Favoritos de los expertos de miriams200 en Papelenblanco http://www.papelenblanco.com/usuario/ seleccionado por los expertos de miriams200 http://www.papelenblanco.com <![CDATA[¿Se puede decir que 'Hamlet' es una porquería sin parecer un ignorante?]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/se-puede-decir-que-hamlet-es-una-porqueria-sin-parecer-un-ignorante http://www.papelenblanco.com/metacritica/se-puede-decir-que-hamlet-es-una-porqueria-sin-parecer-un-ignorante Sun, 01 Aug 2010 12:27:33 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 ¿Qué es un libro bueno? ¿Puedo denostar una obra de Shakespeare o de cualquier otro autor intocable sin parecer un necio o sólo puedo determinar que no me gusta pero, todo y así, reconocerle unas cualidades inherentes?

Antes de sumergirnos en tan peliagudas cuestiones, debo advertir que para hablar de cualquier tema siempre es condición sine qua non reírse de lo intocable, ridiculizándolo, reubicándolo en el justo lugar donde deben estar todas, absolutamente todas las cosas: a ras de suelo, lejos de altares, de genuflexiones versallescas, de protocolos, de persignaciones, de viriles antibalas con alarma de seguridad y de etiquetas con los precios hinchados por la especulación, el charm de pacotilla, la inercia y la moda.

Dicho lo cual, empecemos.

En primer lugar, asombra que muchos de los llamados expertos en Literatura ignoren (y hasta desdeñen) disciplinas fundamentales para el conocimiento íntimo del arte, como pueden ser la neurobiología, la psicología evolutiva o la genética. Los expertos de este tipo, cerrados en su conocimiento, me hacen el efecto de mecánicos que sólo conocen los colores con los que se pueden pintar la carrocería de un coche pero que jamás han levantado el capó para examinar el motor.

Todavía no entiendo por qué en las facultades de letras no se imparten al menos nociones sobre estas disciplinas y, de una vez, se aclara un poco la niebla conceptual que convierte la exégesis literaria en hermética y dogmática.

Así pues, ante la pregunta de si existe algún baremo fiable para catalogar cualitativamente las obras literarias, la respuesta por necesidad deberá ser multidisciplinar. Y en base a ella, hoy en día sabemos cuatro cosas y poco más sobre el asunto: el resto de discusiones bizantinas son estériles, un pasatiempo como otro cualquiera, donde cualquier postura se puede defender o atacar si se dispone del armamento retórico necesario. Estas cuatro cosas que sabemos son las siguientes:

Biológicamente SÍ existe codificado en nuestro cerebro qué es bonito, feo, armónico, etcétera. Da igual dónde hayamos nacido o quién nos haya educado, todo ello viene de serie al nacer. Lo que sucede es que la cultura en la que esté inmerso el cerebro puede matizar (aunque no tanto como se cree popularmente) algunos de estos conceptos predefinidos o hasta tergiversarlos en base a estos intereses:

1) El ser humano precisa de la construcción de filtros artificiales para asimilar mejor la información, así que suele depositar su confianza informativa en individuos que se designan como autoridades en la materia (aunque luego resulte que no lo son o que sea imposible ser docto en cuestiones subjetivas).

2) La gente está interesada en sobresalir frente a los demás, mostrando posesiones, fuerza, conocimientos… así que inconscientemente a la gente le gusta que exista una división entre obras buenas y malas para poder decir que ha leído las buenas y, por tanto, demostrar que es superior intelectualmente y más interesante en general del que dice haber leído las obras malas.

3) Las elites y los creadores de opinión tratan de desprenderse del vulgo cuando el vulgo abraza los preceptos que ellos defienden a fin de no ser confundidos con ellos. De modo que en su necesidad por descollarse del vulgo, la elite será capaz de adscribirse a obras manifiestamente excéntricas. Pero cuando la mayoría abrace lo excéntrico, entonces volverán a lo clásico. Hay largas listas de críticas feroces a obras que hoy se consideran maestras y viceversa.

¿Significa eso que los críticos no tienen ningún consenso? En parte no lo tienen, y en parte deben flexibilizarlo para mantenerse ajenos al vulgo. Un ejemplo paradigmático de este movimiento pendular es la noción duchampiana de que el arte se encuentra en todo tipo de objetos y situaciones: Duchamp vio en un urinario de caballeros una Fuente de agua pura, y cierto sector de la elite aplaudió. Ahora, en el Ego Gallery de Barcelona, Victoria Campillo ve en los calzoncillos de Calvin Klein de rayas a Jonhatan Lasker o a Daniel Buren.

¿Quiere decir todo esto que uno puede lanzar el temerario juicio de resulta más interesante Harry Potter que Cien años de soledad? Pues sí, según lo que el lector esté buscando en la lectura y considere interesante en una obra. Por ejemplo, si nos basamos en qué obras aportan más conocimientos e instrucción intelectual, pues entonces todos deberíamos lanzarnos de cabeza a las enciclopedias.

Y ¿los que consideran más interesante Cien años de soledad que Harry Potter son personas más instruidas? Según lo antedicho, no. Sólo se acostumbra a que sea así porque uno quiere encajar y sobresalir en los grupos sociales en los que compite. Por ello, incluso, aunque al principio la música máquina no suele ser agradable para el oído, a medida que uno se introduce en un nicho social donde la música máquina es un valor añadido, el oído amolda su sensibilidad al tunda tunda, y sí, aunque sea insólito, a uno le acaba gustando genuinamente la música máquina. Como sucede con Hamlet.

Otra cuestión muy distinta es admitir que sea necesario o no, desde este punto de vista artificioso, el crear listas de libros buenos y malos. Porque es necesario. Esta dicotomía es socialmente imprescindible: todos los intentos de crear, por ejemplo, vestidos igualitarios y baratos han fracasado, porque el ser humano precisa de elementos diferenciadores que demuestren su grado social e intelectual.

Pero, como en todo, lo importante es conocer las reglas del juego para jugar sin radicalizar posturas, como tampoco radicalizamos posturas a la hora de dictaminar si son mejores las fichas blancas o las negras. Limitémonos a mover ficha y a jugar y no nos creamos demasiado el tono grandilocuente de nuestros juicios.

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<![CDATA[Invéntate tu propia palabra]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/inventate-tu-propia-palabra http://www.papelenblanco.com/metacritica/inventate-tu-propia-palabra Sun, 30 May 2010 12:18:34 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 Lo que se ha venido a llamar “acuñación recreativa”, es decir, inventar palabras por diversión, puede ser muy entretenido, sobre todo si estas palabras nuevas rellenan lagunas léxicas.

Muchos abordan el asunto de incorporar nuevas palabras a nuestro vocabulario con un recelo acaso excesivo, propio de quienes arrastran un montón de tópicos por bagaje. En el otro extremo, están los que niegan la importancia de mantener unas reglas lexicográficas elementales, que suelen darle patadas al diccionario a la mínima ocasión, más por incultura o desidia que por verdadero convencimiento.

Es difícil, pues, posicionarse en un punto medio sin enzarzarse en diatribas ideológicas acerbas.

Es un fenómeno curioso, pero no nuevo. Los defensores de la primera posición, que suelen ser los más doctos aunque también los menos flexibles, tienen como referente el Diccionario de la Real Academia y consideran una enfermedad venérea la invasión de anglicismos que sufre nuestro idioma. Ellos sostienen: si ya existe una forma de decir algo ¿para qué cambiarlo?

