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‘La magia de la realidad’ de Richard Dawkins

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Detesto cuando alguien me da un consejo a posteriori, al estilo “no deberías haber hecho eso” o “ya te lo dije”. Cuando eso sucede, respondo “oh, gracias, qué gran consejo. Te haré caso, justo la semana pasada, cuando invente la máquina del tiempo”.

Así pues, no suelo lamentarme de las cosas que no he hecho en el pasado, dado que poco o nada puedo hacer para resarcirme, salvo abrir senda hacia el futuro con más denuedo. Sin embargo, en lo tocante a lo académico, sí que hay algo que me reconcome desde que acabé la universidad: ¿por qué la mayoría de mis profesores fueron tan tremendamente aburridos y absolutamente todos los manuales que tuve que empollar eran tan cuadriculados y desprendían olor a formol?

Si verdaderamente dispusiera de una máquina del tiempo, regresaría a mis años escolares, y exigiría aprender con otros manuales, y con otros docentes. Exigiría manuales como La magia de la realidad. Y docentes como Richard Dawkins. Como os veo de pie y no genuflexos, habré de asumir que no habéis oído hablar de Richard Dawkins. Bien, es el típico profesor que seguramente no imparte la lección con cara de acidez estomacal perpetua sino con el brillo en los ojos del que conoce las maravillas del universo, desde lo más pequeño hasta lo más grande.

Siguiendo la estela de Breve historia de casi todo de Bill Bryson (en su versión ilustrada para todos los públicos), Dawkins ha trasladado ese fulgor de la maravilla en un libro que, de formar parte de la colección de libros de texto del colegio (sí, esos que te hacen replantearte que la visita al proctólogo no es un evento tan malo), probablemente eliminaría de la sociedad un buen puñado de personas del primer grupo y segundo grupo… y hasta del tercer grupo. Esperad, no os explicado mi forma de catalogar a la gente según los mecanismos por los cuales generan ideas tóxicas:

Primer grupo: personas que parten de datos equivocados pero saben razonar (equivocados).

Segundo grupo: personas que parten de datos correctos pero no saben razonar (conspiranoicos, en general).

Tercer grupo: personas que parten de datos erróneos y, además, no saben razonar (caso perdidos… huid de ellos).

La magia de la realidad, proporcionado en edades tempranas, nos evitaría tener que lidiar con muchos de estos grupos de personas, que campean a sus anchas por medios de comunicación y hasta púlpitos intelectuales.

Ello se debe a que La magia de la realidad no solo está compuesto por datos en bruto sino por información crítica sobre temas que no suelen tratarse en clase. Por ejemplo, qué es la Verdad y la verdad, o qué significa ser escéptico, o para qué sirve exactamente el método científico (una forma de pensar, más que de hacer experimentos), etc.

En definitiva, una guía para entender por qué no hay que perder el tiempo creyendo en pseudociencias, y que si dichas afirmaciones extraordinarias fueran ciertas (en la mayoría de casos), constituirían una Revolución Científica muy superior a las de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Mendel, Maxwell, Einstein y Schrödinger, combinadas, y que no merecen ningún respeto si solo tienen el respaldo empírico de un puñado de estudios discutibles que pretenden mostrar un efecto estadísticamente apreciable con un gran de confianza del 95 % (meted ahí todo lo que queráis: desde la homeopatía hasta la astrología, pasando el enigma de las Pirámides, las abducciones, los poderes sobrehumanos, los espíritus y demás temas susceptibles de atención de Iker Jiménez en su programa).

La magia de la realidad, pues, es también una herramienta para ayudar a pensar críticamente a los jóvenes sobre temas en los que no se nos suele adiestrar a pensar críticamente (de hecho, el 90 % de mis profesores decían burradas sobre la evolución o sobre los poderes místicos, imaginaos). A pensar sobre cosas que pasan desapercibidas en el currículo de cualquier escolar, como saber interpretar las estadísticas y luchar contra el pensamiento desiderativo, teleológico y antropomórfico, así como la diferencia entre correlación y causación, la percepción de pautas inexistentes y la tendencia a buscar la confirmación antes que la refutación de nuestros supuestos favoritos.

Y todo ello con un estilo muy asequible, lleno de ejemplos muy gráficos y atractivos, de los que te aceleran el corazón… y muchas, muchas ilustraciones del genio Dave McKean, uno de los ilustradores y diseñadores más importantes de Gran Bretaña.

Quiero mostraros que el mundo real, tal como se entiende científicamente, tiene magia por sí solo; el tipo de magia que yo denomino poética: una belleza inspiradora que es la más mágica, porque es real y porque podemos entender cómo funciona. … La magia de la realidad es (así de simple) maravillosa. Maravillosa y real. Maravillosa porque es real.

Editorial Espasa
Colección Espasa Juvenil
ISBN: 978-84-670-3873-6
256 páginas

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