionado por maritrueca Carlos Fuentes Premio FormentorSiguiendo la onda de la última etrada de Sarah acerca de la medalla Goethe recibida por John Le Carré quisiera comentar la noticia acerca de la entrega del Premio Formentor al escritor mexicano Carlos Fuentes en reconocimiento a su obra literaria e intelectual. La oportunidad es importante por varias cosas, la primera de ellas tiene que ver con el premio mismo que se reactiva después de varios años, ratificándose como una referencia histórica en cuanto a los premios literarios en lengua hispana.

En segundo lugar está el galardonado, uno de los princpales exponentes de la llamada generación del boom latinoamericano con obras tan importantes como Aura, Terra Nostra, La muerte Artemio Cruz, Gringo viejo y La región más transparente, por mencionar algunas. A Carlos Fuentes se le ha entregado el Premio Formentor en ocasión de cumplirse 50 años de la primera convocatoria y en reconocimiento a su obra “extensa, magnífica y sinfónica”.

Casi paralelamente a la entrega del premio, Fuentes publicó en El País un artículo titulado Estirpe de novelista, en el que elabora una suerte de canon literario latinoamericano. Se trata evidentemente de una introducción a un libro (¿antologìa? ¿historia?) en la que se pasea por la geografía del continente a través de una reseña cronológica que parte de la tradición literaria europea y que conecta en el siglo XV con el imaginario mítico latinoamericano en una oposición sincrética entre épica y mítica:

Europa necesitaba un mundo nuevo que colmara sus ansias de fantasía. Pero si la narrativa de las Américas se inicia con la imaginación mítica, Bernal Díaz del Castillo pronto la ubica en la conquista épica.

Dos narrativas que se encuentran, dos construcciones del mundo, dos representaciones que se entrelazan y que hasta la actualidad nos sigue hablando de dos corrientes que se relacionan especularmente preguntándose recíprocamente acerca de su esencia originaria y de su futuro.

La idea de América coincide con la Utopía de Tomás Moro, que Vasco de Quiroga quería recrear en Michoacán. Coincide con El príncipe de Maquiavelo, que parecería el abecedario de los conquistadores: no digas, haz. La descendencia literaria de Maquiavelo se encuentra en el Tirano Banderas de Valle-Inclán, los Archivos de Gallegos, el Pedro Páramo de Rulfo, el patriarca de García Márquez y, en su versión moribunda y final, en el Trujillo de Vargas Llosa. Genio y figura hasta la sepultura.

Erasmo de Rotterdam será para Fuentes la tercera de las principales influencias en el origen de la literatura del continente. El utopismo, entonces, tratando de impregnar la tierra prometida, la tierra de lo posible, la de la potencialidad y la sorpresa, la de lo incógnito: la otredad. Más allá del utopismo y su influencia, el autor continúa su revisión histórica recorriendo las obras fundacionales de las independencias y la fundación de las naciones modernas, atravesando el realismo y el regionalismo: el siglo XIX y el XX.

La cronología viene acompañada, por supuesto, de una enumeración de nombres que construyen una tradición, un canon que para el autor mexicano refleja la literatura de todo un continente. Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento, Fernández de Lizardi, Joaquín Machado de Assis, Rómulo Gallegos, Juan Rulfo y Agustín Yáñez para luego saltar a Jorge Luis Borges, inobjetable representante de la literatura latinoamericana del siglo XX y seguir veloz con Onetti, Cortázar y Bioy Casares.

Hasta allí todo más o menos bien, pero a partir de este punto la lista comenzó a “tener dolientes” porque cuando se trató de rescatar a los principales escritores y escritoras del siglo XX y XXI en América Latina, las omisiones se hicieron más evidentes. Me atengo al párrafo que más resquemores ha generado en las redes y es el que atañe a Chile, Argentina y Perú:

La literatura más variada y fervorosa de la América española es la argentina. La más sui géneris (como el país mismo) es la chilena. País de poetas (Neruda, Huidobro, Mistral, Parra), la narrativa moderna arranca con José Donoso y Jorge Edwards y prosigue hoy con Isabel Allende, Arturo Fontaine, Antonio Skármeta, Sergio Missana, en tanto que en Perú, después de la gran obra de Mario Vargas Llosa, que va de La ciudad y los perros a El sueño del celta, se refundan los derechos no sólo de la imaginación, sino de la expansión, simultaneidad y precipicios de la lengua. Santiago Roncagliolo es un ejemplo.

