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‘Aquí en la Tierra’ de Tim Flannery

‘Aquí en la Tierra’ de Tim Flannery
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Una de las razones que me llevaron a leer este libro fue (sí, llamadme simplón) la entusiasta recomendación que hacía de él mi escritor de viajes favorito, Bill Bryson. Cuando publique mi primer libro de viajes, una de las cosas que me gustaría hacer es viajar hasta su casa para entregarle una copia, no digo más.

La recomendación de Bryson reza lo siguiente: “Absorbente, divertido e increíblemente erudito”. Sin embargo, no estamos ante un libro divertido. Sí, es absorbente y erudito, pero bajo ningún concepto es divertido (ni siquiera si lo leéis bajo los efectos de algún tipo de droga). Aquí en la Tierra es más bien una biografía especie y del estado medioambiental de nuestro planeta que, si bien contiene algunos argumentos para la esperanza, en general mantiene un tono pesimista y catastrófico. Así que, a no ser que te haga mucha gracia descubrir que al mundo le quedan dos telediarios, Tim Flannery, el autor, en ningún momento resulta divertido.

Flannery fue elegido en 2007 australiano del año, es profesor de Sostenibilidad Medioambiental de la Universidad Macquarie y representante de National Geographic en Australia. Sin duda es uno de los ecologistas más populares del mundo. Así que ya os podéis imaginar hacia donde están dirigido sus argumentos: sin duda, Aquí en la Tierra es un excelente contrapunto de El optimista racional, de Matt Ridley, o El triunfo de las ciudades, de Edward Glaeser. Y solo por ello, vale la pena su lectura: para equilibrar la balanza de lo anteriormente leído. Para quien no haya profundizado en las posturas contrarias a las esgrimidas por Flannery, sin embargo, quizá su libro resulte un tanto descorazonador.

En cualquier caso, Flannery intenta, dentro de sus posibilidades cognitivas (y es que todos tendemos a defender determinadas posturas más allá de nuestra racionalidad), intenta, digo, ser equidistante. Respeta por ejemplo los planteamientos de Richard Dawkins, los biológicamente deterministas, los de los genes egoístas, los de buscar incentivos para que la gente haga cosas buenas por el mundo dado que las personas, en esencia, son solo buscan el bien propio. Y trata de equilibrarlas con las ideas de James Lovelock acerca de su teoría Gaia, de que la cooperación sí que está en nuestros genes, de que todo el mundo es bueno y que se puede cambiar globalmente al mundo introduciendo los memes adecuados.

Flannery respeta ambas posturas, aunque evidentemente se moja un poco más por la de Lovelock. No voy a usar esta reseña para desentrañar asuntos tan peliagudos pero, sea cual sea vuestra idea de base, al menos el viaje por las páginas de Flannery os servirán para conocer muchos aspectos del planeta que probablemente ignorabais. Todo ello presentado bajo epígrafes llamativos y anécdotas muy jugosas: Flannery es un ensayista absorbente, como bien decía el bueno de Bill Bryson.

¿Cuál es la naturaleza de la Tierra? ¿Es análoga a una célula, a un organismo o a un ecosistema? ¿Cuánta energía requiere para funcionar? ¿Para qué se utiliza esa energía y cómo se despliega? ¿Cómo son de flexibles los sistemas de la Tierra? ¿Pueden soportar graves desafíos? ¿Es posible incrementar su capacidad de resistencia y su productividad? ¿Y qué hay de nosotros? ¿Estamos constituidos por la selección natural para ser tan egoístas y codiciosos que estamos abocados a la catástrofe? ¿O hay razones para creer que podemos superar los problemas que afrontamos y permitir que nuestra civilización siga adelante? ¿Y qué hay de la civilización en sí? ¿En qué consiste exactamente?

En definitiva, un libro que, en su conjunto, resulta un buen argumento contra un artículo que recientemente publiqué acerca del consumismo: ¿Somos ahora más materialistas y despilfarradores que antes?

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