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‘Las cosas nuestras de cada día’ de Charles Panati: para saber de dónde sale todo

‘Las cosas nuestras de cada día’ de Charles Panati: para saber de dónde sale todo
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Hay palabras que, a fuerza de repetirlas, pierden su significado. Por ejemplo, cuchara. Probad a decir cuchara una docena de veces. Al final la palabra cuchara sólo os parecerá una serie de fonemas que nada tienen que ver con el objeto que, hasta entonces, habéis llamado cuchara. Cuchara, cuchara, cuchara.

Muchas novelas emplean argucias como ésta para predisponer al lector a nuevas realidades. Sin embargo, el libro del que os hablaré hoy no es una novela. Y tampoco intenta cambiar nada acerca del significado de las palabras. Las cosas nuestras de cada día, de Charles Panati, sencillamente es un misil balístico dirigido a las cosas en sí mismas.

A fuerza de destejer, eviscerar, descodificar y ponderar histórica, científica y socialmente los objetos, las costumbres, las supersticiones o los cuentos infantiles, el autor nos permite graduar de tal manera nuestra visión sobre todo ello que, la próxima vez que os relacionéis con cualquier cosa cotidiana, ya no volveréis a experimentarla de la misma forma. Ni la cuchara, ni la Navidad, ni tocar madera, ni la goma de mascar.

Después de la lectura de este libro, la mayoría de las cosas que os rodean tendrán un aspecto diferente. Como si pudierais ver a través de ellos. Como si los objetos no fueran objetos sino radiografías de objetos, preñados de significados, connotaciones y dobles sentidos.

Con un estilo directo, sin florituras, jalonado de datos y referencias, Panati nos explica de dónde proceden y por qué son como son muchas de las cosas del mundo, desde las más aparentemente anodinas hasta las más aparentemente profundas (digo aparentemente porque, tras descubrir qué se oculta detrás de muchas cosas, permutaréis sus importancias, hasta el punto de que os parecerá más alucinante la vaselina antes que la religión, por ejemplo).

A modo de enciclopedia temática, el libro se divide en 14 partes: las supersticiones, las costumbres, el calendario, en la mesa, en la cocina, en casa y su entorno, en los cuentos infantiles, en el cuarto de baño, artículos de tocador, el botiquín, la indumentaria, en el dormitorio, en el cuarto de jugar y en la despensa.

Como veis, casi nada escapa del escrutinio del autor. Algunos de los aspectos narrados por Panati quizá os suenen, u os parezcan obvios, pero os garantizo que la mayoría os obligarán a golpearos la frente.

Y entonces, capítulo a capítulo, os empezaréis a fijar más en los detalles de vuestro entorno. En cosas que habían pasado desapercibidas. En aquella muesca, en aquella forma tan curiosa del cepillo para el pelo, incluso en el punto que termina esta oración, que mide aproximadamente dos décimas de milímetro: el poder de resolución del ojo humano.

Por ejemplo, disfrutad de este delicioso fragmento dedicado a los orígenes del pastel nupcial:

El pastel nupcial no siempre fue comido por la novia, ya que al principio lo arrojaban contra ella. Surgió como uno de los numerosos símbolos de fertilidad implícitos en la ceremonia matrimonial, ya que, hasta los tiempos modernos, se esperaba que a un matrimonio le siguiera la descendencia con tanta seguridad como la noche sigue al día… y casi con la misma frecuencia. El trigo, desde hace largo tiempo símbolo de la fertilidad y la prosperidad, fue uno de los primeros cereales arrojados sobre la recién desposada, y se esperaba de las jóvenes todavía solteras que recogieran todos los granos que pudieran a fin de asegurarse su próximo matrimonio, tal y como se hace hoy con el ramo de la novia.
Los pasteleros de la antigua Roma, cuyas habilidades en la repostería gozaban de mayor consideración que el talento de los grandes constructores de la ciudad, alteraron esta práctica. Alrededor del año 100 a. C., empezaron a elaborar pequeños dulces nupciales, que habían de ser comidos, en vez de utilizados como proyectiles. Sin embargo, los invitados a la boda, disgustados al verse privados de la diversión que suponía rociar a la novia con puñados de trigo, a menudo le lanzaban también estos pastelillos.

Ediciones B Colección Dolce Vita ISBN 84-406-0387-8

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