¿El gran ausente? Nada más y nada menos que Roberto Bolaño a quien bien me imagino sonriendo al momento de acercar un cigarrillo a sus labios. Lo preocupante es que Fuentes confiesa no haber leido a Bolaño y lo ha descartado no por su obra sino por el fenómeno, según él fúnebre, que rodea su figura. Colombia es definida como ardua por el escritor y destaca, luego de García Márquez, por supuesto, a Santiago Gamboa y a Juan Gabriel Vásquez. De México, su pais, destaca a Salvador Elizondo y nombra a Villoro, Enrigue, Solares, Celorio, Lara Zavala y, de pasada, menciona a “La literatura escrita por mujeres (que no literatura femenina)”.

Regresa al Caribe que define como la “cuna” de la literatura latinoamericana y luego de mencionar a Faulkner, Dereck Walcott y Jean Rhys, entre otros, se concentra en dos portentos ineludibles: Lezama Lima y Alejo Carpentier para finalmente aterrizar en Brasil y mencionar a Nélida Piñón, Jorge Amado, Clarice Lispector y João Guimãraes Rosa, Aleijadinho, Machado de Assis, y Juan Goytisolo. “No nos entenderíamos sin Brasil y Brasil no se entendería sin nosotros”, dice Fuentes en el cierre de su canon literario latinoamericano.

Vuelta al principio: dos razones motivaron esta entrada: la primera, el reconocimiento a uno de los máximos representantes de la literatura de América Latina con un galardón que recibieran en el pasado escritores de la talla de Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Juan García Hortelano, Jorge Semprún, Saul Bellow y Witold Gombrovicz. Regia refundación para un premio de larga data y de gran significación. La segunda razón de este escrito es la de la publicación de lo que parece su canon literario: canon en el que se inscribe y dentro del cual hace una marca, funda una tradición pero del cual ignora voces que ya se encuentran más que instaladas en la historia literaria del continente.

Como dato curioso pero importante, tanto Fuentes como Bolaño (que es el escritor que más se extraña en la lista) fueron reconocidos con el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (este último, por cierto, es el único autor venezolano que incluye), como lo fueron también García Márquez, Vargas Llosa y Elena Poniatowska (a quien menciona sin nombrar).

Queda abierta la polémica y, de paso, la pregunta acerca de la validez del canon literario como sacrosanta palabra. A ello, otra entrada, pero antes, y como cierre (o apertura), una frase de Fuentes en otra entrevista:

La literatura es incómoda, no se adormece, es exigente y no fija nada; revela movimiento, lo sujeta a la verdad y nos obliga a dar muchas explicaciones al mundo. La literatura no trata de imponer la verdad, sino de cuestionar todas las verdades.

Más información | La transición de Carlos Fuentes
En Papel en Blanco | Adiós a los Premios Formentor, bienvenidas las conversaciones literarias, Carlos Fuentes

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<![CDATA['El optimista racional' de Matt Ridley: ¿tiene límites la capacidad de progreso de la especie humana?]]> http://www.papelenblanco.com/ensayo/el-optimista-racional-de-matt-ridley-tiene-limites-la-capacidad-de-progreso-de-la-especie-humana http://www.papelenblanco.com/ensayo/el-optimista-racional-de-matt-ridley-tiene-limites-la-capacidad-de-progreso-de-la-especie-humana Sat, 27 Aug 2011 14:40:08 +0000 seleccionado por maritrueca portada-optimista-racional_med.jpgCorre por ahí una idea bastante arraigada: que vivimos tiempos convulsos, que se pierden los valores a marchas forzadas, que somos cada vez más violentos y despiadados que el mundo, que somos más materialistas y consumistas, en definitiva, que el mundo es un lugar cada vez más ingrato. Sin embargo, en esta ocasión, el arraigo de la idea nada tiene que ver con su validez. Porque es una idea tremendamente equivocada.

Los tiempos en los que vivimos, con sus fluctuaciones naturales, son los menos convulsos que conoce la especie humana. Hay más valores que nunca (más cooperación y altruismo, más actos filantrópicos, mayor cohesión social, menos racismo y xenofobia, mayor conciencia ecológica, etc.). Hay menos violencia que antes (porcentualmente hablando, por supuesto: las tasas de homicidio en Europa de los últimos setecientos años no han dejado de descender a un ritmo cada vez más veloz). No somos más materialistas y consumistas que nuestros ancestros, ni siquiera lo somos menos que los aborígenes que viven aislados de la civilización (no es la sociedad quien nos vuelve consumista sino que la sociedad es un reflejo del consumismo conspicuo que se alberga en nuestros genes: consumimos para adquirir más estatus que el vecino y así obtener mejor pareja sexual).

