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‘El meme eléctrico’ de Robert Aunger: una nueva teoría de cómo pensamos

‘El meme eléctrico’ de Robert Aunger: una nueva teoría de cómo pensamos
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El término meme está de moda. De hecho, es un meme en sí mismo. Los memes son unidades culturales que se propagan de cerebro a cerebro, tal y como lo hacen los genes a la hora de transmitir información hereditaria; los memes transmiten información cultural: maneras de proceder, ideas, canciones, sonetos, etc.

Sin embargo, como toda moda generada alrededor de un término denso, la mayoría de sus seguidores apenas saben en realidad cuáles son las implicaciones de la misma. Lo mismo sucede con sus detractores: ya he podido leer a varias personas desdeñando los memes, entre otras cosas arguyendo que nada nuevo aportan a los fundamentos de la cultura o, en suma, a cómo pensamos.

Mucho me temo, pues, que tanto adoradores como detractores populares de la memética no han leído demasiados libros sobre el tema: los argumentos de ambos bandos son, cuando menos, endebles.

Lo que propone el antropólogo Robert Aunger, sin embargo, es ir un poco más allá en la teoría memética, tornando todavía más complejo lo que ya de por sí lo era (y, por tanto, más inaccesible para los adoradores/detractores de boquilla).

Hasta ahora, una de las propiedades más difíciles de asumir cuando empiezas a entender lo que es un meme es que los memes no tienen entidad física. Un meme no tiene tamaño, ni peso. Tampoco se puede medir, ni observar, ni tampoco catalogar. En ese sentido, un meme es una especie de experimento mental o de metáfora, como la cueva de Platón, el demonio de Descartes, la visión de Hobbes del estado de la naturaleza y el contrato social o la idea de Kant del imperativo categórico. (Un experimento, con todo, imbricado en los recientes descubrimientos en neurociencias, así que en nada se parecen a las ideas similares esgrimidas por pensadores de antaño: sería como afirmar que el Hubble no ofrece nada nuevo de lo que Galileo ya intuyó).

Sin embargo, en El meme eléctrico, Aunger pretende dar todavía más entidad a la teoría memética, circunscribiendo los memes a entidades físicas. Así los memes poseerían una evolución similar a la que se produjo con los genes.

Porque los genes, en su inicios, también eran experimentos mentales, partículas ilusorias. Ya en 1933, el genetista T. H. Morgan afirmaba que “no existe opinión consensuada entre los genetistas acerca de lo que son los genes, sobre si son reales o puramente ficticios.”

Para muchos, los genes eran sólo un nombre para lo que era responsable de las pautas mendelianas de herencia que la gente observaba en los laboratorios de biología. Sólo en la década de 1950 los genes se convirtieron en entidades reales, materiales, el análogo biológico de los átomos en la ciencia física. Cuando Watson y Crick construyeron el famoso modelo tubular de la doble hélice en el sótano de un laboratorio de Cambridge.

Salvando distancias, Augner propone que la teoría memética eclosionará de verdad cuando se encuentre un sustrato físico de los memes. En ese sentido, Augner augura que los memes sólo podrán estar contenidos en el cerebro: un ambiente aislado, rico energéticamente, alojado dentro del cráneo, que contiene una sopa de células y sustancias químicas.

Un meme, por lo tanto, sería esencialmente un estado en un nodo de una red neural, capaz de generar una copia de sí mismo en la misma red neural, o en otra, sin ser destruido en el proceso.

En definitiva, El meme eléctrico es un libro para lectores ya iniciados en el mundo de la memética que pretenden profundizar en las brechas que todavía quedan por enmendar de la idea que un día escribió Richard Dawkins en El gen egoísta, allá a finales de 1970.

Editorial Paidós
424 páginas
Isbn: 9788449315061

Sitio Oficial | Ficha en Librería Paidós

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