Son sin duda es el tipo más peligroso, pues también es el tipo más respetado y hasta venerado por la elite intelectual. Pero estos señores catedráticos ignoran algo: que el idioma es un organismo vivo que se pliega y se debe plegar a las necesidades cotidianas. Originalmente, por ejemplo, tildar a alguien de “as” era un insulto muy grave, pues se le estaba asociando con un “asnejón”, un “burro”; pero hoy en día nadie se siente ofendido si se le cataloga como el “as del balón”.

Los defensores de la pureza de la lengua ya han aceptado este cambio en el significado de una palabra, pero siguen siendo remisos a asumir otros, y ya no digamos a aceptar nuevos vocabularios, sobre todo si éstos provienen del ámbito de la tecnología o constituyen préstamos de otros idiomas.

A mi modo de ver, pues, los garantes de la pureza del idioma incurren en este error: no hay nada más inútil que un idioma escasamente dinámico incapaz de rellenar lagunas léxicas. Se deben conocer las acepciones de las palabras, por supuesto, y también hay ser estrictos con su uso; pero nunca hay que perder de vista la realidad social en la están inmersas las palabras. ¿Por qué tardó tanto tiempo en aceptarse el verbo chatear? ¿Para cuando MMORPG o upload?

Pero no es el fin de este artículo criticar la estrechura de miras de muchos lingüistas sino animar a los hablantes y escritores a jugar con las palabras, sobre todo con las palabras que todavía no existen. Por ejemplo, las jitanjáforas. Las jitanjáforas son palabras que no figuran en ningún diccionario del mundo y que se emplean en poesía simplemente porque suenan bien: podemos inventar la que queramos, persiguiendo exclusivamente la eufonía.

Luego están las palabras que en círculos íntimos solemos usar a modo de jerga; una jerga que sólo nuestros allegados son capaces de entender. Yo uso mucho la palabra “pirulacho” para designar algo que es divertido, trapisondo o interesante. También he acuñado palabras para alguna de mis novelas, como en Jitanjáfora, donde se emplea con normalidad el verbo “temperar”, que viene a significar el cuidar más la calidad de los conocimientos que su cantidad, el abordar cualquier asunto con objetividad, el no tomarse en serio ni siquiera lo que uno mismo propugna. O incluso, aficionado como soy a bucear en diccionarios, empleo términos en desuso, como “escible”: algo que puede o debe ser sabido.

Temperar” también es esa clase de palabras que rellenan un vacío léxico. Ser inteligente no es exactamente temperar, ni tampoco lo es ser culto, ni rápido mentalmente, ni abierto de mente, ni nada parecido. “Temperar” es, sencillamente, una actividad para la cual no existía antes vocablo alguno.

En ese sentido, Douglas Adams (autor de la desopilante Guía del autoestopista galáctico) publicó el siguiente razonamiento en The Deeper Meaning of Liff: En la vida, hay muchos cientos de experiencias, sentimientos, situaciones y hasta objetos comunes que todos conocemos y sabemos distinguir, pero para los que no existe una palabra. Por otro lado, el mundo está atestado de miles de palabras de repuesto que pasan el tiempo ni hacer nada que no sea holgazanear en señales que indican determinados lugares.

Bajo esta premisa, Adams propuso definiciones a nombres de lugares a los que nadie necesita ir:

-Shoeburyness: la sensación vaga e incómoda que nos invade al sentarnos en una silla que conserva aún el calor del trasero de quien la había estado ocupando.

-Lamlash: las carpetas que suelen haber sobre la mesa de las habitaciones de los hoteles y que contienen informaciones sobre el mismo.

Y es que, además de entretenido, resulta muy útil jugar a la acuñación recreativa de palabras. Aquí propongo una que he vivido en mis propias carnes: en cualquier reunión, tras haber soltado alguna genialidad, la decisión de guardar silencio el resto de la noche para no empañar esa genialidad con alguna obtusidad o incorrección; o sea, retirarse en el momento justo.

Aquí una relación de palabras nuevas extraídas de la columna Style Invitational del Washington Post, el libro Word Figitives, de Barbara Wallraff, y El mundo de las palabras, de Steven Pinker:

-Elbonics: las acciones de dos personas que maniobran para ocupar el mismo posabrazos en la butaca del cine.

-Furbling: andar entre una maraña de cintas en el aeropuerto o el banco aunque no haya nadie más haciendo cola.

-Phonesia: marcar un número de teléfono y, en el preciso instante en que descuelgan, olvidarse de a quién se está llamando.

-Sarchasm: el abismo que media entre el escritor sarcástico y la persona que no se entera.

-Pandephonium o ringchronicity: confusión momentánea que un grupo de personas experimenta cuando suena un teléfono móvil y nadie está seguro de si es o no el suyo.

-Parentriloquism: decir algo a tu hijo para luego darte cuenta de que le dices lo mismo que tu padre o tu madre te decían a ti.

¿Se os ocurre alguna más? Steven Pinker propone algunos conceptos muy comunes para los que no existe le mot juste: una melodía que se nos va de la cabeza; un hecho que se puede aprender cientos de veces sin que se nos quede en la memoria; o el insomnio de las primeras horas de la mañana debido a que la vejiga está llena, pero uno está demasiado cansado para levantarse, ir al baño y dormirse de nuevo.

Sigamos inventando (a más palabras, mayor variedad y riqueza en nuestro catastro léxico). Y que se fastidien los puristas.

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<![CDATA[Diccionario Literario: anagnórisis]]> http://www.papelenblanco.com/diccionario-literario/diccionario-literario-anagnorisis http://www.papelenblanco.com/diccionario-literario/diccionario-literario-anagnorisis Wed, 24 Mar 2010 14:23:55 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 Tragediagriega

El término “anagnórisis” es un helenismo cuyo significado es “revelación”, “reconocimiento” o “descubrimiento”. Este concepto fue mencionado por primera vez por Aristóteles en su ‘Poética’. Describe el instante de revelación en que la ignorancia da paso al conocimiento.

También se llama agnición, “agnitio” en latín, al paso de la ignorancia al conocimiento que un personaje experimenta acerca de la identidad de alguno o varios de los demás o del personaje acerca de algún hecho. “Anagnórisis” significa lo mismo que agnitio: reconocimiento. Ambas son intercambiables, su uso depende de la tradición lingüística del usuario.

Desde la ‘Poética’ de Aristóteles el reconocimiento o anagnórisis ha sido caracterizado como uno de los puntos esenciales de la trama literaria, en particular en el teatro. Y es que, aunque la anagnórisis es un recurso frecuente en muchos géneros, Aristóteles la describió en relación con la tragedia clásica griega, con la que está asociada de modo especial.

Es el momento crucial de la obra en el que todo se le revela al protagonista, con efectos demoledores, pasando de las sombras y el desconocimiento a la luz. Se suele dar cuando el héroe descubre alguna verdad sobre sí mismo o de algunas acciones, descubrimiento que trastoca su actitud y la trama que cambia de dirección.

Este descubrimiento se suele dar tras una cadena más o menos compleja de vicisitudes, también cuando un personaje es reconocido por los otros, ya sea por medio de una declaración propia, ya sea por medio de un autorreconocimiento de su verdadera identidad.

La anagnórisis y la trama argumental están perfectamente interrelacionadas en la evolución hacia el desenlace de la obra, bien trágico, bien feliz.

