‘Nueva York’ de Eduardo Mendoza

0 comentarios

El 1 de diciembre de 1973, Eduardo Mendoza abandonó Barcelona y se trasladó a vivir a Nueva York como traductor de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Aprovechando la tesitura y recopilando todo lo que allí vio, en 1986 publicó Nueva York, un recorrido personal por la ciudad de los rascacielos.

La Nueva York que describe Mendoza, sin embargo, poco se parece al que hoy podemos visitar. Por aquel entonces, Nueva York todavía era una ciudad peligrosa, con un alto índice criminalidad, prostitución callejera y suciedad. El lector no debe confundir este libro, pues, con una guía turística al uso, sino como un recorrido idiosincrásico por la ciudad, en la que Mendoza quizá no recurre tanto a su humor acostumbrado pero que igualmente nos deleita con toda una colección de anécdotas curiosas y simpáticas.

Lo cual no desmerece el libro; el mismo Mendoza ya advierte que las guías de viaje también quedan desfasadas a los pocos días de haberse impreso.

Mendoza habla de la inmigración, de los indios algonquinos que viajaban por el río Hudson en sus canoas. Pero también habla de restaurantes, cafeterías o simples calles. Incluso del color del cielo. Así que he de confesar, pese a todo, que algunos pasajes me han resultado soporíferos por su intrascendencia. Lo cual decepciona al lector acostumbrado al vitriólico Mendoza de Sin noticias de Gurb o al renovador de la novela española de La verdad sobre el caso Savolta.

Pero de todas formas, Nueva York es una lectura satisfactoria, se contemple como una radiografía de la ciudad o no. Y algunos detalles aparentemente insignificantes seguramente nos acabarán revelando subliminalmente mucho más sobre la ciudad más importante del mundo que las frías estadísticas. Por ejemplo, Mendoza escucha y reproduce un extravagante monólogo de un taxista hispano: “Todas las gringas están locas de atar. Los gringos también lo están, pero se les nota menos porque gastan las energías en trabajar y en ganar dinero…”. Y de vez en cuando, incluso introduce alguna pequeña trama para captar nuestra atención.

En definitiva, un librito menor pero agradable, con sus más y sus menos, que se lee de un tirón y que puede que te permita ver Nueva York de otra forma más íntima y cotidiana. Aunque ya aviso que el libro está un poco difícil de encontrar y quizás tendréis que tirar de biblioteca.

Llegué por consiguiente a Nueva York con un montón de tópicos por bagaje. Si hubiese emprendido el viaje unos años más tarde, estos tópicos, sin dejar de serlo, habrían tenido un signo radicalmente distinto. En los años que siguieron a mi llegada, Nueva York superó la crisis y pasó de ser la escoria de las ciudades a ser la ciudad por antonomasia, la ciudad de moda. Yo tuve oportunidad de ser testigo de esta metamorfosis, pero quien espere encontrar en las páginas que siguen una explicación coherente del fenómeno se verá defraudado de plano: ni sé qué pasó ni sé por qué las cosas tomaron ese sesgo y no otro. Cuando llegué a Nueva York había barrios en los que sólo habitaban las ratas. Hoy celebridades de todo el mundo pagan fortunas por adquirir un apartamento en ese mismo sector. Naturalmente, los que previeron esta evolución con tiempo amasaron verdaderas fortunas. Éste no fue mi caso, como es obvio. Si algo tuve, lo dejé perder.

Editorial Destino
Colección Las ciudades nº 1
168 páginas

Más información | Wikipedia

Votos 0 ¡vota!
Anunciate aquí
Anunciate aquí
Anunciate aquí
+ Deja tu comentario

Escribir un comentario

Para hacer un comentario tienes que identíficarte: ENTRA o conéctate con Facebook Connect

Destacados

 Papel Banner

Lo mejor en los últimos 15 días

Anunciate aquí

WSL Weblogs SL