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Un fan edita el libro de Jack Torrance en 'El resplandor'

Un fan edita el libro de Jack Torrance en 'El resplandor'
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¿Cuántas películas han llegado a ser tan míticas como El resplandor de Stanley Kubrick, basada en la novela de Stephen King? Sus vertiginosos y laberínticos pasillos, su fama de maldita, el rostro descompuesto de Jack Nicholson, el estridente doblaje de Verónica Forqué. Pequeños ingredientes que componen una angustiosa encerrona en el que más de uno ha querido perderse.

En el caso de Phil Buehler, un devoto de la obra de Kubrick y King, su particular obsesión era el libro que el personaje de Jack Torrance escribe en el hotel Overlook mientras se ve arrastrado por la locura. Tanto que ha terminado por escribirlo él mismo y autopublicarlo. ¿Dónde está lo peculiar? Pues que como recordareis el libro de Torrance se compone de una sola frase repetida al infinito (en inglés: All work and no play makes Jack a dull boy). Y precisamente eso contiene el libro de Buehler: ochenta páginas con combinaciones de la misma frase.

Las primeras diez páginas reproducen lo que la película muestra, las formas escalonadas que toman los epígrafes de Torrance, pero a partir de ahí le tocaba improvisar. Pensé, si se sigue volviendo loco, ¿qué pinta tendrán las páginas? - explica. Así que pasamos de las escaleras a los zigzags y los espirales, y a cualquier forma realizable con una máquina de escribir.

Buehler admite que se quedó bloqueado en la página 60, pero de algún modo logró cumplir con el volumen canónico. No parece que el esfuerzo haya sido en vano. Tras subirlo al sitio de autoedición Blurb.com las ventas han empezado a llegar y hay hasta quien pide copias firmadas, tratando el libro como absoluto objeto de culto.

Quien no se ha pronunciado aún sobre este homenaje espontáneo que hace irrumpir su obra en la vida real es el propio maestro del suspense. Imaginamos que sonreirá complacido al leer la noticia, instantes antes de estallar en violentas y estentóreas carcajadas mientras truenos y relámpagos retumban contra los cristales de la ventana a su espalda.

Vía | The Guardian

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