La mayoría de los tópicos sobre el apocalipsis que se cierne sobre el planeta nacen, principalmente, del miedo al cambio, de la falta de perspectiva y la carencia de lecturas en antropología.

Es algo que demuestra brillantemente el autor de El optimista racional, el doctor por la Universidad de Oxford Matt Ridley, del que ya os hablé en Genoma y en Qué nos hace humanos. Así pues, el libro que tenemos entre manos es una lectura deliciosa y altamente enriquecedora: sus páginas atesoran tantos datos contrastados que, después de sopesarlos, continuar siendo tan pelmazo con el tema de que la humanidad se va al garete sería propio de fanáticos.

Sin embargo, no todo es tan de color de rosa como lo plantea Ridley. Si bien la humanidad está mejor ahora que antes en casi en todo, no todo el futuro se nos presenta igualmente halagüeño. Libros como el de Ridley y otros apuestan firmemente por una idea: que los seres humanos siempre acaban encontrando una salida a sus problemas colectivos, ya sea mediante descubrimientos fortuitos o por movimientos sociales poderosos. En más de una ocasión, por ejemplo, la humanidad ha estado a punto de desaparecer debido a la explosión demográfica y la escasez de alimentos. Pero siempre al límite, hemos hallado la solución: los fertilizantes que permitieron a principios del siglo XX que los campos fuesen más productivos; la invención del motor de combustión interna, que nos desligó de la dependencia de los caballos; los cruces de distintas variedades de trigo…

Pero este optimismo, si bien es racional, peca a veces de ser demasiado optimista, valga la redundancia. El ingenio y las tecnologías necesarias para muchos problemas que se nos avecinan todavía no existen, ni hay visos de que puedan existir en breve. Si bien sólo se está cultivando el 11 % de la superficie de la Tierra, por ejemplo, ello ya incluye la parte más cultivable: la mayor parte restante tiene un uso limitado, o ninguno en absoluto. Y los cultivos actuales ya están empezando a degradarse, como han concluido edafólogos expertos. Por ejemplo, en 1996, las reservas mundiales de cereales se habían reducido en un 50 % desde el máximo histórico que se alcanzó en 1987. Y os estoy hablando sólo de la comida.

Las reservas de agua llevan un camino aún peor. Así que los exencionalistas quizá están confiando demasiado en su buena suerte, arriesgándose demasiado a que algún nuevo invento nos saque del cuello de botella al que nos dirigimos.

Así pues, en el tema de la ecología, el optimismo quizá no sería una buena estrategia a seguir. Y, en todo caso, en ecología, como en medicina, es un error rechazar por alarmista una preocupación: un diagnóstico positivo falso es una inconveniencia, pero un diagnóstico negativo falso puede ser catastrófico. Si hay que apostar, quizá es más apropiado apostar por la cautela.

Si por el contrario confiamos en nuevas prótesis técnicas para paliar la escasez de recursos, entonces el problema se irá agravando, requiriendo nuevas prótesis más tecnológicamente avanzadas. ¿Hasta dónde podremos llegar? ¿La espiral es infinita? Probablemente no. Basta un pequeño paso en falso o alguna limitación del tipo que fuere para que todo se vaya al traste.

Con todo, no os perdáis la lectura de Ridley. Polarizará muchas de vuestras ideas más arraigadas.

Editorial Taurus
Colección Taurus Pensamiento
Páginas: 448
ISBN: 9788430608102

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Taurus

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<![CDATA[El cuaderno escocés: la antología de los problemas matemáticos más difíciles de resolver]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/el-cuaderno-escoces-la-antologia-de-los-problemas-matematicos-mas-dificiles-de-resolver http://www.papelenblanco.com/metacritica/el-cuaderno-escoces-la-antologia-de-los-problemas-matematicos-mas-dificiles-de-resolver Tue, 23 Aug 2011 14:03:37 +0000 seleccionado por maritrueca moleskine2-1.jpgA muchos de vosotros, los problemas matemáticos os producen sarpullidos. Son algo así como el sudoku del diario, pero en plan mala leche. Para invocar cefaleas o monstruos llenos de dientes con la forma de Pi. Así que el extraño cuaderno del que os hablaré hoy seguramente no será de vuestro agrado (os aviso que los problemas que aquí aparecen dejan en ridículo aquéllos de un tren sale de Sebastopol a 50 km. y otro de Albacete a 100 km., ¿cuánto tardarán en colisionar?). Pero el cuaderno escocés, que es su nombre, os resultará encantador por otros motivos. Al menos a mí me lo parece.

