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Nueva biografía de Larra con vistas a su bicentenario

Nueva biografía de Larra con vistas a su bicentenario
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El año que viene se cumplirán doscientos años del nacimiento de Mariano José de Larra. Junto a los numerosos homenajes, resurgirán los debates sobre su figura, sus ideas y también sobre la cuestión de su sucidio. Algunos de estos temas aparecerán en la biografía que está preparando Jesús Miranda de Larra, descendiente del célebre escritor.

Además de aportar nuevos datos sobre su vida y curiosidades como un mechón de pelo o la banda fúnebre que cubrió su féretro, Miranda afirma que la relación de su antepasado con Dolores Armijo sólo fue un detonante más en una profunda inquietud que tenía como principal causante la realidad española de aquella época. Según él, la impotencia de Larra ante un país y una sociedad que se le antojaban insostenibles, fue la verdadera causante de su crisis vital.

Lo cierto es que esto tampoco nos dice nada nuevo. Ya en artículos como El día de difuntos o La nochebuena, ambos de 1836, Larra había cambiado su mordacidad característica por una melancolía tétrica y falta de esperanza. De hecho, quizás fuera en ese periodo cuando sacó a relucir su vena más romántica. En cualquier caso, es evidente que su insatisfactoria vida sentimental fue decisiva, porque le negó el único consuelo que aún le quedaba a un hombre desengañado.

Larra es un personaje fascinante, pero no sólo por el hecho de haberse quitado la vida antes de tiempo. Por un lado, está su indiscutible ingenio y su lúcida capacidad de observación. Retrató su época mejor que cualquier otro cronista. Pero para mí lo interesante es cómo consiguió dar suficiente categoría a los escritos humorísticos como para que no se anclasen en el estatus de simples divertimentos.

Con él, la ironía alcanzó una enorme sutilidad que nunca le impidió ser certera e incluso hiriente. Por paradójico que parezca, el hecho de tener que lidiar con la censura influyó positivamente en la configuración de este estilo. En él, las contradicciones del ser humano se hacen patentes, al convivir en una misma persona un saludable sentido del humor con la más aguda de las melancolías.

España no debería haber vuelto a ser la misma después de los artículos periodísticos de Larra, que más bien deberíamos considerar como relatos de gran calidad narrativa. Sin embargo, al releer Vuelva usted mañana o El mundo todo es máscaras, tengo la impresión de que los últimos doscientos años apenas han cambiado nada.

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