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'Los Simpson', ¿una obra literaria?

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Pues si, la pregunta es bastante extraña, por no decir falta de toda cordura. Pero a Henry Keazor, catedrático, historiador de arte para más señas, se le ocurrió afirmar en Berlín que la famosa serie de televisión debería ser considerada una obra literaria y yo quiero tomarla como excusa para iniciar una reflexión que seguramente trascenderá este post.

El argumento principal para rendir homenaje a la serie televisiva creada por Matt Groening es que ya forma parte de la literatura universal, entre otras cosas, porque en ella han aparecido personajes fundamentales de la historia mundial del siglo XX.

Para el profesor Keazor, quien da clases en la Universidad de Frankfurt, Los Simpson han trascendido el género televisivo y son una referencia permanente para intelectuales, políticos, docentes y estudiantes por la riqueza de metáforas y juegos de ironía en ella presentes.

Habrá que ver qué piensa cada uno de ustedes, pero para mi es claro que no podemos hablar de una obra literaria, por la forma misma en la cual fue creada, el formato a través del cual es transmitido que determina una forma narrativa. Hablamos de una serie animada para la televisión que ha tenido el acierto de reflejar el imaginario cultural y familiar de la clase media de los Estados Unidos de Norteamérica. Eso es indudable y creo que es uno de sus aciertos, pero de allí a calificarla de obra literaria creo que hay un trecho.

El desenfado con el que se toma la libertad de incluir a personajes de la vida real nos habla de una suerte de meta-ficcionalidad, así como del uso de la parodia como recurso narrativo, que en la serie es fundamental. Hay una narrativa en los Simpsons, que se vale de la alusión a elementos culturales para generar en el expectador una empatía y resonancia que muchos narradores quisieran tener.

Sin embargo, lo narrativo no necesariamente es literario. Hay narrativa en todo lo que somos: construimos narrativas por el mero hecho de existir y, sin embargo, no todos somos literatos. No hay literatura por el hecho de que se creen narrativas.

Parodia y risa, burla e ironía son elementos literarios que si están presentes en la serie televisiva, pero de allí a hablar de una obra literaria, me parece que hay un trecho. Atención, no conozco las investigaciones del profesor Henry Keazor como para desmentirlo del todo, pero me sigue pareciendo una afirmación algo descabellada que a Harold Bloom debe encrispar especialmente.

Me apasionan los nuevos formatos y el impacto que tienen en la literatura, pero creo que si le damos el estatus de obra literaria a esta serie de televisión tendríamos que hacerlo con muchas otras y no tendríamos cómo parar.

Se abre el debate.

Vía | Revista Ñ

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