Y es que siempre he sido fetichista de los cuadernos. Por ejemplo, las moleskines, los míticos cuadernos de notas de tapas negras que escritores y pintores usaron casi como amuleto a principios del siglo XX. El cuaderno escocés, pues, sería el equivalente matemático de las moleskines.

Existen varias versiones que explican el nacimiento de este singular cuaderno. Una de ellas indica que fue fruto de las anotaciones de los problemas que surgían en las discusiones matemáticas de un café polaco lideradas por Stefan Banach. Hasta la adquisición de este cuaderno, aquellos matemáticos simplemente anotaban las cosas en el mármol de las mesas, que tarde o temprano quedaban borradas cuando el camarero las limpiaba con su paño húmedo. Otra versión dice que el dueño de aquel café, harto de ver sus mesas garabateadas por aquella caterva de matemáticos, se quejó a la esposa de Banach, que acabó por comprarle por dos zlotys y medio un cuaderno al marido y a sus amigos.

La cuestión es que al presentarse en el café con el cuaderno, empezó la tertulia de siempre y acabó anotando de su puño y letra el primer problema matemático que se debatió, que él mismo propuso. Era el 17 de julio de 1935. Y éste sólo sería el primero de los 197 problemas que finalmente compondrían este cuaderno de incalculable valor.

Pero bien, ya os advertí que el cuaderno escocés no es el “soma huxleyano” de nuestros tiempos sino un libro durísimo de leer, jalonado de problemas matemáticos de narices, capaces de trepanarnos el tálamo o algo así. ¿No me creéis? Os voy a escribir uno de ellos.

Es el problema número 59 y fue propuesto por el tertuliano Stanislaw Ruziewicz. Dice lo siguiente:

¿Se puede descomponer un cuadrado en un número finito de cuadrados más pequeños todos ellos diferentes?

¿No os parece lo suficientemente complejo? ¿Vuestro cerebro pide más? ¿Queréis uno que de verdad os haga hervir las neuronas? Ahí va. Se trata del problema 101. Lo propuso Stanislaw Ulam y dice lo siguiente (coged aire):

Un grupo U de permutaciones de la sucesión de enteros es llamado infinitamente transitivo si tiene la siguiente propiedad: si A y B son dos conjuntos de enteros, ambos infinitos así como sus complementarios con respecto a todos los enteros, entonces existe en el grupo U un elemento f (permutación) tal que f(A)=B. ¿Tiene que ser un grupo U infinitamente transitivo necesariamente idéntico al grupo S de todas las permutaciones?

La respuesta, por si tenéis interés, es negativa.

Así es este cuaderno. Un libro de conocimiento casi secreto, pero capaz de describir la realidad al milímetro. Algo así como un grimorio de magia laica, de verdad, palpable, de ver y tocar, que diría Santo Tomás. El cuaderno, poco a poco, fue adquiriendo una aureola mitológica a medida que se iba distribuyendo privadamente por universidades de aquí y de allá, hasta que una más cuidada edición, que incluía artículos de algunos protagonistas de la historia, estuvo comercialmente disponible tras el congreso dedicado en Texas (1979) a los problemas matemáticos del Cuaderno escocés.

Problemas tan complejos que todavía hoy siguen siendo irresolubles por los matemáticos contemporáneos. Si queréis echar un vistazo, aquí tenéis el PDF del cuaderno completo. Ni Harry Potter, oye.

Vía | Pasiones, piojos, dioses… y matemáticas, de Antonio J. Durán

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<![CDATA['Breve historia de un amor eterno', de Szilárd Rubin]]> http://www.papelenblanco.com/resenas/breve-historia-de-un-amor-eterno-de-szilard-rubin http://www.papelenblanco.com/resenas/breve-historia-de-un-amor-eterno-de-szilard-rubin Tue, 23 Aug 2011 16:16:06 +0000 seleccionado por maritrueca breve historia de un amor eterno

No sé si recordaréis mi lista de libros para leer este verano. Algunos de ellos ya están más que finiquitados, otros aún esperan para ser leídos y unos cuantos más se han colado por ahí, porque han caído en mis manos de improviso y quién soy yo para decirles que no… El libro del que os voy a hablar hoy, sin embargo, es de la lista oficial, de hecho, el que ostentaba el primer puesto, Breve historia de un amor eterno de Szilárd Rubin. No hay nada como una historia de amor trágica para amenizar un verano…

‘Breve historia de un amor eterno’ nos trae una historia de amor imposible, cruel y profundamente humano. En una Hungría devastada por la II Guerra Mundial, Attila y Orsolya, pertenecientes a clases sociales distintas se aman de una manera desmedida, brutal. Attila, joven pobre criado por su abuela que trabaja en el mercado, comienza una relación con Orsolya, hija de buena familia venida a menos tras la guerra. Y eso sólo será el comienzo de la destrucción de sus vidas.