Tipos de anagnórisis en la ‘Poética’ de Aristóteles

Según Aristóteles, hay varias clases de agnición, ordenadas de peor técnica a mejor:

  • ... la menos artística y la más usada por incompetencia, … la que se produce por señales.

La agnición o el reconocimiento mediante señales consiste en que un personaje logre identificar a otro debido a particularidades corporales o del atuendo de este último. De hecho, puede ser que lo reconozca por señales corporales “congénitas” o señales “adquiridas”, “y de estas unas impresas en el cuerpo, como las cicatrices, y otras fuera de él, como los collares”. Aristóteles pone como ejemplo que la nodriza de Ulises le reconociera cuando iba disfrazado de mendigo, por una señal, una cicatriz que tenía Ulises.

  • En segundo lugar vienen las agniciones “... fabricadas por el poeta”, serían aquellas en que algún personaje desvela lo que no se sabía explícitamente y de forma no muy verosímil ni necesaria.
  • La tercera se produce por el recuerdo, cuando uno, al ver algo, se da cuenta.
  • La cuarta es la que procede de un silogismo o pensamiento lógico, como en las Coéforos: ha llegado alguien parecido a mí; pero nadie es parecido a mí sino Orestes, luego ha llegado éste”. Al mismo nivel, en tanto agnición, se encuentran los paralogismos, razonamientos con forma silogística pero lógicamente errados.
  • La mejor agnición de todas es la que resulta de los hechos mismos, produciéndose la sorpresa por circunstancias verosímiles.

Aristoteles

Anagnórisis en los distintos géneros

Un ejemplo clásico de anagnórisis en la tragedia griega se halla en el ‘Edipo Rey’ de Sófocles cuando Edipo se entera de que la persona que había matado era su padre y que su esposa es su madre.

En la épica griega tenemos un buen ejemplo de anagnórisis en los últimos cantos de la ‘Odisea’, cuando Ulises vuelve a su patria y varios personajes le van reconociendo hasta que su esposa Penélope le somete a una última prueba para confirmar su identidad.

En la comedia latina la anagnórisis es también un recurso frecuente: en las obras de Menandro y sus imitadores abundan los personajes que han sido abandonados de pequeños y criados como miembros de una clase social inferior. Al final de la obra se descubre por algún indicio su verdadera identidad, cambiando el destino del personaje (matrimonio entre iguales…).

En la literatura española, la anagnórisis es muy habitual en las novelas de caballerías y en las comedias del Siglo de Oro como un topos muy utilizado para solucionar situaciones difíciles y escabrosas (‘La dama duende’, de Calderón, ‘Don Gil de las calzas verdes’ de Tirso…).

También en el drama romántico español se emplea la anagnórisis con frecuencia. En el teatro romántico la anagnórisis se introduce como un elemento integrante de la misma obra, funcionando en la estructura del drama como intensifícador del melodrama. Se aprovechan los recursos efectistas de este motivo para conseguir la sorpresa o el horror e intensificar el concepto fatídico del mundo romántico. Un ejemplo claro sería ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’, del Duque de Rivas.

En el Romanticismo no hay voluntad expresa de encubrimiento o disfraz sino que es la casualidad la que provoca la no identificación, y los resultados son trágicos, pues el destino actúa como un juez implacable y severo.

Es un término que también se emplea en el lenguaje cinematográfico para hacer referencia al mismo concepto de anagnórisis como revelación y descubrimiento que da un giro a la trama.

Fotos | Wikimedia Commons
Más información | El tema del reconocimiento en el teatro español del siglo XVI, La anagnórisis y su interrelación con el pensamiento e ideología de la época en ‘La loa curiosa de Carnestolendas’
En Papel en Blanco | Diccionario Literario

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<![CDATA['Philosophia secreta', de Juan Pérez de Moya]]> http://www.papelenblanco.com/relatos/philosophia-secreta-de-juan-perez-de-moya http://www.papelenblanco.com/relatos/philosophia-secreta-de-juan-perez-de-moya Thu, 04 Mar 2010 14:29:00 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 Philosophia Juan Perez MoyaJuan Pérez de Moya fue un matemático, mitógrafo y escritor español del siglo XVI. Como mitógrafo fue autor de un libro muy impreso en su tiempo, la ‘Philosophia secreta’ (1585), un tratado de mitología grecorromana de sesgo humanístico donde se procura extraer una enseñanza moralizadora de cada mito.

Como sabemos, en el Renacimiento se da una expansión de la cultura grecolatina fruto del humanismo y del deseo de reavivar el cultivo y el conocimiento de los autores clásicos.

Recordemos que en este siglo XVI son editados y difundidos profusamente los autores clásicos, y se dan a conocer las fuentes latinas que hablaban de los mitos.

Esto abrió las puertas a un renacer de la Antigüedad, y los mitos se revitalizaron, no sólo como materia poética sino también con afán recopilatorio y explicativo en el género de las mitografías, como esta obra que nos ocupa.

El título completo del libro es ‘Philosofía Secreta, donde debaxo de historias fabulosas se contiene mucha doctrina provechosa a todos estudios. Con el origen de los Ídolos o Dioses de la Gentilidad. Es materia muy necessaria para entender poetas y historiadores’.

Este subtítulo nos interesa por dos cuestiones.

  • En primer lugar, nos coloca ante un género que recoge la tradición que ya desde época muy temprana intenta explicar los mitos con distintas teorías, extrayendo una enseñanza o “doctrina provechosa”. En los manuales de mitología los autores narran las fábulas y después despliegan comentarios e interpretaciones personales en una necesidad de simbolizar y explicar los textos clásicos.
  • En segundo lugar, da cuenta de la importancia que la mitología (“materia muy necessaria”) tiene para entender la cultura universal, y especialmente en la literatura y la historia, que se han nutrido de los mitos a lo largo de los siglos.

Estructura de la ‘Philosophia secreta’

Como decimos, nos situamos en el género de la mitografía. Desde épocas antiguas, en las narraciones mitológicas se intentó ver alegorías de las que podían extraerse enseñanzas morales.

Pérez de Moya divide cada capítulo, que se dedica a un mito diferente, en varios apartados:

  • La narración del mito propiamente dicho, donde se explican la genealogía, atributos y sucesos protagonizados
  • La “Declaración”, que extrae la interpretación didáctica del mito, añadiendo un carácter moral al tratamiento de las ficciones. Aquí Pérez de Moya nos da el exemplum.
  • El “Sentido histórico”, que intenta dar verosimilitud y carácter supuestamente histórico a los hechos mitológicos. Aquí el autor desglosa la narración del mito entre lo que fue verdadero y lo que fue invención y fábula o alegoría.

Las fuentes

Son poco los manuales mitográficos que se publican en España en los siglos XV a XVII, y ninguno destaca por su originalidad, aunque cada vez contaban con más lectores.

La ‘Phislosofía’ que nos ocupa toma como fuente fundamental, junto a ‘Las Metamorfosis’ de Ovidio y la ‘Genealogía de los dioses paganos’ de Boccaccio, la obra de Natale Conti o Natalis Comitis, ‘Mythologiae sive explicationum fabularum libri decem’ (1551), que fue reeditada en numerosas ocasiones y a su vez se basaba en los clásicos latinos. De hecho, muchos de los pasajes de la obra de Pérez son traducciones de los correspondientes de Conti.

Como autor del Renacimiento impregnado de humanismo, su deseo de saber y conocer los autores clásicos le hizo acudir a las fuentes latinas para conocer los mitos, especialmente ‘Las Metamorfosis’, que fue la obra más traducida y divulgada en este sentido.

