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¡Guau! ¡Miau! Los mejores libros protagonizados por animales inteligentes

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El otro día tuvieron la gentileza de invitarme a subir al primer vuelo español impulsado con biocombustibles a fin de que escribiera sobre la experiencia, y durante el viaje (que no difería de cualquier otro viaje con combustible normal), me imaginé que no aterrizábamos en Barcelona sino en Dafen, el pueblo donde se falsifican el 70 % de todas las pinturas del mundo). Un lugar ideal para discutir sobre qué es el arte y qué no lo es, rodeado de falsificaciones y de artistas que no buscan la gloria sino dar de comer a sus hijos. Pensé en Dafen porque precisamente en ese momento leía sobre Dafen.

Y también leía sobre el arte inspirado en animales. Concretamente en libros que han sido inspirados por animales o que cuentan con animales como protagonistas. Ello me llevó a tirar del hilo de la memoria y recordar todas mis novelas juveniles y no tan juveniles.

Así que reunámonos todos junto al fuego a recordar libros de animales, y como estamos en Dafen, que nos rodeen falsificaciones de los famosos cuadros de principios del siglo XX de C.M. Coolidge en los que aparecen perros adoptando actitudes humanas, sobre todo la serie de 16 óleos dedicada a perros jugando al poker. Los más conocidos son A Bold Bluff y Waterloo, que en Estados Unidos son un icono de la cultura pop: en el especial de Halloween de la quinta temporada serie televisiva Los Simpson, por ejemplo, aparece el mencionado lienzo y Homer, invadido por un ataque de terror, grita: “¡Son perros! ¡Perros jugando al poker! ¡Uaaaahh!“.

La literatura siempre ha tenido especial predilección en imaginar mundos gestionados por animales inteligentes o por metáforas animales de nosotros mismos. Un ejemplo clásico es el de El viento en los sauces de Kenneth Grahame, una aventura protagonizada por un topo, un ratón, un tejón y un sapo. O la serie de 16 libros de Redwall de Brian Jacques, en la que una antigua abadía medieval está ocupada por ratones y otros animales que viven toda clase de aventuras épicas, con batallas, búsquedas de espadas legendarias y todo el imaginario propio de una obra de caballería.

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De connotaciones más políticas, es célebre La colina de Watership de Richard Adams, cuyos protagonistas son conejos parlantes.

Historias protagonizadas por gatos hay muchísimas, siendo sin duda el gato mas famoso es aquél de sonrisa evanescente de Alicia en el País de las Maravillas, Cheshire; aunque no puedo olvidarme de la saga felina La canción de Cazarrabo de Tad Williams o de las obras del siglo XIX de Ernst Theodor Amadeus Hofffmann que transcurren en Gran Ducado, un humilde estado de Alemania, que es el lugar de nacimiento de Murr, el único gato del mundo que ha resuelto el secreto de la filosofía felina.

Como se describe en Breve guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, Murr es autor del célebre ensayo Divertimentos biográficos en el tejado, donde Murr:

Fue el primero en trazar una distinción científica y filosófica entre el gato estudiante que vaga por los tejados, de voz resonante, alma pura y estómago vacío, y el gato prosaico y calienta-cojines, acurrucado junto a un arenque frito y un cazo de deliciosa leche y con una excusa siempre a punto para no compartir su comida.

Y así sucesivamente encontraríamos toda clase de animales protagonizando hazañas propiamente humanas o acompañando a humanos en sus avatares, como caballos (como la precursora de 1877 Belleza negra de Anna Sewell), delfines (The Dolphins of Pern de Anne McCaffrey), osos (Un oso llamado Paddington de Michael Bond), cerdos (Babe, el cerdito valiente de Dick King-Smith), cisnes (The Trumpet of the Swan) e incluso arañas (Charlotte´s Web de E. B. White). Aunque el lugar literario donde más animales viven es sin duda en la República de los Animales, surgida en 1654 de la imaginación de Jean Jacobé de Frémont d´Ablancourt en el Suplemento de la historia verdadera de Lucien, donde los corderos se pasean con los lobos, los halcones vuelan junto a las palomas, los cisnes tienen amistad con las serpientes y los peces nadan en compañía de castores y nutrias.

La República de los Animales está gobernada por el ave fénix y sus embajadores son los monos. Los tigres y los leones son soldados; los gansos y los perros, centinelas; los loros, intérpretes; las cigüeñas, médicos; y el unicornio es el toxicólogo jefe y se ocupa de buscar antídotos de todos los venenos. El espectáculo más importante de esta región que no figura en los mapas es el “Desfile de los colores”, en la que participan todas las aves del Paraíso. Su religión: el culto al Sol (excepto la secta de los elefantes, que tienen un culto a la Luna).

Los zoológicos, en ese sentido, siempre me han parecido la antítesis de un reino para los animales. Sería como considerar que los habitantes de la granja de La rebelión de la granja están a gusto viviendo bajo la férula de Bola de Nieve.

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