Attila vivirá obsesionado por la diferencia de clases y Orsolya se erigirá como un muro, impenetrable. De la mano de Attila, veremos como pasa el tiempo, con referencias continuas al pasado, lo que nos llevará a descubrir la historia de este amor destructivo. Las humillaciones públicas y privadas, los malos tratos, el sexo por compasión serán tan sólo algunos de los capítulos que viviremos mientras asistimos al descenso al infierno personal de Attila. Una novela intensa, dura y sin concesiones al sentimentalismo.

Attila, narrador de la novela, nos llevará por un mar de autodestrucción y humillación, incapaz de sobrevivir a la realidad sin la mujer a la que ama. Sus inseguridades, sus bajezas, su manera de hacer daño para luego exigir perdón tendrá un magnífico contrapunto en Orsolya, de la que sólo conocemos lo que Attila nos cuenta y que queda de esta manera semioculta para el lector. Bellísima hija de una familia aristócrata, el amor tempestuoso de la juventud le llevará aceptar el terrible juego de Attila, en el que amor y crueldad se mezclan para ofrecernos una de las historias de amor más intensas de la literatura.

El artífice de todos estos sentimientos contradictorios es Szilárd Rubin, autor húngaro apenas conocido en nuestro país. Nacido en Budapest en 1927, durante muchos años se dedicaría a escribir novelas policiacas. Será en 1963 cuando publica ‘Breve historia de un amor eterno’, que fue censurada en su país por cuestiones políticas. Sin embargo, en 2004 fue redescubierta y supuso toda una revolución literaria en este país. Rubin moriría en 2010, a la venerable edad de ochenta y tres años, considerado como el autor de una de las más grandes obras literarias húngaras.

‘Breve historia de un amor eterno’ no es una novela fácil. Más bien al contrario. La intensidad de la relación entre Attila y Orsolya amenaza en muchas ocasiones con asfixiarte. Lo retorcido de sus manifestaciones de amor-desamor rayan en la locura, en lo incomprensible. Y aún así, la he disfrutado muchísimo. Escrita con soltura, hay momentos en los que es literalmente imposible despegarte de sus páginas. Y eso siempre es bueno, sea el libro que sea.

Es, sin lugar a dudas, una de las novelas más intensas que he leído este año, y he leído unas cuantas ya… Dolorosa e imparable, ‘Breve historia de un amor eterno’ tiene esa cualidad inherente a las grandes historias, que te acompañan mucho tiempo tras cerrar el libro. Y oye, tras leer tanto desamor y tanta intensidad, casi que es un alivio cerrar el libro y que el drama se quede dentro. Que las historias trágicas están muy bien y yo soy su primera fan, pero mejor lo dejamos para la literatura…

Pensé en el piso de la Tant Anna, en las almohadas que habían absorbido los olores de las habitaciones de Gerebenc y de Dunadombó, que hoy había ahuecado para Orsolya la enjuta y castrense tía. ¿Con qué estará soñando sobre ellas? ¿Qué rostros y casas se le aparecerán?

De repente me pasó algo. En concreto me ocurrió de nuevo lo que me amenazaba desde mi primera infancia, con la diferencia de que esta noche resultó del todo inesperado. Sin que me hubiera llevado un disgusto se produjo en mi interior un vacío helado, empecé a tiritar y con el temor de los huérfanos fijé la mirada en la nada. En un abrir y cerrar de ojos se escapó de mí todo mi mundo, y me quedé sin vínculos ni valores. En vano repetí: «Orsolya me ama.» Sonó como el dogma de un papagayo.

Backlist
216 páginas
Traducción: Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño
ISBN: 978-84-08-10244-1
18 euros

Más información | Ficha en Backlist

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<![CDATA[‘Por qué creemos en cosas raras’ de Michael Shermer]]> http://www.papelenblanco.com/divulgacion/por-que-creemos-en-cosas-raras-de-michael-shermer http://www.papelenblanco.com/divulgacion/por-que-creemos-en-cosas-raras-de-michael-shermer Mon, 22 Aug 2011 15:24:47 +0000 seleccionado por maritrueca cosas-raras-shermer1.jpgCon la visita del Papa a España todavía reciente, la lectura de este libro, Por qué creemos en cosas raras, se vuelve más pertinente que nunca. Sobre todo porque el autor, Michael Shermer, no se limita a hacer un recorrido sobre las creencias humanas y sus posibles raíces psicológicas, sociológicas y antropológicas, sino, ante todo, porque Shermer dedica un capítulo completo a explicar por qué hay personas tan inteligentes que creen en cosas tan estúpidas.