Apolo y Dafne, Dédalo e Ícaro, Júpiter, Vulcano, Eolo, Aurora… todo el entramado cultural mítico se da cita en esta obra recopilatoria. Como vemos, con la ‘Philosophia secreta’ de Juan Pérez de Moya estamos ante un ejemplo de vitalidad del mito en prosa, que convive con la poesía renacentista que tanto gustaba del uso de los mitos como materia.

Más información | Philosophia secreta en Google Books, Universidad de Jaén
En Papel en Blanco | Diccionario Literario: mitografía

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<![CDATA[Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (III)]]> http://www.papelenblanco.com/novela-grafica/asterix-y-obelix-mucho-mas-que-un-comic-para-ninos-iii http://www.papelenblanco.com/novela-grafica/asterix-y-obelix-mucho-mas-que-un-comic-para-ninos-iii Fri, 26 Feb 2010 12:33:34 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 5o-fortunatos.jpg

Las citas latinas

Desde el primer álbum Goscinny decide utilizar el latín como un elemento de humor en boca de sus personajes. Muchas de las citas provienen de las páginas rosas de la Petit Larousse, que incluían famosas sentencias latinas, pero también utilizaron fuentes más directas como el libro de Julio César anteriormente citado, ‘De Bello Gallico’. Nunca son traducidas, ni en la versión original francesa ni en la española, por lo que ya no sólo a los niños, sino también a los adultos se les escapan estas grandes dosis de ingenio. Pero a día de hoy, además de algunos datos un tanto desordenados que podéis encontrar en la Wikimedia, con solo escribir las citas en Google cualquiera puede hallar su traducción, con lo que hasta el menos puesto en nuestra lengua madre podrá disfrutar de una parte del guión que lo eleva a la excelencia.

Así, en ‘Astérix el Galo’, la primera vez que vemos al César nos lo encontramos sentado en su silla consular y, después de que el narrador nos cuente que hay una pequeña aldea gala que se resiste a la conquista romana, el dictator se dirige directamente al lector con un malhumorado ¿Quid? (‘¿Qué?’). Poco después gozamos con la primera paliza a unos legionarios por parte de Astérix y uno de ellos se lamenta diciendo ¡Vae victis! (¡‘Ay de los vencidos!’, frase atribuida al jefe galo Brenno tras la toma de Roma en el 387 antes de Cristo).

En este primer álbum ya nos encontramos otras frases más o menos conocidas por todos, unos ejemplos a continuación:

  • Alea iacta est (“La suerte está echada”), oración que Suetonio puso en boca del César cuando el general cruzó el Rubicón, desafiando ya no sólo un mandato del Senado instigado por Pompeyo, Catón, Cicerón, etc sino también la antigua ley que impedía que un general pasara el río sin haber disuelto sus tropas para llegar a Roma. Esta sentencia se repite una y otra vez a lo largo de las historietas, siempre sacada de contexto de manera muy inteligente.
  • Quo vadis? (‘¿Adónde vas?’), frase que supuestamente habría dicho San Pedro cuando saliendo de Roma se encontró en la Via Appia a Cristo Resucitado. Lógicamente, la razón para la introducción de esta cita apócrifa está más vinculada a la película ‘Quo vadis?’ de Mervyn LeRoy, basada en la novela homónima de Henryk Sienkiewicz. En ‘Astérix el Galo’ la pronuncia el vigía del campamento de Petibónum y se repite en otras publicaciones.
  • Ave, Caesar, morituri te salutant (“Ave, César, los que van a morir te saludan”), saludo con el que los gladiadores presentaban sus respetos antes de dar comienzo a la lucha. En el mismo álbum del que hablábamos, unos legionarios se la dicen a Calígula Minus, el endeble y martirizado compañero al que le toca disfrazarse de galo para entrar en la aldea regida por Abraracúrcix. Esta frase, cuya única referencia histórica la encontramos en Suetonio en referencia al Emperador Claudio, sufre un giro gracias a un agudo juego de palabras en ‘La Odisea de Astérix’: el jefe de la policía secreta, Fielhastalfinus, y el druida-espía Ceroceroseix se despiden así de Julio César antes de emprender su misión: Ave, Caesar, lucratori te salutant, es decir: ‘Ave, César, los que van a lucrarse te saludan’.

2aut-caesar5.jpgTambién hay espacio para famosas citas anacrónicas, pronunciadas o escritas por personajes históricos posteriores al mundo romano antiguo, lo que supone una vuelta de tuerca en boca de personajes del siglo I. Una de esas maravillas la encontramos también en el primer álbum, cuando el centurión Caius Bonus sale enfadado con Astérix y Panorámix de su tienda de campaña y sentencia: Aut Caesar aut nihil (‘O César o nada’). Dicho aforismo era la divisa de César Borgia (1475-1507), Confaloniero y Capitán General de los ejércitos pontificios, hijo del Papa Alejandro VI, una figura tan interesante como desconocida de la Historia europea.

Para terminar con los romanos, quiero destacar otra cita que ya me hacía reír de pequeño porque entendía la gracia aunque no supiera lo que significaba. En ‘Astérix Legionario’ el rubio y bigotudo galo le ordena a un funcionario que busque al novio de la bella Falbalá en el registro de alistados forzosos y el romano le responde: “¿Tragicómix…? ¿con ‘t’ como Timeo Danaos et dona ferentes?” (‘Temo a los griegos y sus regalos’). Aquí lo importante no es el significado de la frase (pronunciada por el sacerdote troyano Laocoonte cuando fue recibido el caballo de Troya en ‘La Ilíada’), pues el chiste está en la aliteración del fonema /t/.

Si hay un personaje experto en sacarle la ironía a la realidad a través de famosas sentencias latinas, ese es el pirata Patapalo, contramaestre del capitán del drakkar, Barbarroja; es un perro viejo con muchos años de experiencia en el mar, tiene un pata de palo y se apoya en una muleta. No sabemos su nacionalidad pero a buen seguro que no es romano, por lo que lógicamente nos extraña su dominio del latín. A continuación comentaré algunas de sus mejores apariciones, explicando su origen pero esperando que vosotros mismos saquéis su sentido irónico (un chiste explicado pierde la gracia):

