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Ex-libris: la huella personal en los libros

Ex-libris: la huella personal en los libros
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Mucho antes de saber lo que era un ex libris ya tenía la costumbre de dejar mi impronta personal sobre cada libro que conseguía. Primero lo hacía del modo más "rústico", la firma, tan informal, tan poco uniforme; después me regalaron un sello personal, mucho más limpio pero algo insípido (seguía conteniendo sólo mi nombre). Desde hace unos años, y haciendo uso de las fuentes artísticas familiares, confecciono de forma casera ex libris con estampas que renuevo cada tanto. Sin darme cuenta he seguido el camino natural de esta señal de propiedad y ya es una costumbre que he convertido en obligación: ningún libro ocupa mi biblioteca sin recibir antes su 'marca de fuego'.

Literalmente ex libris significa de entre los libros y con este término nos referimos a las marcas de propiedad (una estampa, una etiqueta o un sello) que se suelen colocar en el reverso de la cubierta de un libro y que incluyen el nombre del dueño o de la biblioteca a la que pertenece el ejemplar. Por lo general, al nombre del propietario lo precede la expresión 'ex libris', aunque existen variantes como 'ex bibliotheca', 'e-libris' u otras menos formales ('Soy de…').

Se considera que el primer antecedente del ex libris es una placa de barro cocido y esmaltada cuyos jeroglíficos apuntan al faraón egipcio Amenhotep III (siglo XV a.C.) como su propietario. Supuestamente fue utilizada como marca en los estuches de los rollos de papiro de su biblioteca. En la actualidad se halla en el Museo Británico.

Durante la Edad Media los ex libris más difundidos consistían en anotaciones manuscritas en los códices. Recordemos que, por aquel entonces, la producción de un libro era una tarea ardua, meticulosa y lenta, de ahí que los monjes fuesen tan celosos con los tomos que tanto esfuerzo les suponían. Eran comunes las inscripciones solicitando la devolución del libro al propietario:

Este libro pertenece a los monjes del monasterio de Santo Jacopo de Ripoli en Firenze. Quien lo coja, tenga la bondad de devolverlo pronto y sin ningún desperfecto. Este libro es mío.

Otras, incluso, iban acompañadas de una serie de maldiciones para los amigos de lo ajeno. Como ésta encontrada en el templo de Daigoji (Japón):

Robar este libro cierra las puertas del Cielo, y destruirlo abre las del Infierno. El que tome este libro sin permiso será castigado por todos los dioses de Japón.

Pero es a partir de la invención de la imprenta y de la técnica del grabado cuando el ex libris se convierte en lo que es hoy día. El más antiguo data de 1470 en Alemania. Los libros ya no eran exclusividad de los reyes y del clero, y los propietarios de las grandes bibliotecas deseaban dejar muy claro a quién pertenecían todos esos volúmenes, para ello requerían que cada volumen estuviese marcado con un ex libris pintado a mano. Son célebres las aportaciones de artistas de la talla de Durero, Holbein o Cranach.

En una primera etapa (siglos XV al XVIII) predominaron los de tema heráldico, dado que los que podían acceder al mundo del libro (al margen de la Iglesia y de la realeza) solían ser miembros de familias nobles. Desde el siglo XVIII comenzaron a destacar los alegóricos, con símbolos o emblemas. Los escudos fueron sustituidos por figuras alusivas al libro, a la temática de ese título en concreto, a la profesión de su dueño o a su pensamiento filosófico. La época dorada de estas marcas de propiedad se produjo durante el Modernismo (finales del XIX y comienzos del XX), con el auge de la bibliofilia y el coleccionismo.

En cuanto a la técnica empleada ha sido muy variada: desde la xilografía y la calcografía, a la litografía, la serigrafía y el fotograbado. En nuestra época la gran mayoría de los ex libris se diseñan por ordenador y se imprimen o se reproducen fotográficamente, aunque continúan usándose sellos de caucho y la estampación en relieve.

En España, el primer gran tratadista sobre el tema fue Mariano Pardo de Figueroa, bajo el seudónimo de Doctor Thebussem y destaca, como principal referencia, la escuela catalana, con artistas como Alexandre de Riquer, Joaquim Renart y Josep Triadó. Precisamente, a través de la Biblioteca Virtual Cervantes pueden recorrerse los números de la Revista Ibérica de Ex Libris que se publicó entre 1903 y 1906.

Con motivo del IV centenario de la publicación de la primera parte de 'El Quijote', y dentro de la Cátedra Cervantes de la Universidad de Castilla-La Mancha, se digitalizó la magnífica colección de ex libris cervantinos del doctor Gian Carlo Torre. A través de la web puede accederse a los más de 1.000 ejemplares, catalogados de forma exhaustiva.

Por su parte, la Real Biblioteca dispone de una interesante colección (también disponible desde la red), dividida en tres tipos: ex libris propios de la Biblioteca, ex libris personales de reyes y miembros de la Casa Real, y ex libris de bibliófilos cuyas colecciones fueron adquiridas o donadas.

Como se publicó en el primer número de la mencionada Revista Ibérica:

[los ex libris son] pequeñas obras de arte destinadas a marcar la posesión del libro

Un camino más que seguir, curioso y fascinante, para recorrer la historia de ese objeto tan bello: el libro.

Imagen: Ex libris Jaromír Bílek, República Checa,1962. Colección de Gian Carlo Torre.

Más información | The world of Ex-Libris, Wikipedia

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