No son difíciles de localizar. En España, incluso, hay canales de televisión monopolizados por esa clase de personas. Son individuos generalmente universitarios, de una profunda cultura (aunque a menudo sea humanística y no científica), de gran oratoria, de buena cuna… en fin, personas que podrían ser algo así como paradigmas de la razón y el pensamiento. Y, sin embargo, ponen en evidencia unas lagunas tan profundas en su creencias que recuerdan a los pobres e ignorantes de las islas del Pacífico sur que fueron víctimas de los cultos Cargo.

La secta de culto de los extraterrestres Puerta del Cielo, que protagonizó un suicidio en masa el 27 de marzo de 1997, también estaba compuesta por algunas cabezas muy inteligentes y cultas. Pero, de nuevo, creían en cosas estúpidas y nocivas. Hasta el punto de que entregaron su vida por ello.

Así pues, libros como el que presenta Shermer no sólo son pertinentes, sino necesarios para eliminar de una vez la brecha que separa a la gente culta con creencias racionales y la gente culta con creencias irracionales. Por qué creemos en cosas raras es un análisis científico de la psicología que hay detrás de los sistemas de creencias, considerando en particular cómo es posible que la gente se contagie tan fácilmente de las ideas estúpidas de los demás, aunque no haya pruebas, aunque se violen las leyes naturales, aunque se pisoteen las más elementales reglas de la epistemología.

Sin embargo, el combate es difícil, porque como el mismo Shermer arguye, la gente lista cree en cosas raras porque está entrenada en defender creencias a las que ha llegado por razones poco inteligentes.

Michael Shermer es algo así como un mediático del escepticismo. Fue el fundador de la Skeptic Society y de la revista Skeptic. También ha producido series de documentales sobre escepticismo, con gran éxito de audiencia en los EEUU, y como no, ha publicado varios libros sobre temática escéptica. Así que si queréis tener un primer contacto con el escepticismo, así como un aviso sobre el peligro que entraña el creer en cosas raras, no os perdáis la lectura de este Por qué creemos en cosas raras.

Editorial Alba
519 páginas

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Alba

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<![CDATA[‘Cuestión de sexos’ de Cordelia Fine: ni las mujeres son de Venus ni los hombres de Marte]]> http://www.papelenblanco.com/divulgacion/cuestion-de-sexos-de-cordelia-fine-ni-las-mujeres-son-de-venus-ni-los-hombres-de-marte http://www.papelenblanco.com/divulgacion/cuestion-de-sexos-de-cordelia-fine-ni-las-mujeres-son-de-venus-ni-los-hombres-de-marte Sun, 21 Aug 2011 11:41:39 +0000 seleccionado por maritrueca 9788499183152.jpgMe gusta la autora de Cuestión de sexos. Sí, creo que me gusta en todos los sentidos: cómo escribe, cómo razona, cómo piensa, cómo bromea… incluso su voz ligeramente temblorosa y su pose a lo Jodie Foster en la película Contact. Me gusta como me gusta Natalie Angier o Bill Bryson.

Pero sobre todo me gusta porque su libro, Cuestión de sexos, habla acerca de la discriminación de la mujer. Bien, seamos justos: los libros sobre la discriminación de la mujer no suelen atraerme: la mayoría focalizan sus esfuerzos en lugares comunes muy poco fructíferos (en el mejor de los casos) o en cuestiones sensacionalistas y mal interpretadas (en el peor), como por ejemplo la cifra anual de mujeres muertas a manos de sus cónyuges (podéis profundizar en este tema tabú en el análisis que llevé a cabo en El miedo infundado al terrorismo, los accidentes de tráfico, la violencia de género y otros hechos matemáticamente improbables).

Pero Fine es diferente. Fine, incluso, dedica buena parte de su libro a poner en evidencia a Louanne Brizedine, autora de El cerebro femenino, por presentar torticeramente la investigación neurocientífica sobre la mujer (Brizedinne no sólo me cae mal y se disfraza de mujer intelectualoide, modernilla y gafapasta, sino que miente flagrantemente en sus libros, tal y como ha sido demostrado en revisiones de su bibliografía). Es decir, Fine no sacraliza a las mujeres ni tampoco a las feministas, por muy científicas que sean. Fine ataca a todos.