  • En ‘Astérix Gladiador’ Barbarroja da por hecho que el abordaje del barco mercader fenicio que se encuentran será un éxito y vende la piel del oso antes de cazarlo, pues no saben que en el barco van la pareja de guerreros galos. Y Patapalo advierte sabiamente: Vanitas vanitatum et omnia vanitas (‘Vanidad de vanidades y todo vanidad’), aforismo usado para deplorar el vacío y la nada de las cosas de esta vida en el ‘Libro del Eclesiastés’.
  • En ‘La Vuelta a la Galia’ vuelven a atacar un barco en el que también van Astérix y Obélix y, tras una elipsis de la contienda, nos encontramos a los piratas naufragados y Patapalo intenta encontrar consuelo citando a Lucano, autor hispano de ‘La Farsalia’, poema épico dedicado a Nerón donde se describe la guerra civil entre César y Pompeyo y el suicidio de Catón el Joven: Victrix causa diis placuit sed victa Catoni (‘La causa de los vencedores agradó a los dioses, pero la de los vencidos a Catón’).
  • En ‘Astérix en Bretaña’ los piratas aparecen dos veces. En la primera ocasión son literalmente embestidos por la flota de Julio César, que atraviesa el Canal de La Mancha para invadir la isla de los bretones. El cojo contramaestre pirata, agarrado a una madera flotante, se lamenta con estas palabras: O fortunatos nimium, sua si bona norint, agricolas (‘¡Qué dichosos los hombres del campo, si conociesen su felicidad!’), cita de las ‘Geórgicas’ de Virgilio muy popular en la Roma urbana en referencia al caos de la ciudad enfrentado a la placidez rural.
  • Más tarde, se encuentran con un frágil esquife; al ver que sus ocupantes no son otros que nuestros héroes de vuelta a Armórica, huyen a toda vela y acaban naufragando contra la costa, con el capitán vanagloriándose de que esta vez los galos no habían podido hundir su barco. Entonces, Patapalo comenta: Fluctuat nec mergitur (‘Es batida por las olas pero no hundida’), frase atribuida a san Juan Crisóstomo y que es el lema de la ciudad de París.
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  • En ‘Astérix en la India’ el abordaje les viene desde el cielo, porque Astérix y Obélix irrumpen sobre la alfombra voladora del faquir Ahivá. En este caso sólo les roban la comida, pero el ingenuo y tartamudo vigía Baba abre un agujero en el barco, igual que hace su capitán en otra ocasión siguiendo el principio de “antes hundo yo el barco a que vosotros me lo hundáis otra vez”. Así pues acaban todos en el agua y Barbarroja dice “¡Ya nos han vuelto a aguar el viaje”, a lo que su contramaestre comenta Sic transit gloria mundi (‘Así pasa la gloria del mundo’), expresión que según parece proviene de un pasaje de la ‘Imitación de Cristo’ de Tomás de Kempis (1380-1471) y que es utilizada en la ceremonia de coronación de nuevos papas, cuando un monje interrumpe el acto, muestra unas ramas de lino ardiendo y, una vez consumida la llama, pronuncia dicha frase para recordar al Papa que, a pesar de la tradición y la grandilocuencia de la ceremonia, no deja de ser un mortal.
  • En ‘El Mal Trago de Obélix’ los corsarios vuelven a tropezar con la galera del César y se disponen a saludarlo como muestra de vasallaje. Pero en el barco no va el dictator sino los fugitivos encabezados por Spartakis, junto a Astérix, Obélix y Panorámix. Los remeros, habiendo bebido la poción del druida, bogan a una velocidad inhumana, por lo que en el choque con el drakkar pirata lo parten a la mitad. Una vez en el agua, los piratas, siguen pensando que habían sido golpeados por el barco de Julio César, por lo que Patapalo declama Summum ius summa iniuria (‘Sumo derecho, suma injusticia’), cita original del comediógrafo Terencio que aquí debe traducirse mejor como ‘A mayor justicia, mayor daño’.

En los siguientes posts completaré la serie con sendos posts sobre los personajes y el Mundo Antiguo en Astérix y Obélix.

En Papel en Blanco | Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (I), Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (II)

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<![CDATA[Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (IV)]]> http://www.papelenblanco.com/novela-grafica/asterix-y-obelix-mucho-mas-que-un-comic-para-ninos-iv http://www.papelenblanco.com/novela-grafica/asterix-y-obelix-mucho-mas-que-un-comic-para-ninos-iv Sun, 28 Feb 2010 17:57:36 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 asterix_-_cast.jpg

Un collage de personajes pintorescos

El primer álbum se llamó ‘Astérix el Galo’ y el nombre del bajito y rubio protagonista aparece en el título de 19 de las 35 entregas, mientras que el de su rellenito y pelirrojo compañero apenas lo hace en tres ocasiones (sólo una más que el de César) y son 13 las ediciones en las que no sale ninguno en el título, en las que la única referencia a otro personaje de la aldea aparece en ‘El combate de los jefes’. Como todos sabemos, las aventuras generalmente se centran en la “concomitante y oximórica” pareja, pero la importancia del resto de los personajes va adquiriendo peso a lo largo de la colección. A continuación, comentaré brevemente la figura y el papel de algunos de los actores más destacados de la magna obra de Goscinny y Uderzo, obviando a Astérix y Obélix que, siendo la pareja protagonista, es bien conocida por todos:

Los habitantes de la Aldea Gala

Lo primero que hay que señalar es que el poblado de los galos no tiene otro nombre sino Aldea Gala. Mientras que todas las demás localizaciones tienen un origen real (Roma, Lutecia, Alejandría, Londinum, Hispalis…), de la aldea de irreductibles galos sólo conocemos su ubicación, en Armórica, noroeste galo.


Desde mi punto de vista, hay que dividir a los personajes de la aldea en dos grupos. El primero está compuesto por un trío formado por los personajes más cercanos a la pareja protagonista y el segundo por el resto de habitantes de la aldea, más o menos importantes dependiendo de la aventura.

abraracurcix2.gifAbraracúrcix, el jefe: también conocido en su momento como Abrazopartídix, pues su nombre francés deriva de “à bras raccourcis” (a brazo partido). Es el jefe de la Aldea Gala y está casado con la pequeña y malhumorada Karabella, que suele llamarle “cerdito”. Es un galo orgulloso de su raza y siempre presume de haber estado al lado de Vercingetórix, jefe de todas las tribus galas, en la batalla de Gergovia. En las ocasiones importantes suele ir sobre su escudo, aunque raro es el día que no acaba en el suelo por culpa de unos portadores un tanto despistados. Es un verdadero glotón, con un gusto por los jabalíes sólo superado por Obélix. Tiene por costumbre rodearse de Panorámix y sus guerreros para decidir los designios de la aldea. Siempre quiere encabezar las batallas pues es un hombre valiente que sólo teme una cosa: que el cielo le caiga sobre la cabeza.

panoramix2.gifPanorámix, el druida: su nombre proviene de “panoramique” (panorámico). Ocupa sus días recogiendo hierbas en el bosque para preparar sus brebajes, entre los que destaca la poción mágica, capaz de multiplicar la fuerza y la agilidad de un hombre durante cierto tiempo. Ejerce como una figura paternal en medio de tanto hombre-niño, salvaguardando el correcto uso de la poción y preocupándose por todos los peligros que pueden amenazar a su pueblo. Es un derroche de paciencia, virtud de la que hace gala cada vez que le tiene que negar a Obélix el consumo de la poción mágica. Y hay un elemento que me parece realmente destacable: es un druida arreligioso cuyo papel se acerca más al de consejero que al de autoridad religiosa. Digamos que no menta a Tutatis o Belenos más que cualquier otro de sus vecinos.

idefix.jpgIdeáfix: este simpático perrito aparece por primera vez en la puerta de una charcutería de Lutecia en ‘La Vuelta a la Galia’, 5º álbum de la colección; desde ese momento comienza a seguir a Astérix y Obélix sin que estos le presten atención, los acompaña durante su tour por la Galia y acaba llegando a la aldea junto ellos. No es de extrañar que su nombre, Ideáfix (o Idéfix), surja pues de “idée fixe” (idea fija). En la siguiente publicación, ‘Astérix y Cleopatra’, ya aparece apadrinado por Obélix, con el que establece una relación especial. Es un perro de grandes cualidades, valiente en la batalla (no pocas veces le vemos perseguir y morder el culo a algún pobre legionario) y muy inteligente (saca a sus amigos del laberinto de la Pirámide y aprende a ladrar en vikingo en un santiamén en ‘La Gran Travesía’). Y además destaca por su conciencia ecologista, mostrándose especialmente sensible a la tala de árboles. Lo que difícilmente podrá aprender, por mucho que se empeñe su dueño, es a transportar menhires.

