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Construye poemas con cadáveres exquisitos, con monos infinitos y con un RACTER artificial

Construye poemas con cadáveres exquisitos, con monos infinitos y con un RACTER artificial
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Bien saben los que siguen mis lucubraciones un tanto locuelas que las poesías me parecen una estafa: ripios publicitarios, mensajes para estampar en una camiseta, elóganes rimados, canciones de verano, las tan en boga batallas verbales de raperos... que pretende cristalizar una enseñanza más fácilmente recurriendo a la musicalidad (como un mantra adormecedor, un discurso zombi, una paremiología simplificada, un dogma, un meme musical). Vestir ideas simples con lenguaje oscuro transmite muchas más sugerencias al lector, hasta el punto de que lo leído puede llegar a significar cualquier cosa, dependiendo de la idiosincrasia del lector.

Si embargo, las creaciones surgidas de lo aleatorio me fascinan. La falta de claridad y la ambigüedad en la ficción me estremecen. Por eso siento devoción por ejercicios poéticos como el propuesto por Cadáveres exquisitos.

El origen de Cadáveres exquisitos es el siguiente. Tras la Primera Guerra Mundial, Paul Eluard, y otros, se reunieron en un café e intentaron hacer el siguiente ejercicio (la crítica literaria considera que el ejercicio fue espoleado por el sentimiento depresivo tras la guerra y la necesidad de evadir la realidad). El ejercicio consistía en que cada uno escribiera por turnos en un papel doblado un fragmento predeterminado de una frase sin saber lo que habían escrito los demás.

El primero escogería un adjetivo, el segundo un nombre, el tercero un verbo, el cuarto un adjetivo y el quinto un nombre. El primer ejercicio publicado de este orden aleatorio (y colectivo) produjo la siguiente frase poética:

Los cadáveres exquisitos beberán el vino nuevo.

Al pone suficientes palabras juntas, terminará surgiendo, si atendemos a las leyes de la combinatoria, cierto tipo de metáfora poco habitual y con un sonido mágico (y una prueba más de que escribir poesía de forma atractiva puede surgir de la inspiración, sí, pero también de la mera casualidad, algo que no es tan sencillo que ocurra con la prosa). Los cadáveres exquisitos, pues, son una suerte de simplificación (poética) de la imagen del teorema de los monos infinitos, que afirma que un mono que pulsara teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier obra de Shakespeare.

Una versión artificial y electrónica de los cadáveres exquisitos sería RACTER, acrónimo de un programa de ordenador que es capaz de construir historias y poemas simplemente eligiendo palabras sucesivas al azar de su diccionario. Si la palabra escogida se adecua gramaticalmente, RACTER la deja y pasa a la siguiente palabra de la oración. Pero si no se adecua, entonces RACTER elimina la palabra y busca otra.

Las frases que producía el programa eran desatinos sin significado, pero un lector humano con suficiente imaginación podía extraer de ellas significados recónditos. Hasta el punto de que el libro recibió comentarios positivos en los periódicos de mayor tirada.

Vía | ¿Existe la suerte? de Nassim Taleb

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