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Diccionario Literario: modos de discurso

Diccionario Literario: modos de discurso
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El modo es la categoría narrativa con la que se alude a las diferentes formas de discurso que pueden ser utilizadas por un narrador. El primer esbozo de clasificación de modos lo hace Platón, en su República, cuando distingue entre diégesis (desarrollo narrativo de los hechos) y mímesis (imitación del modo de hablar, gestos y ademanes de una persona) para referirse al modo de narración (cuando es el poeta o narrador el que habla) y al de representación (cuando cede la voz a los personajes). Esta distinción es fundamental en el estudio de la estructura del relato.

A lo largo de la historia de los estudios filológicos se han realizado diferentes organizaciones. Actualmente está prácticamente aceptada la clasificación en cuatro modos: el discurso relatado, el estilo directo, el indirecto y el indirecto libre, a los que se puede añadir el denominado discurso directo libre. El discurso relatado se produce cuando el narrador informa sobre el acto de habla (discurso exterior) o de pensamiento (discurso interior) de un personaje, pero sin especificar o sin desarrollar el contenido de su mensaje y sin reproducir la forma verbal de su discurso. Ejemplo ('La Regenta', Clarín):

La pobre Regenta estuvo elocuente, se figuró que el jefe del partido liberal dinástico la entendía…

El estilo directo es aquel en el que se reproduce textualmente el discurso del personaje (o el diálogo entre dos o más) con sus mismas palabras. En esta modalidad el narrador sólo introduce el discurso de su personaje, mediante el uso de verba dicendi. Ejemplo ('El Quijote', Cervantes):

–Este que sigue es Florismarte de Hircania –dijo el barbero. –¿Ahí está el señor Florismarte? –replicó el cura–. Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su estraño nacimiento y sonadas aventuras; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él, y con esotro, señora ama. –Que me place, señor mío –respondió ella; y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.

El estilo indirecto se utiliza cuando se enuncia el contenido del discurso (exterior o interior) de un personaje pero sin reproducir su forma de expresión. El narrador formula el discurso en su propio lenguaje y subordina, usando los signos gramaticales pertinentes, el discurso del personaje al suyo propio. En consecuencia, las referencias deícticas parten del narrador: la primera persona es el narrador, la segunda, el destinatario del discurso y la tercera, los personajes. Ejemplo ('Entre visillos', Martín Gaite):

Ayer vino Gertru. No la veía desde antes del verano. Salimos a dar un paseo. Me dijo que no creyera que porque ahora está tan contenta ya no se acuerda de mí; que estaba deseando poder tener un día para contarme cosas. (…) Dice que ella este curso por fin no se matricula, porque a Ángel no le gusta el ambiente del Instituto. Yo le pregunté que por qué, y es que ella por lo visto le ha contado lo de Fonsi (...)

El estilo indirecto libre aparece cuando en el discurso del narrador se reproduce tanto el contenido de la intervención del personaje como su peculiar forma de expresión. Para ello se suprimen los signos gramaticales de subordinación, de forma que el discurso del personaje aparece fundido con el del narrador. Gramaticalmente se caracteriza por el uso del imperfecto de indicativo, la reconversión de la primera persona en la tercera, la afectividad expresiva proporcionada por interrogaciones o exclamaciones y el uso de léxico que sería el propio del personaje… Ejemplo ('Miau', Galdós):

Y cuando el espectro de la necesidad se le aparecía y susurraba en su oído con terrible cifra el conflicto económico del día siguiente, doña Pura se estremecía de pavor, diciendo: «No, no; antes las camisas que las cortinas». Desnudar los cuerpos le parecía sacrificio tolerable; pero desnudar la sala... ¡eso nunca! Los de Villaamil, a pesar de la cesantía con su grave disminución social, tenían bastantes visitas. ¡Qué dirían estas si vieran que faltaban las cortinas de seda, admiradas y envidiadas por cuantos las veían!

El estilo directo libre consistiría en la reproducción textual del discurso del personaje pero sin que medie la introducción del narrador y sus ‘verba dicendi’. Hay estudios que consideran este estilo especialmente idóneo para explicar la naturaleza discursiva del ‘monólogo interior’; otros, en cambio, dudan de la pertinencia de dicha modalidad. Ejemplo ('La Regenta', Clarín):

Ana contempló a don Frutos, el mísero tendido sobre la arena, ahogándose en un charco de sangre, como la que ella había visto en la plaza de toros, una sangre casi negra, muy espesa y con espuma... «¡Qué horror!» Tuvo asco de aquella imagen y de las ideas que la habían traído. «¡Qué miserable soy en estas horas de desaliento! ¡Qué infamias estoy pensando!...» Se ahogaba en el balcón. Quiso bajar a la huerta, al Parque (…)

En Papel en Blanco | Diccionario Literario

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