asuranceturix.gifAsurancetúrix, el bardo: su nombre proviene de “assurance tout risque” (seguro a todo riesgo), por lo que también es (mal)llamado Seguroatodoriésguix. Es un habilidoso multi-instrumentista (con cierta inclinación por la lira) con un gran talento para la composición y poseedor de una voz muy personal. Lástima que en su aldea no encuentre un público que sepa apreciarlo, en parte por los chaparrones que caen cada vez que canta. Siempre está dispuesto a entonar una canción que narre las hazañas de los héroes o para despedirlos cuando salen de aventuras, pero nunca consigue hacerlo, pues Esautomátix, personaje poco amigo de la música del bardo, siempre está vigilándolo y dispuesto a clavarlo en el suelo con su martillo si hace falta. Aún así en alguna ocasión encuentra algún admirador, como un joven punky de Lutecia o todo el pueblo indio al que saca de la sequía con su voz. En los banquetes con los que acaban las historietas suele estar atado y amordazado para que no agüe la fiesta con su música (lo cual siempre me ha despertado cierta empatía por él, porque me daba pena…).

pelea.jpgEsautomátix, el herrero: aparece ya en el primer álbum, con un aspecto regordete y no demasiada altura, y a medida que va convirtiéndose en un secundario habitual, Uderzo estiliza su figura hasta convertirlo en un tipo alto y forzudo, siempre vestido con su característico delantal de cuero de forja. Tiene mal carácter y siempre hace gala de él: siempre está chinchando a Ordenalfabétix por el mal olor de su pescado y la discusión suele acabar en bronca, no respeta a los ancianos (suele llamar “antepasado” a Edadepiédrix) y, sobre todo, odia la música de Asurancetúrix, al que impide hacer gala de su arte (“¡No, no cantarás!”) o directamente le pega una buena zurra.

Ordenalfabétix, el pescadero: un autónomo poco fiable cuya mercancía suele estar podrida o en dudoso estado. No soporta que nadie diga que su pescado está mal y no duda en acudir a los puños para impedirlo. Su puntería en el lanzamiento de pescado (a la cara de Esautomátix o Abraracúrcix) es legendaria.

edadepiedrix.jpgEdadepiédrix: es el habitante más longevo de la aldea; tanto que en ‘Astérix y lo nunca visto’ conocemos a los personajes cuando eran unos críos y Edadepiédrix ya era por entonces un viejo cascarrabias. A pesar de su apariencia para los romanos es un adversario tan temible como cualquier otro cuando ha tomado poción mágica y corre tras ellos para apalearlos con su bastón. Además, su esposa (que no tiene otro nombre sino Señora Edadepiédrix) es la mujer más bella de la aldea, y es mucho más joven que él pero es la que gobierna la casa, obligando a su marido a fregar los platos y demás menesteres.

Hay otros personajes en la aldea, mucho más secundarios que los anteriores: además de las mujeres de Edadepiédrix y Abraracúrcix, está la de Ordenalfabétix, llamada Yelosumarín; no podemos olvidar a los porteadores del jefe y merece la pena mencionar al cartero Filatélix, que aparece en dos álbumes.

Los romanos

cesar541.gifJulio César: es el principal antagonista de los galos pero, al igual que Astérix y Obélix no son unos héroes al uso (de hecho podríamos calificarlos perfectamente como ‘antihéroes’), el César tampoco es un ‘malo’ ortodoxo. Es un personaje complejo con el que Goscinny y Uderzo juegan sin faltarle al respeto a la figura histórica. Unas veces nos lo presentan noble y aristocrático, con un aspecto que recuerda al de las estatuas clásicas, otras veces lo vemos totalmente fuera de sí, desesperado por culpa de la rebeldía de los galos. Cuando está rodeado por sus senadores y demás “súbditos” se muestra como un hombre magno al que todos temen, mientras que frente a Cleopatra claudica ante sus extraordinarias belleza y personalidad, como cualquier otro hombre.

Vencer la resistencia de los galos se convierte en un reto personal para él, por lo que una y otra vez busca el modo de someterlos para poder decir, al fin, que ha conquistado toda la Galia. Para ello acude a planes de lo más diverso, a saber: las sucias armas del capitalismo de ‘Obélix y compañía’, los execrables métodos de Detritus en ‘La Cizaña’, la invasión inmobiliaria de ‘La residencia de los dioses’... Pero a pesar de todo esto, también se muestra como un rival honorable que sabe reconocer el valor de los galos, a los que respeta como los adversarios más duros que jamás ha tenido.

brutus.gifBrutus: el hijo adoptivo de Julio César es caricaturizado como un joven envidioso, apático y rencoroso, imagen muy alejada de la real, pues Marco Junio Bruto fue un romano de categoría, el romano más noble, como lo llamó Marco Antonio tras derrotarlo. En la colección vemos como ha de aguantar que César le repita una y otra vez aquello de ‘tu quoque, fili’, hasta el punto que en una de esas ocasiones, Brutus piensa para sí “¡Ya me está empezando a fastidiar con sus veladas alusiones! Un día de estos le voy a…”, como premonizando que algún día realizará un acto que sí se merecerá el reproche de ‘¿Tú también, hijo mío?’. Asimismo, aparece en diversos momentos jugando con un puñal y en una de esas ocasiones César le advierte: “Bruto, deja de jugar con ese cuchillo. Vas a terminar haciéndole daño a alguien…”. Según decía uno de nuestros lectores, Lograi, ésto aparece en la película ‘Las doce pruebas de Astérix’; es cierto, pero también lo podemos ver en una de las versiones del álbum ‘El adivino’.

Finalmente, en ‘El hijo de Astérix’ acaba traicionando a su padre al buscar la muerte de Cesarión, el hijo que Julio César tuvo con Cleopatra (y que acabó siendo el faraón Ptolomeo XVI) pretendiendo eliminar al niño que amenazaba su herencia. Ésto fue lo que en la realidad hizo Octavio Augusto (verdadero heredero de César según su propio testamento), que fue quien invadió Egipto para derrocar a la pareja Cleopatra-Marco Antonio y quien hizo matar al joven Cesarión para eliminar todo atisbo de duda sobre la herencia del nombre. Goscinny y Uderzo utilizan dicha historia para deshonrar al joven Brutus, futuro líder de la conspiración de senadores que acabaron asesinaron a César; es decir, mezclan ambas historias para poner a Brutus en su sitio: el del desleal que traicionó a César.

ceroceroseix3.jpgAdemás del César y su hijo adoptivo, las aventuras de Astérix y Obélix están repletas de personajes romanos que odiamos de niños pero que, con el tiempo, reconocemos como grandes secundarios (de entre todos ellos citaré algunos de los más interesantes). Caius Bonus, del que ya hablé en el post sobre las Citas latinas, es el primer centurión que sufre las consecuencias de intentar acabar con el pueblo de irreductibles galos. Perfectus Detritus, el harapiento y desagradable romano con el don de sembrar la discordia allá donde va en ‘La Cizaña’. Anguloagudus, el joven y emprendedor arquitecto al que César le encarga la construcción de un gran edifico de viviendas junto a la aldea gala en ‘La residencia de los dioses’. Cayo Coyuntural, el especulador que intenta contagiar el egoísmo capitalista a los galos en ‘Obélix y compañía’. Cerceroseix, el druida-espía al que sigue una enamoradiza mosca mensajera en ‘La odisea de Astérix’.

caius-pupus.jpgY por último, mi preferido, Caius Pupus, el pequeño funcionario ‘Las doce pruebas de Astérix’, el único romano que no intenta acabar con los galos, ya que sólo se dedica a organizar y registrar los trabajos de Astérix y Obélix en ‘Las doce pruebas de Astérix’, y cuya peculiar forma de andar imitaba de pequeño, al igual que hacía Obélix en la película.

En el siguiente post repasaremos la figura de algunos de los personajes de otras regiones, como la bella Falbalá y su novio Tragicómix, Cleopatra y su arquitecto Numerobis, el bretón Buentórax, el faquir indio Ahivá, el pequeño hispano Sopalajo Arrierez y Torrezno, Grosebaff el normando, el corso Ocatarinetabelachitchix… sin olvidar a los piratas y, cómo no, a los jabalíes.

En Papel en Blanco | Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (I), (II) y (III)

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<![CDATA[Las villas del libro en el mundo]]> http://www.papelenblanco.com/librerias/las-villas-del-libro-en-el-mundo http://www.papelenblanco.com/librerias/las-villas-del-libro-en-el-mundo Tue, 02 Mar 2010 08:57:24 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 Ciudad libro Montmorillon

Hemos hablado de Urueña y Montolieu, localidades que hacen una labor de promoción de la lectura y las artes relacionadas con actividades y establecimientos dedicados a los libros, en un homenaje a las letras que va más allá de unas fechas concretas. Son las villas del libro que encontramos en España o Francia, pero también en muchos otros países.

Tenemos que empezar en el Reino Unido, en Gales, donde encontramos la primera ciudad de los libros, Hay-on-Wye, con un importante festival anual dedicado a la literatura. Esta villa del libro tiene el honor de ser la primera que, en 1962, se instauró como tal, inaugurando una tradición de villas del libro en el mundo que repasamos en estas líneas.

También en el Reino Unido, Wigtown fue escogida la Ciudad del libro nacional escocesa en 1998, y desde entonces todo aquel que la visita descubre que es un oasis para los amantes de la lectura.

En Francia, además de Montolieu tenemos villas del lbro en Cuisery (Borgoña del sur), Montmorillon, la Ciudad de los escritos y del comercio del libro, Fontenoy-la-Joûte, que nos permite ir en busca del libro perdido gracias a sus 15 librerías y 800000 libros de ocasión, Bécherel…

La cuna del Renacimiento tiene el pueblo de Montereggio dedicado a los libros, que cada año organiza fiestas de importancia para atraer a los visitantes interesados en todo lo relacionado con la literatura.

En Bélgica nos espera Redu, en Holanda Bredboort y en Suiza la pequeña villa del libro de St-Pierre-de-Clages, con tan solo 630 habitantes. En Alemania la Bücherstadt o ciudad del libro está en Wünsdorf, y en Luxemburgo se encuentra la ciudad literaria de Vianden.

BookTown

El norte de Europa cuenta con varas villas del libro, como Fjærland, un lugar idílico entre fiordos y glaciares del oeste de Noruega. Entre mayo y septiembre, todas las librerías están abiertas todos los días, con numerosos eventos en toda la temporada. Paro también en invierno hay movimiento, en sus librerías, tiendas de artesanía, cafés, galerías de arte…

También en Noruega está la menos conocida Tuedrestand. En Suecia se fundó en 2001 la villa del libro Mellösa, a 115 kilómetros al suroeste de Estocolmo.

Pero las villas del libro no sólo existen en el Viejo Continente. En Estados Unidos tenemos la ciudad de Stillwater (Minnesota, con 18000 habitantes y una amplia oferta de ocio y cutura), en Canadá Sidney, en Australia Bundanoon, en Malasia Kampung Buku…

En Tokio (Japón), se halla el distrito Kanda Jimbocho, que cuenta con tantas viejas librerías, se conoce en otros países como “la capital del libro” de Japón. No es para menos, pues con un inventario total de unos 10 millones de volúmenes, se trata del mayor mercado del libro en el mundo, en términos de densidad, inventarios y contenidos.

Como vemos, de norte a sur, de este a oeste, esta forma de revitalizar pueblos y concentrar la cultura literaria se va extendiendo. Seguro que pronto podremos hablar de más villas del libro repartidas por todo el mundo.

Vía | Diputación de Valladolid
En Papel en Blanco | Urueña, una villa para el libro, Montolieu, el pueblo del libro y las artes gráficas en Francia, Primeras Jornadas europeas de villas del libro en Urueña, Hay-on-Wye, un reino de libros/a>

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<![CDATA[Diccionario Literario: mitografía]]> http://www.papelenblanco.com/diccionario-literario/diccionario-literario-mitografia http://www.papelenblanco.com/diccionario-literario/diccionario-literario-mitografia Thu, 25 Feb 2010 13:56:57 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 NinfacontritonRubens

La Mitografía consiste en el estudio y recopilación de mitos y leyendas antiguas que conforman las distintas tradiciones mitológicas. Los mitógrafos realizan recopilaciones de los mitos antiguos y les dan distintas interpretaciones, convirtiéndose en estudiosos y coleccionistas de mitos.

Es un género que mezcla los relatos de mitos con la interpretación didáctica de los mismos e incluso en ocasiones con la adscripción histórica a unos supuestos hechos reales. Pero, en general, en las narraciones mitológicas se intentó ver alegorías de las que podían extraerse enseñanzas morales.

La mayoría de manuales de mitografía tenían vocación enciclopédica. Algunos recopilan tanto los relatos de los mitos como ambas interpretaciones, alegórica e historicista.

Interpretación didáctica y alegórica de los mitos

Ya desde el siglo V d.C., con precedentes incluso más antiguos, se desarrolla la interpretación de la mitología clásica en un intento de conciliar su paganismo con la religión cristiana.

En esa conciliación, postura que fue más fructífera que la del rechazo, tenemos ya desde entonces diversos frutos del intento de hacer compatible la doctrina cristiana con los diversos elementos de la cultura grecolatina a la que no se quería renunciar.

Según Mª Jesús Franco Durán (‘Los manuales mitográficos medievales como fuente de transmisión de las fábulas antiguas’),

En general se reconoció que la literatura pagana podía ser saqueada con provecho con tal de que se guardasen las debidas precauciones y el fin justificase los medios.

La interpretación moral recurre al método alegórico y va identificando los distintos elementos de un mito con ideas abstractas para extraer enseñanzas morales de las fábulas mitológicas.

Interpretación historicista de los mitos

La interpretación historicista intenta combinar los hechos fabulosos narrados en los mitos con una versión más prosaica y supuestamente real. En estos casos, la interpretación de los relatos míticos, en ocasiones denominada “racionalista”, suele ser crítica, polémica y, en ocasiones, agresiva con las creencias míticas, en tanto que las considera como una ofensa a la razón.

La meta que persigue es desproveer a los mitos de cualquier elemento fantástico o milagroso, con el fin de captar la realidad histórica subyacente a los acontecimientos que plasman los mitos.

Esta manera de explicar los mitos ya aparece en autores clásicos, como Hecateo, Herodoro, Heródoto, Sócrates, Platón, Evémero, Plinio el Viejo (‘Historia Natural’), Pausanias (‘Descripción de Grecia’), Palefato, Lucrecio y Cicerón....

