Favoritos de tarambana en Papelenblanco http://www.papelenblanco.com/usuario/ seleccionado por tarambana http://www.papelenblanco.com <![CDATA[Si te duele, ¡escribe!]]> http://www.papelenblanco.com/metacritica/si-te-duele-escribe http://www.papelenblanco.com/metacritica/si-te-duele-escribe Fri, 20 Aug 2010 18:01:39 +0000 seleccionado por tarambana baudelaire.jpg¿Es necesario pasarlo mal para ser un buen escritor? ¿Sólo de los yacimientos del dolor surge la genialidad?

A nadie le gusta ser infeliz. Todo el mundo aspira a un bienestar, un statuo quo en el que se cumpla lo que dice la canción: salud, dinero y amor.

Pero ¿tener estas tres cosas incapacita a un escritor para engendrar una obra maestra? ¿La plenitud funciona como una neblina creativa? ¿La insatisfacción permanente origina novelas que hacen felices a los demás?

Una cosa está clara: cuando sufres, cuando padeces, cuando la realidad se empeña en tocarte las narices, entonces un esmeril afina tu sentido crítico, tu capacidad de análisis. Por ejemplo, si el polen no te ha provocado una profunda alergia a ti o a alguien que tú conozcas, ¿acaso cabe la posibilidad de que te intereses por el polen a un nivel profundo? ¿A un nivel que requiera cierta implicación emocional?

Estar bien, a gusto, suele estar asociado a cierto estado de embotamiento sensorial. Pero un desengaño amoroso, de repente, revoluciona nuestra mente, y sin darnos cuenta empezamos a ponderar todos los aspectos de la dependencia emocional, los entresijos de las relaciones sentimentales e incluso el sentido de la vida y de la muerte. Ser feliz suele estar acompañado de falta de cambio. Y sin cambio, sin ruptura, es difícil hacer notar al lector que te has dejado las tripas en el manuscrito de tu novela.

Para ser un escritor solvente quizá no sea imprescindible ponerse a llorar y patalear, tal y como decía Marcel Proust:

La enfermedad por sí sola nos lleva a percibir y a aprender, y nos permite llevar a cabo el análisis de los procesos que de otro modo desconoceríamos por completo. Un hombre que todas las noches cae rendido en la cama, y que deja de vivir hasta el instante en que despierta y se levanta, sin duda jamás soñará con hacer no ya grandes descubrimientos, sino tampoco algunas mínimas observaciones sobre el sueño. Apenas sabe que está dormido. Un poco de insomnio no carece de valor a la hora de hacernos apreciar el sueño, a la hora de arrojar un rayo de luz sobre esas tinieblas. Una memoria infalible no es un incentivo muy poderoso a la hora de estudiar el fenómeno mismo de la memoria.

Al parecer, cuando nos tocan las gónadas, adquirimos de repente cierto talante inquisitivo. Por eso nuestros antepasados dejaron de vivir en cuevas húmedas e inseguras e inventaron áticos en Manhattan. Porque querían ser felices. Y persiguiendo esa felicidad arcádica que acaso nos vuelva un poco tontos por fin, muchos escritores han sacado lo mejor de sí mismos.

El amante de Proust, por ejemplo, falleció en un accidente de avión cerca de Antibes. Stendhal padeció sufrió toda suerte de pasiones no correspondidas. Nietzsche fue un completo marginado del que se reían incluso los estudiantes. La lista de suicidas, borrachos y drogadictos es amplísima en el ámbito de la literatura y el arte en general. Muchas veces, la autoría intelectual, pues, parece no alcanzarse si antes no se capea el temporal. Los desdichados buscaron así la dicha.

Eso no significa, claro está, que sólo el marginado de clase, el feo, el impopular o el que sufre una orientación sexual indefinida acabará siendo un gran escritor. Ser sifilítico no te convierte automáticamente en Baudelaire. Pero el sufrimiento puede ser una llave para abrir ciertas puertas perceptivas que acaso puedan derivar en Las flores del mal. Puertas por las que escapar de una vida odiosa.

¿Tal vez habría que fundar un taller literario en el que, después de aburridas teorías sobre escritura creativa, se empiece a boicotear la vida de sus alumnos? Para que toquen fondo. Para que prueben a qué sabe el suelo. Para que sepan qué significa sentir a nivel epidérmico y también subcutáneo. Un taller literario en el que te obligan a contraer alguna enfermedad virulenta, en el que contratan a prostitutas para que te rompieran el corazón, en el que todos te sacasen la lengua, en el que te dijeran cada día que no sirves para escribir, que no lo haces nada bien, que eres un negado y que, con suerte, algún día acabarás mendigando por las calles.

Tal vez ese taller literario ya exista y se llame Vida. Así que vivid, vivid mucho, sufrid mucho. Y escribid manchando las páginas con vuestras tripas.

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<![CDATA[Murió J.D. Salinger]]> http://www.papelenblanco.com/escritores/murio-jd-salinger http://www.papelenblanco.com/escritores/murio-jd-salinger Fri, 29 Jan 2010 03:32:17 +0000 seleccionado por tarambana Salinger

Ha muerto J.D.Salinger. La noticia que se repite una y otra vez en todos los medios golpea haciéndome sentir un aura de irrealidad. ¿Es que acaso realmente el autor de El guardián entre el centeno alguna vez existió? Muchos pensarán que había muerto hacia muchos años y otros tantos en verdad dudaron de su existencia. Pero si, existió y ayer 27 de enero de 2010 murió sin apenas darse cuenta de que lo hacía. Tenía 91 años.

Es muy poco lo que se sabe de la vida de Jerome David Salinger salvo que tenía el mismo nombre de su padre, que nació el 1º de enero de 1919 y se crió en Manhattan. Su madre se llamó Marie Jillich y era de origen irlandés pero se convirtió al judaismo. Tuvo una hermana llamada Dorís que nació en 1911 y murió en 2001.

Jerome muy pronto comenzó a escribir textos que publicó en la revista New Yorker y que ya presagiaban sus habilidades con la palabra. En su adolescencia y ante la negativa de su padre de que hiciera teatro, se inscribió en la Academia Militar. Estuvo brevemente en Austria pero regresó a los Estados Unidos para estudiar en las universidades de Pennsilvania y Columbia. El teatro seguía siendo su principal pasión y paulatinamente se inicio en la narración breve hasta que dio con el impulso para escribir la que será su obra magna: El guardián entre el centeno que fue publicada en 1951 y que pronto se transformó en una novela de culto.

Su paso por la vida militar y su posterior pasión por el Budismo Zen, la admiración recíproca entre él y Hemingway, su desencanto de la adaptación cinematográfica de sus obras literarias marcaron mucho de su labor literaria y, sobre todo, su relación con los medios. Cuando llegó el éxito de su primera novela, comenzó un mito que no se detiene con la muerte de su autor. Salinger paulatinamente comenzó a alejarse más y más de los medios públicos hasta el punto de que, con el transcurrir del tiempo, no se supo si realmente existía.

En algún momento llegó a decir que estaba en el mundo pero no era parte de él. Su hija Margaret publicó en el año 2001 una biografía de su padre: El guardián de los sueños y en ella presenta a un hombre casi despiadado, más ocupado de si mismo que de los demás. En cuanto a su obra se completa con los libros Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: una introducción (1963).

Salinger ha muerto pero ello creo que no cambia en mucho su lugar en la literatura ni la manera en la que su obra es manejada por el mercado. Cerca de 650 millones de ejemplares vendidos de una novela que se ha encontrado con frecuencia entre las favoritas de asesinos y convictos, pero que significa para cada adolescente que la lee un descubrimiento o un reencuentro con su propia imagen, con su propia alma. Larga vida al guardián.

Vía | RTVE (Gracias a MASP por el dato!)
Más información | New Yorker

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