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Os voy a dar 3 consejos para ser escritor... aunque el relleno pueda estar caliente cuando se caliente

Os voy a dar 3 consejos para ser escritor... aunque el relleno pueda estar caliente cuando se caliente
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Que existen recetas infalibles para convertirse en escritor es una leyenda urbana a la altura de que en las cloacas de Nueva York viven caimanes gigantes, que la llegada a la Luna es un camelo y fue filmada en un estudio de Hollywood o que el número de estrellas que hay dentro de la “P” del título de la portada de la revista Playboy indica las veces que Hugh Hefner ha tenido relaciones con la muchacha del desplegable.

Bueno, vale, no voy a ser tan injusto. No es como creer una cosa para idiotas. Creer que existen recetas infalibles para ser escritor es como repetir perogrulladas como la que figura en la caja de Pop-Tarts de Kellog´s, que dice: “cuidado: el relleno puede estar caliente cuando se calienta”. Llamativas bengalas que no dicen nada que no sepamos (aunque lo digan de otra forma muy distinta): como que en las pepitas de manzana hay cantidades perceptibles de cianuro, un compuesto de conocida toxicidad para los humanos. O que cualquier cosa que nos rodea atrae a todos los cuerpos del universo con una fuerza igual al producto de sus masas dividido por el cuadrado de sus distancias.

Acongoja, pero en realidad no aporta nada que no sepamos ya.

Sin embargo, de vez en cuando recibo correos de lectores que me preguntan acerca de la receta para convertirse en escritor. O sencillamente me envían algún escrito suyo con la intención de que lo someta a mi escrutinio. Es entonces cuando me veo entre la espada y la pared.

Yo no soy quién para enseñar a escribir al personal porque me falta largo trecho en esto de dominar la tecla. Y, como he dicho, no creo que haya recetas ni consejos universales. Sin embargo, soy de natural cortés con la gente que se toma la molestia en contactar conmigo, y como lo de despachar el correo con un simple “mira, tío, no sé”, queda un poco como si quisiera escurrir el bulto, he llegado a establecer tres puntos básicos que considero, si no universales, que son bastante importantes a la hora de ponerse a trajinar con la pluma (o la tecla).

-Lo principal son las faltas de ortografía. Es fundamental ser muy pulcro en ese aspecto porque puede estropear el juicio que un editor se haga sobre ti: un texto con demasiadas faltas de ortografía es sinónimo de que no se ha trabajado, no se ha corregido lo suficiente. Y muy poca gente es capaz de escribir espontáneamente de tal forma que apenas se necesite corregir nada. Así que intentad enmendar las faltas de vuestros textos, incluso las tipográficas, y ganaréis muchos puntos. Sobre todo intentad mejorar la puntuación: poner comas o puntos y comas es todo un arte. Y creo que solo en 10 % de la población escolarizada es capaz de hacerlo con solvencia.

-No menos importante es la musicalidad. Generalmente, la prosa de alguien que está empezando es muy mecánica o incurre en algunas cacofonías o repeticiones de palabras que entorpecen la lectura. Ser musical es muy difícil, saber engarzar bien las ideas y los sonidos requiere de mucha práctica y de la lectura atenta de los que saben hacerlo de forma magistral. En ese sentido, os recomiendo que leáis y releáis mil veces las obras de Luis Landero, Felipe Benítez Reyes, David Foster Wallace, Javier Calvo, Chuck Palahniuk... todos ellos tienen una musicalidad (cada uno en su estilo) envidiable.

-El último asunto son los temas de los que traten vuestras narraciones. Personalmente me gustan los cuentos que me descolocan, que me hacen sentir y vibrar, los que me obligan a reflexionar. Pero bueno, hay cuentos para todos. A veces una simple anécdota ya es un cuento. Pero lo que considero importante es que, aunque expliquéis cosas anodinas o cotidianas, intentéis hacerlo como si fuera algo nuevo o especial. La habilidad de un buen narrador se mide precisamente por ese rasero: cuando consigue atraparte aunque te esté explicando cómo una mujer se enciende un cigarrillo. Las palabras e imágenes que escojáis en ese sentido tienen que ser especiales. Nunca os pleguéis a las convenciones. Intentad brillar con vuestro estilo. Y, sobre todo, practicad muchísimo. Cada día.

No os desaniméis, no desistáis, y no tengáis miedo de picar en las puertas de las editoriales. Aunque también os advierto que éstas son bastante reacias con los narradores noveles, así que os sugiero que lo intentéis con más brío con los premios literarios: es una excelente manera de darse a conocer y de adquirir seguridad en uno mismo.

Ah, y recordad… el relleno puede estar caliente cuando se calienta.

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