Porque Fine no persigue adherirse al colectivo femenino (“somos las mejores, chicas, a por ellos”), ni tampoco odia a los hombres, ni mucho menos aspira a convertirse en adalid de una rebelión sexual. Fine sencillamente quiere que hombres y mujeres sean equivalentes a nivel social. Y para ello no duda en tocar lo intocable.

Por ejemplo, la idea arraigada de que hombres y mujeres somos radicalmente distintos, sobre todo a rebufo de las investigaciones recientes en neurociencias: que las mujeres tienen un sexto sentido, más empatía, más vocabulario y demás. Y que los hombres son más tochos, más autistas, más violentos, más habilidosos con las matemáticas y demás. Esa separación, esa especialización, esa idea de que la mujer es tierna y el hombre es primitivo, no sólo carece de pruebas experimentales sino que resulta tremendamente negativa para la igualdad social de la mujer.

Fine presenta quintales de experimentos realizados a lo largo del mundo sobre cómo hombres y mujeres acaban respondiendo esencialmente igual a diferentes pruebas si éstas se presentan sin la idea subyacente de que unos resultados son más propios de un sexo y otros, de otro. Podéis leer algunas partes de este material en mis artículos ¿De verdad que existe el sexto sentido femenino? o ¿De verdad que las mujeres son más incompetentes en matemáticas que los hombres?

Fine, además, destila una prosa envidiable, jalonada de ironía, juegos de palabras y, sobre todo, coherencia. Fine sabe lo que dice, y está documentada hasta límites mareantes. Además, Fine es una mujer valiente, siguiendo la línea de pensamiento del ilusionista James Randi, que le encanta satirizar a las autoridades con título universitario: dice que, una vez que has obtenido el título, hay dos cosas que te resultan casi imposibles de decir: “No sé” y “Estaba equivocado”. Fine demuestra que muchos biólogos evolucionistas estaban equivocados, como Baron-Cohen, y que su equivocación no hace más que perpetuar la diferencia entre hombres y mujeres.

En definitiva, Cuestión de sexos es un libro imprescindible para los que de verdad os preocupe la discriminación sexual y busquéis soluciones reales y efectivas (y no la chorrada de decir vosotr@s, queridos y queridas o taxista y taxisto; como ya os expliqué en mi artículo La rueda del eufemismo).

Por si os queréis enamorar definitivamente de Cordelia Fine, os dejo a continuación su conferencia en La Ciudad de las Ideas 2009:

Roca Editorial
Colección Divulgación
ISBN: 978-84-9918-241-4
400 páginas

Sitio Oficial | Ficha en RocaEditorial

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<![CDATA[Ignacio Padilla gana el Premio La otra orilla 2011]]> http://www.papelenblanco.com/escritores/ignacio-padilla-gana-el-premio-la-otra-orilla-2011 http://www.papelenblanco.com/escritores/ignacio-padilla-gana-el-premio-la-otra-orilla-2011 Sat, 20 Aug 2011 15:28:10 +0000 seleccionado por maritrueca Ignacio Padilla premio La otra orilla 2011

El nombre de Ignacio Padilla ha venido repitiéndose cada vez con más frecuencia en Papel en Blanco como respuesta a los distintos premios literarios que ha ganado en los últimos tiempos. Hoy la noticia es que ha ganado el reconocido premio literario La Otra Orilla que otorga la Editorial Norma y la Asociación para la promoción de las artes (Proartes) de Colombia desde el año 2005 y que premia a una novela inédita de algún autor hispanoamericano, la cual posteriormente será publicada en la editorial del mismo nombre.

El escritor mexicano ganó esta convocatoria con la novela El daño no es de ayer que sobresalió por encima de 468 novelas y de la cual el jurado compuesto por Juan Gossaín, Horacio Vázquez-Rial y Pere Sureda destacó una “trama misteriosa, descabellada y fantasmal” que ratifica a Padilla como un “autor que llegó para quedarse”.

Lo cierto es que este periodista y escritor nacido en Ciudad de México en 1968 es desde hace años un referente fundamental de la literatura de este país latinoamericano ya que en el año 1994, antes de cumplir los 30 años, recibió tres de los premios de la convocatoria del Premio de Bellas Artes de México en las menciones de Cuento Infantil Juan de la Cabada, el premio Juan Rulfo para primera Novela y el premio de Ensayo Literario Malcolm Lowry.

Desde entonces y luego de integrar junto con Jorge Volpi y Pedro Ángel Palau, entre otros, la famosa generación crack de literatura mexicana, Padilla ha ganado varios premios y ha sido finalista de otros tantos en narrativa y ensayo, siendo un referente ineludible de la literatura de habla hispana. ‘El daño no es de ayer’ será publicado en Octubre y el premio, que consiste en 100.000 dólares más la edición, será entregado en noviembre en el marco del XV Festival Internacional de Arte de Cali.

