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Lecturas frustradas: no siempre la culpa es del libro

Lecturas frustradas: no siempre la culpa es del libro
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A las anotaciones de Luisfer acerca de los libros sobrevalorados, así como a vuestros comentarios sobre los mismos me remito para reflexionar sobre varias cuestiones. He visto en ciertos comentarios que la mala experiencia con libros proviene en muchas ocasiones de una lectura obligada.

Sí, esos libros que todos recordamos con amargor, que nos impusieron en el colegio o en el instituto y para los cuales no estábamos preparados. O para los que no estaban preparados nuestros profesores y como consecuencia de ello no nos los supieron presentar de manera adecuada. Porque a casi cualquier libro es posible sacarle algún aspecto positivo y lo difícil es venderlo bien. La motivación es un factor importantísimo a la hora de afrontar la lectura de una obra a esas edades.

La lectura temprana, inmadura, de una obra literaria, también puede frustrar el acercamiento a ciertos libros.

Nuestra experiencia como lectores se puede echar a perder porque el libro en cuestión no es adecuado a nuestra edad, porque no estamos preparados, no ya como lectores, sino simplemente como personas. Esta frustración probablemente deje una huella oscura en nuestro recuerdo que no queramos volver a pisar. Porque aquel libro era un tostón.

Sin embargo, en algunas ocasiones animo a una reaproximación a determinados libros que nos dejaron tan mal sabor de boca, porque hemos cambiado, porque sabemos más, porque hemos leído otras cosas o porque nos hemos informado sobre lo que tenemos entre manos. Incluso se puede dar el caso de que una buena adaptación cinematográfica nos haga retomar aquellas obras. Me sucedió a mí con El señor de los anillos.

En el caso de las lecturas difíciles por su lenguaje, aquellas escritas en castellano antiguo, y/o versificadas, en ocasiones es una cuestión de paciencia y de no tomar las notas a pie de página como un lastre insalvable. Como ya he comentado alguna vez, hablando de Fuente Ovejuna o del Cantar de Mio Cid, el esfuerzo inicial de la lectura te acaba familiarizando con el lenguaje de entonces, y en obras como ésas el esfuerzo merece la pena.

Otra opción son las versiones que modernizan el lenguaje, o lo prosifican en el caso de que esté en verso, y aunque yo prefiero acercarme al original reconozco que para mucha gente puede ser la solución.

¿Y qué me decís de los libros interminables, que asustan sólo por su volumen? Si nos da pereza regresar a aquellos enormes libros que nunca acabamos, en ocasiones podemos encontrar buenas adaptaciones literarias que nos aproximen a la obra. Puede ser un primer paso para volver a intentarlo con el original.

Y si no, qué caray, probemos con otra obra, para qué empecinarnos. Si será por libros... Porque hay veces que, por más que hayas oído o leído que tal novela es una obra maestra, no le pierdes el miedo.

En Papel en Blanco | Lecturas que se dejan a medias, Clásicos adaptados

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