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Escritura Creativa: Diccionarios, ficción continua.

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Que nuestros lectores picados por la escritura lo prueben. Los diccionarios son una fuente de ficción continua siempre y cuando se usen como es debido. Ya saben ustedes que estas armas la carga el demonio. El demonio del que hablaba Vargas Llosa en su ensayo Cartas a un joven novelista o los fantasmas de los que se ocupa Ernesto Sábato en El escritor y sus fantasmas. Da igual: el diablo o fantasma que llevamos dentro carga los diccionarios para dispararle al folio en blanco. Expliquemos el asunto.

Los diccionarios son como un supermercado por el cual te puedes pasear e ir comprando ingredientes para luego guisar tus argumentos. Son una suerte de bitácora para el universo, porque desde allí las cosas van adquiriendo nombre y su textura y abandonamos, a fuerza de saber cómo se llaman las cosas o qué significan, la imprecisión y la falta de confianza con las historias que vamos a contar.

Si quieres comenzar por alguna parte a guisar tu argumentos, a disparar tu creatividad, pásate por un diccionario pero no seas en exceso académico: unos huevos fritos de toda la vida, si los mezclas con queso roquefort ¿qué te saldría? no sé, inténtalo en tu cocina esta tarde pero lo más seguro es que sabrán diferente. Por ello. Busca cualquier tipo de diccionario para capturar ideas que comiencen a gestar una historia. Dijimos que el papel en blanco causa cierto vértigo a veces, no sabemos por dónde empezar pero, si te angustia esa idea del arranque, pásate por un diccionario.

Existe uno que se llama Diccionario de Ideas afines (Editorial Herder, 2000 7ª edición) de Fernando Corripio que es muy útil a la hora de escribir. Por ejemplo si buscas la palabra “chocolate” te pone al lado todas las ideas relacionadas: tipos, ingredientes fabricación, etc. Todo ello con sus términos concretos que van despertando la creatividad. Luego tengo uno de términos legales que define en tono jurídico ciertas palabras. Ni siquiera lo tengo de la A a la Z pero es rico en sus matices y texturas.

Luego está uno de Andrés Trapiello que se llama El arca de las palabras (Fundación José Manuel Lara, 2006) que se dedicó a cazar palabras y a elaborarles un particular significado combinando términos, publicándolos en el Diario La Vanguardia. El de María Moliner, Diccionario de uso del español, indispensable, y el de Manuel Seco, Diccionario del español actual, una maravilla de la erudición y de amor a esta lengua nuestra.

Flaubert y otros locos de las letras leían el diccionario. No por ser pretenciosos si no por ser precisos, por enlazar palabras que los llevaran al conocimiento más exacto de lo que les rodeaba para después inventarse los nombres de sus propios universos. Hagamos la prueba ver qué pasa.

Si tiramos de una palabra saldrá otra y otra y si la combinamos con un color, con una atmósfera y le ponemos nombre al que habita esas palabras, se irá levantando una historia que crecerá en la medida que la trama marche por el camino de las palabras. La conexión puede ser infinita y la ficción puede durar hasta que el tiempo deje de ser.

En Papel en Blanco | Escritura Creativa: Miedo blanco.

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