Vía | Revista Ñ
En Papel en Blanco | Ignacio Padilla gana el Premio Iberoamericano de Ensayo y Debate-Casa de América 2010 Ariel Magnus gana el premio La otra orilla,

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<![CDATA[¿Cuál es la mejor novela de la historia?]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/cual-es-la-mejor-novela-de-la-historia http://www.papelenblanco.com/metacritica/cual-es-la-mejor-novela-de-la-historia Wed, 10 Aug 2011 10:20:34 +0000 seleccionado por maritrueca 1140535523_0.jpgAtención, señoras y señores, prepárense para averiguar cuál es la mejor novela de todos los tiempos, la novela que uno debería leer si se considerara un buen lector, la novela que es la suma de todas las novelas, la novela que te impelerá a dar un salto cuántico en la literatura, la novela con marchamo, glamour y profundidad por antonomasia.

El nombre de la novela es …

En los puntos suspensivos podéis poner la obra que vosotros consideréis oportuna. ¿Tal vez la que recibió el premio Booker? ¿La del premio Pulitzer? ¿El Goncourt? ¿El Nobel (aunque esté dirigido más bien a la trayectoria del autor y no tanto a un libro concreto?). ¿El premio de algún ayuntamiento perdido?

Pero ¿los premios son una forma eficaz de escoger un buen libro, algo así como un atajo? No es mi caso: creo que nunca he leído una novela premiada con algún galardón con solera que me haya gustado lo suficiente. En diciembre de 2009, el periódico The Guardian publicó una encuesta realizada a 892 blogueros acerca del que creían que era el peor libro publicado en los últimos diez años. El resultado fue muy significativo: los encuestados escogieron como peores libros a “los ganadores más valorados de los premios Booker”. (Recordaros que el premio Booker se estableció para identificar y premiar a la “mejor novela del año”, y en la actualidad está considerado como el premio literario más importante de este tipo en Inglaterra).

¿Cómo es posible que exista una brecha tan amplia entre crítica y público (o crítica bloguera)? Una posible explicación reside en la reputación. Un crítico literario no solo debe responder ante sus propios gustos o análisis eruditos sino ante la mirada de otros críticos. Una línea crítica demasiado excéntrica podría condenar al ostracismo al crítico: quizá perdiendo su empleo, quizá trabajando para revistas minoritarias donde pagan menos, quizá mostrándose “inferior” a sus colegas.

No estoy sugiriendo que todos los críticos sean deshonestos con su trabajo, sino que existe una presión (más o menos leve) sobre la opinión que se forman, incluso a nivel inconsciente.

Tal y como señala el experto en literatura John Shuterland:

Una de las maneras en que los académicos, críticos y expertos miden su estatura es viendo con qué frecuencia sus colegas citan sus trabajos. Las puntuaciones se registran con exactitud en el inmenso Arts and Humanities Citation Index (AHCI). Se trata de un asombroso banco de datos. Por ejemplo, la aparición de los teóricos franceses de principios de la década de 1980 está registrada con todo detalle, con Michael Foucault y Roland Barthes a la cabeza de las autoridades citadas en todas las artes y campos de las humanidades, con cientos de éxitos cada uno. (…) La modestia debería prohibírmelo, pero no lo hará: John Shuterland tiene una respetable puntuación de 218.

Según cómo lo veamos, tener una puntuación alta te condena (o de hecho ya te ha condenado) a producir críticas que sigan los cauces del establishment crítico. A mayor puntuación, mayor es el corsé (o el palo en el culo), y también es mayor el miedo a perder la puntuación (algo así como la versión literaria de los puntos del carnet de conducir).

Obviamente, los críticos en la sombra (los que valoramos originales que se presentan a premios literarios o a editoriales) no estamos sometidos a esa suerte de presión sostenida que puede poner en entredicho nuestra reputación (o al menos no hay tanta presión). Incluso mis lucubraciones en Papel en Blanco generalmente tienden a la subversión o a la sencilla boutade (siempre persiguiendo la reflexión, por supuesto), porque en el medio digital no hay tanta jerarquización crítica: aquí todos valemos más o menos lo mismo. Que no es demasiado. Mi puntuación debe rondar entre 1 y -1, como si dijéramos.

¿El desembarco de la crítica literaria online acabará con esta separación entre crítica y público? El tiempo lo dirá. Pero apostaría a que sí.

Vía | 50 cosas que hay que saber sobre literatura de John Sutherland

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