Compartir
Publicidad

Lecturas ambulantes

Lecturas ambulantes
Guardar
12 Comentarios
Publicidad

Hace poco comentábamos en esta bitácora la iniciativa de la compañía del Tranvía de San Sebastián de regalar un libro a sus pasajeros cada domingo. No son los únicos que animan a la lectura. En el metro de Barcelona pueden verse dispensadores de libros con las últimas novedades en edición de bolsillo, para calmar ansias lectoras. En Madrid se ha puesto en marcha hace poco el Bibliometro, una serie de pequeñas bibliotecas con un fondo de unos 500 libros que el viajero puede retirar en préstamo. En Japón los quioscos venden mangas organizados por tiempo de lectura; así se adecuan a la duración de tu trayecto.

En una sociedad en la que pasamos buena parte de nuestro tiempo en el desplazamiento a nuestros lugares de trabajo es normal intentar hacer más entretenido el viaje. Yo no sé salir a la calle sin un libro en la mano y buena parte de mis lecturas han transcurrido en vagones de metro y autobuses. Pero además de tener el vicio de la lectura compulsiva también tengo otro menos confesable: ser un cotilla.

Cuando veo a alguien con un libro me gusta averiguar el autor y el título; más de una vez he estirado el cuello - disimuladamente - o me he arrodilado para atarme unos cordones que no llevaba para satisfacer mi curiosidad. Lo más habitual es que sea el best-seller de moda, pero de vez en cuando te llevas sorpresas. Ayer vi a un chico leyendo Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño y hoy una chica leía Viajes por el Scripturium de Paul Auster.

¿A ustedes también les gusta cotillear los libros ajenos? ¿Alguna vez han visto un libro que les haya sorprendido?

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio