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"¿Servicio de habitaciones? Súbame al cuentacuentos"

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El Hotel Andaz de Londres es único en el mundo por el servicio de habitaciones que presta: nada más ni nada menos que la posibilidad de enviar un cuentacuentos al huésped para que le lea antes de dormir. El escritor y periodista Damian Barr es el encargado de ejercer de 'lector residente', como él mismo se denomina. Cualquier cliente del hotel puede tener a Barr durante una hora para escuchar cómo le relata o discutir de literatura con él. Si la situación le resulta violenta, no hay problema, el servicio también se presta por teléfono.

Barr explica que la idea de ejercer de 'lector residente' se le ocurrió al encontrarse un día en un viaje de trabajo en el extranjero y descubrir que se había olvidado sus libros. Estaba desesperado por leer mis libros y pensé que mucha gente que lee libros podría estar en una situación similar a la mía. Más que un negocio, Barr considera su oficio como una manera de fomentar la lectura y de paso mitigar la soledad en la que se encuentra frecuentemente el viajero de paso.

Creo que el que alguien te lea es una experiencia íntima que, si estás en un viaje de negocios o estás lejos de casa y solo, te da un poco de contacto cercano con otro ser humano

Eso sí, las situaciones comprometidas pueden producirse y hay un límite que Barr no permite sobrepasar.

No me meteré en la cama con alguien para leerle un libro, yo me siento en una silla. No soy un prostituto literario.

Los hoteles y demás lugares de tránsito han sido lugares literarios por derecho propio. Se podría sostener que son indispensables para la literatura. Un extraño llega al palacio de un rey argivo, al castillo de un señor, a la venta de Maritornes, y relata una historia, quizás la suya propia. Esta es la historia más vieja del mundo, la que sigue circulando entre los que son viajeros. Los aviones, móviles y redes telemáticas no cambian esa sensación de soledad y desarraigo que le sorprende a quién duerme lejos de su hogar.

No hace mucho sobreviví a una noche entera en el aeropuerto de un país que pisaba por primera vez gracias a tener conmigo un ejemplar de Rayuela. Resultó una experiencia intensísima, lugar extraño, idioma desconocido, situación precaria, con una obra literaria como única referencia, una lectura desesperada que aún recuerdo con desazón. El oficio de Barr es sorprendentemente humano y tierno al mismo tiempo. Toda literatura es consuelo, pero él además quiere ser la voz amiga que nos acompañe en el camino.

Via | BBC Mundo

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