Las fuentes y obras mitográficas

Ovidio y Virgilio serán las fuentes principales, pero estos clásicos, rechazados en un principio por los círculos tardoantiguos y medievales cristianos, en el Renacimiento se pueden erigir en fuente de moralizaciones en los manuales. ‘Las Metamorfosis’, por ejemplo, contienen una doble lectura simbólica, una filosofía oculta que es necesario interpretar.

Así lo hicieron los manuales mitográficos de los siglos XV a XVII, como Boccaccio con su ‘Genealogía de los dioses’, Gyraldy y ‘La historia de los dioses’ o Natale Conti con su ‘Mitología’, Cartary (‘Las imágenes de los dioses’)...

Es especialmente importante la obra de Natale Conti o Natalis Comitis, ‘Mythologiae sive explicationum fabularum libri decem’ (1551), que fue reeditada en numerosas ocasiones durante el Renacimiento, se basaba en los clásicos latinos y fue empleada por numerosos autores renacentistas como fuente.

En España tenemos en el siglo XVI las obras de Alonso Fernández de Madrigal (‘Tratado sobre los dioses de la gentilidad o las catorce cuestiones’) y tal vez la más importante en su género, la ‘Philosofía secreta’ de Juan Pérez de Moya. Le siguió en el siglo XVII la obra de Baltasar de Vitoria ‘Teatro de los dioses de la gentilidad’, de 1620.

En Papel en Blanco | Diccionario Literario

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<![CDATA[‘Retrato de un hombre inmaduro’, la nueva novela de Luis Landero]]> http://www.papelenblanco.com/novela/retrato-de-un-hombre-inmaduro-la-nueva-novela-de-luis-landero http://www.papelenblanco.com/novela/retrato-de-un-hombre-inmaduro-la-nueva-novela-de-luis-landero Sun, 21 Feb 2010 14:54:16 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 La prosa de Landero posee una extraña musicalidad. Una musicalidad cercana y jacarandosa. Tanto que, a veces, las palabras parecen engarzarse unas con otras con total naturalidad. Las subordinadas cuelgan unas de otras en largas espirales de sentido. Como si todo el conjunto estuviera bajo el compás de un metrónomo.

Por esa razón, y por otras tantas, Luis Landero es mi escritor predilecto, mi escritor de cabecera, aquél al que nunca me canso de leer y releer, desde que lo descubrí hace unos seis años a raíz de la lectura de su primera novela: Juegos de la edad tardía.

Landero es un escritor lento y metódico, que incluso se impone no escribir más que unas pocas líneas por día para mantener la frescura que transmite. De modo que la obra de Landero es modesta en número de páginas, aunque inabarcable en cuanto a dimensión.

En el fondo, Landero siempre habla de lo mismo: el paso del tiempo, el sentimiento de no haberlo exprimido al máximo, la mirada, desde la vejez, hacia la juventud perdida o el ansia de ser reconocido, célebre. Temas que aglutinaba de manera magistral en la que considero una de las mejores cinco novelas que he leído en mi vida: El mágico aprendiz.

Su última obra, aún caliente de imprenta, es Retrato de un hombre inmaduro. Y, como os figuraréis, trata de lo de siempre: el relato del pasado de un hombre de 65 años que permanece convaleciente en la habitación de un hospital, en lo que muy probablemente sea su última noche de vida.

Con este pretexto, Landero arma toda una serie de píldoras biográficas, batallitas aviñetadas, ligeramente hilvandas, pero casi siempre caprichosas, que son la excusa para que Landero se luzca en lo que mejor saber hacer: radiografiar el alma humana hasta un grado de minuciosidad que jamás alcanzará un microscopio electrónico de barrido; y, sobre todo, enseñarnos a mirar lo más cotidiano con los ojos del que contempla un prodigio marciano.

De este modo, Landero se pierde en reflexiones sobre el amor o el poder, pero donde más destaca y demuestra su buen hacer como narrador es a la hora de describirnos las cosas más minúsculas del día a día.

No es Retrato de un hombre inmaduro la obra más redonda de Landero. Quizá se echa de menos un poco menos de digresión y un poco más de argumento lineal. Sin embargo, a todos los que nos gusta cómo dice las cosas, esta última obra de Landero es de consumo obligado. Pero que la palabra “consumo” no os evoque la imagen de voracidad y rapidez: a Landero debe leérsele con mimo y delectación. Justo como él escribe para que le leamos.

A mí me parecía que era como una puta redimida. El redentor era su marido, un hombre alto y grave, cadavérico, muy abrigado siempre, muy echado hacia atrás, de ojos ilegibles tras unas gafas de cristales turbios, que no saludaba nunca, yo creo que más por miopía que por arrogancia o dejadez. Llevaban casados seis o siete años, es decir, que hacía ya algún tiempo que la había redimido. Cuando iba con él, también ella se estiraba mucho. Se cogía de su brazo y ponía la mirada lejana y abstracta, y alzaba la barbilla con un no sé qué de afectación o de desdén y allá que se iba, muy digna, muy señora, los dos abismados en su impenetrable naturaleza conyugal.

Tusquets Ediciones

Colección Andanzas

240 págs.

ISBN: 978-84-8383-192-2

Sitio Oficial | Ficha en Tusquets Ediciones

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<![CDATA[Una librería a la orilla del mar]]> http://www.papelenblanco.com/librerias/una-libreria-a-la-orilla-del-mar http://www.papelenblanco.com/librerias/una-libreria-a-la-orilla-del-mar Sat, 13 Feb 2010 03:06:28 +0000 seleccionado por los expertos de miriams200 Ikea librería
Seguramente cuando escuchamos hablar de libros en la playa pensamos en las ediciones y los títulos que cualquiera de nosotros preferiría para llevar a las vacaciones, sin miedo a que la arena, el bronceador y el mar salado los dañen de manera irreparable. No nos vamos a adelantar, sin embargo, al verano sino que vamos a escribir sobre una de las iniciativas más originales en las cuales confluyen ambos elementos.

Una librería en la playa, incluso una librería a la orilla del mar, que es el título que hemos elegido para este post, nos hace pensar en un local cerrado o semi-cerrado en el que existen anaqueles y mesas grandes en las cuales se exponen los libros. Corredores a través de los cuales los clientes pueden recorrer una larga lista de títulos hasta elegir aquellos que más se amolden a sus deseos y preferencias.

La que le presentamos hoy no tiene paredes, los pasillos son la arena misma y no hay nadie detrás vuestro preguntando qué desea y si le pueden ayudar. La librería consistió en una serie de los famosos anaqueles o bibliotecas diseñadas por Ikea, probablemente la principal empresa de diseño que existe a nivel mundial.

Para festejar los 30 años de sus muebles-biblioteca, de los cuales han vendido 40 milloones, han elegido la playa australiana de Dondi para instalar su librería playera en la que los bañistas pueden curiosear y elegir los libros que le interesen, comprarlos y disfrutarlos en la arena o en sus casas.

La experiencia tuvo lugar durante todo el día del 31 de enero de 2010, cuando se expusieron 30 de estos muebles rojos que se han transformado ya en una joya de diseño para los amantes de los libros. Los anaqueles, por supuesto, estaban llenos de libros que los visitantes podían, o bien llevarse o pagarlos simbólicamente con una donación a la Australian Literacy & Numeracy Foundation que se ocupa de la promoción de la lectura en ese continente.

Una excelente promoción, ¿no les parece?

Vía | Book Patrol
Más información | Zimbio

¡Y qué librerías!

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