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Las bibliotecas, las casas y la promoción de la lectura

Las bibliotecas, las casas y la promoción de la lectura
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Para quienes leemos y amamos los libros es obvio que toda casa debería tener una biblioteca. De hecho, no me imagino una habitación sin libros, una mesa, una estantería, una esquina dedicada a la lectura. Pero eso que para mi, y para muchos, es natural e, incluso, necesario para vivir, para otros ni siquiera entra dentro de su representación de la realidad. Nunca habia pensado en eso hasta los últimos tiempos en los cuales he tenido, por razones laborales, que meterme un poco más en el tema de las ediciones populares (de gran tiraje), la promoción de la lectura, las bibliotecas familiares, las bibliotecas públicas ... y la vivienda.

Respondo al impulso de escribir sobre esto después de haber leído algunas reflexiones acerca del tema de las bibliotecas y las casas a raíz de la intervención del presidente de México cuando promulgó la nueva Ley de la Lectura y el Libro en ese país latinoamericano. Felipe Calderón habló, entre otras cosas, de que hay un proyecto en México para que en los planes de construcción de casas populares se incluya un espacio para acoger las bibliotecas básicas o populares que el gobierno mejicano quiere promover. De hecho instruyó a sus ministros para propulsar la existencia de una Biblioteca Básica que llegue a las Viviendas Populares.

Cuando leí eso me sonó muy conocido porque justamente eso ha estado ocurriendo en Venezuela también, donde se han estado imprimiendo miles y miles de ejemplares de libros dirigidos a clases populares que tradicionalmente no tienen acceso a ellos, pero se han encontrado con el hecho de que no hay espacio en los hogares (y a veces tampoco en las instituciones) en las cuales se puedan guardar esos libros para que la comunidad acceda a ellos.

Anoto el tema aparte para una entrada posterior acerca de las Bibliotecas Populares ya que me doy cuenta de que se trata de una iniciativa latinoamericana y me propongo averiguar si hay experiencias de ese tipo en Europa. Pero lo que relamente me interesa tratar hoy es el tema de la biblioteca como representación y como apropiación social, ya que resulta llamativo que los proyectos de construcción no las incorporen como un espacio de la casa, ni siquiera en países como México que es uno de los de mayor tradición editorial del continente.

Aparece la idea de que la biblioteca se construye en casa y tiene todo el sentido porque es justamente en casa donde los niños pueden (y deben) tener contacto con los libros como objeto y encariñarse con ellos, entenderlos como un objeto (especial, si, pero objeto al fin) cotidiano, que está allí igual que lo están los juguetes o las tazas y los platos. Y no se trata de denigrar a los libros sino de acercarlos a las personas, a los niños, a los adolescentes y que les tengan cariño, el mismo que probablemente cada uno de ustedes recuerda haberle tenido a los cuadernos el primer día de clases cuando lo abrieron por primera vez, lo olieron y lo acariciaron.

Tener una biblioteca en casa ya es bastante y para una familia humilde una biblioteca es probablemente apenas un anaquel en el cual colocar los primeros libros que reciban o que compren. Y aquí entramos en otro tema también importante que es el de la gratuidad o no de los libros ya que muchas de estas bibliotecas populares son regalos del Estado, pero a ello otra entrada. Por lo pronto el asombro de quien no puede pensarse a sí misma sin estar rodeada de volúmenes de papel: organizados unos, arrumados en pilas otros pero libros, libros, libros.

Y en tu casa: ¿hay biblioteca?

Más información | Dotar los hogares con biblioteca básica En Papel en blanco | Promulgada nueva Ley de la Lectura y el Libro en México

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