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‘Eros. La superproducción de los afectos’ de Eloy Fernández Porta

‘Eros. La superproducción de los afectos’ de Eloy Fernández Porta
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Si viajáis a Nueva York, no os perdáis un paseo por Greenwich Village. Encontraréis pequeñas joyas como el escondido Cornelia Street Café. Un lugar entrañable donde los Monty Python interpretaron algunas obras en la década de 1980 o donde la cantautora Suzanne Vega comenzó su carrera. Una vez al mes, un grupo autodenominado premios Nobel graciosos y de buena fe se reúnen para celebrar un cabaret esperpéntico. John Nash, el esquizofrénico matemático de Princeton que inspiró el filme Una mente maravillosa, se pasa por allí de vez en cuando.

En el Cornelia Street Café también actúan artistas aficionados como los Amygdaloids, que yo sepa la única banda de rock del mundo compuesta exclusivamente por neurocirujanos. En 2007, los Amydgaloids publicaron un disco titulado Heavy Mental. “It´s All in a Nut” es su canción, pues el nombre de la banda hace referencia a esos racimos en forma de almendra que se hallan en el cerebro y que determinan nuestro miedo.

¿Qué tiene que ver esta banda neurocientífica con el último ensayo de Eloy Fernández Porta, Eros. La superproducción de los afectos, vencedor del Premio Anagrama 2010? Mucho más de lo que parece. Un asistente al Cornelio Street Café, por mucho que escuchara las letras de los Amygdaloids (sin duda jalonadas de guiños neurocientíficos), nunca podrá afirmar que ha aprendido algo profundo acerca del funcionamiento del cerebro.

Eros es, de algún modo, la versión literaria de los Amygdaloids: un espectáculo que parece un acercamiento a uno de los comportamientos más propiamente humanos: el amor. Un espectáculo jalonado de ingenio, un guiño intelectual.

Decía George Orwell que la principal ventaja de escribir con claridad es que “cuando hagas una observación estúpida, su estupidez resultará obvia incluso para ti”. Y aquí llegamos al siguiente defecto/virtud de Eros: no es un ensayo si entendemos el ensayo y la divulgación como algo pedagógico y, por tanto, próximo a la claridad expositiva. Eros es más bien una poesía, devaneos retóricos que suenan bien pero que, en puridad, no profundizan en las razones ni argumentan con pruebas. Analogías forzadas cuando no arbitrarias, bengalas aforísticas, ingeniosas construcciones de palabras.

Y muchas obviedades que son desgranadas en páginas y más páginas, como si sobrara el papel. El amor es como un túnel negro porque la palabra “amor” contiene una “o”, un agujero o túnel. Cosas así. O una exégesis de un anuncio del Cash Converters como prueba de algo, tropezando en la más flagrante inducción imperfecta.

En el presente volumen, pues, observamos en Eloy Fernández Porta una sobreintelectualización, esa tendencia gafapasta de convertir lo simple en abstruso, hasta cuando el tema que es objeto de glosa (en este caso el mercantilismo del sentimiento amoroso) es incluso manido para un carajillero de bar.

Además, tratar temas complejos como el sentimiento amoroso exclusivamente desde una perspectiva sociológica resulta, hoy por hoy, obsoleto: los fascinantes descubrimientos en neurociencias, psicología evolutiva y genética (y hasta epigenética y memética) no sólo han superado de largo el discurso de Porta, sino que lo han impugnado en muchos aspectos. La analogía que se me ocurre es: rascar con la uña la carrocería de un coche para saber algo sobre el funcionamiento del motor de combustión que aloja en sus entrañas. Quizá me he excedido, pero por ahí van los tiros.

Incluso científicos como J. B. S. Haldane, mucho antes de que Fernández Porta o yo mismo hubiéramos nacido, ya soltaban perlas (aún inmaduras) como: “Si mis opiniones son el resultado de procesos químicos que se producen en mi cerebro, están determinadas por las leyes de la química, no de la lógica”. Edward O. Wilson ya hace décadas que propone la consiliencia, la hibridación de las diversas ramas científicas para explicar fenómenos complejos. Antes de que acabe este siglo, los avances en neurociencias y el desarrollo de tecnología de exploración comolLa tomografía por emisión de positrones permitirán que atisbemos los mecanismos que producen los cambios mentales, incluidos los afectos. O recurriendo a una cita pop (al estilo de Fernández Porta): “Yo me estoy ahogando, y tú me describes al agua”. Lo dijo Melvin Udall/Jack Nicholson en Mejor imposible.

Si las miras de Porta hubieran sido un poco más humildes, quizá no cargaría las tintas contra su libro. Pero en Eros, Eloy Fernández Porta se embarca en la disección del comportamiento humano. Nada menos. Como decía un meme del APM: ¡Con dos cojones!

Eso sí, el coche ha salido muy brillante del taller. Y a quien le guste la divagación por la divagación y la prosa pluscuamperfecta de Porta (ambas cosas me gustan a mí, siempre que se centren en temas más mundanos), disfrutará de lo lindo.

Editorial Anagrama Colección Argumentos 384 páginas ISBN 978-84-339-6311-6

Sitio Oficial | Ficha en Anagrama

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