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‘Consilience: la unidad del conocimiento’ de Edward O. Wilson

‘Consilience: la unidad del conocimiento’ de Edward O. Wilson
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Un poco sucede como con esas personas que tienen una concepción jerárquica del arte: se vanaglorian de leer a Unamuno pero a continuación son incapaces de descodificar las claves de Watchmen. O viceversa.

Me refiero a la tendencia de compartimentar los conocimientos, a desconectarlos unos de otros, a especializarse cada vez más, a participar en el concurso de a ver quién acumula mayor número de Másters.

Por el contrario, Edward O. Wilson vindica una concepción de la cultura y el conocimiento totalmente opuesta. Nacido en Alabama en 1929, galardonado dos veces con el premio Pulitzer, Wilson es un mundialmente conocido entomólogo, sobre todo en el ámbito de las hormigas, pero también es un activista medioambiental, un pionero de la sociobiología y, me atrevería a decir, un estupendo filósofo.

El libro que ha escrito para articular esta versión renacentista y alfanumérica del mundo es el que nos ocupa, Consilience: la unidad del conocimiento. Consilience es un término inglés que no tiene un equivalente en lengua española, así que se ha optado por una traducción literal. Consiliencia sería algo así como una acepción de coherencia.

La primera persona que habló de la consiliencia fue William Whewell en su síntesis Historia de las ciencias inductivas, de 1840. Entonces lo definió como un “saltar juntos” del conocimiento mediante la conexión de sucesos y de teorías basadas en hechos de varias disciplinas para crear un terreno común de explicación.

Según Wilson, y muchos otros teóricos, las ciencias sociales continuarán dividiéndose dentro de cada una de sus disciplinas, y una parte de la biología se fusionará con las humanidades. En ese sentido, las humanidades, como la filosofía, la historia, la ética, la religión comparada o la interpretación de las artes, se aproximarán cada vez más a las ciencias y en parte se fusionarán con ellas.

A juicio de Wilson, y por supuesto del mío, la mayoría de asuntos que nos preocupan actualmente, como los conflictos étnicos, la escalada armamentística, la superpoblación, el aborto, el medio ambiente o la pobreza endémica, no podrán resolverse sin antes integrar conocimientos procedentes de las ciencias naturales con los de las ciencias sociales y las humanidades. Sólo el flujo a través de las fronteras proporcionará una clara visión del mundo tal y como es realmente, y no tal y como se percibe desde las ideologías o los dogmas religiosos.

Lamentablemente, la mayoría de los líderes políticos, intelectuales públicos, articulistas, pensadores y guías espirituales tienen una formación exclusiva en ciencias sociales o en humanidades. Y las ciencias naturales les suenan a chino. Así pues, sus análisis y reflexiones, aunque meticulosas y a veces atinadas, se fundan en una base de sabiduría fragmentaria y sesgada.

No se puede adquirir una perspectiva equilibrada estudiando las disciplinas a retazos (sobre todo porque no hay tiempo material para ello), sino a través de la búsqueda de la consiliencia entre ellas. Tal unificación es compleja, según Wilson, pero es inevitable. En la medida en que las brechas entre las grandes ramas del saber puedan reducirse, la diversidad y la profundidad del conocimiento aumentarán.

Este libro es una exhortación a emprender esta aventura intelectual, y también ofrece pistas de cómo podríamos hacerlo. Pero, ante todo, es un repaso a la historia de las ideas, al declive de la Ilustración y a lo apasionante que pueden llegar a ser las ciencias naturales: el libro tiene un capítulo dedicado a explicar en 30 páginas cómo funciona la ciencia y por qué es la herramienta intelectual más efectiva que conocemos que se encuentra entre las mejores páginas que he leído nunca sobre el asunto.

Editorial Galaxia Gutenberg 486 páginas ISBN: 84-8109-239-8

Sitio Oficial | Ficha en Galaxia Gutenberg

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