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‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’ de David Foster Wallace

‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’ de David Foster Wallace
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El periodismo gonzo es un subgénero del periodismo que implica al propio periodista o reportero en la noticia, convirtiéndolo en un actor más, y que no busca tanto la noticia como el contexto donde se desarrolla la noticia. El término se usó para describir el estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson. En 1970, su artículo titulado El Derby de Kentucky es Decadente y Depravado fue descrito por Bill Cardoso, del Boston Globe, de gonzo puro.

El término gonzo parece provenir de la jerga irlandesa, refiriéndose al último hombre que queda en pie después de una “maratón de alcohol”.

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, en cierto modo, podría considerarse un ejercicio de periodismo gonzo en forma de libro de viajes. Aunque este corrosivo ensayo de David Foster Wallace en poco o en nada se parece a un libro de viajes convencional. Tal vez podría ser el primer libro de antiviajes que he leído: tras finiquitarlo, lo último que se te pasa por la cabeza es no repetir, bajo ningún concepto, el viaje que protagoniza el autor.

Tampoco en un libro de viajes en el sentido de que en realidad no es un libro sobre viajeros sino sobre turistas; concretamente sobre esa clase de turistas mediocres que en realidad odian viajar y que suelen teletransportarse a miles de kilómetros de distancia para encerrarse en el ambiente profiláctico de un spa o un resort. Comprando postales y baratijas, haciendo fotos y videos en el parque temático del mundo. En este caso, la fauna turística diseccionada por Foster Wallace es la aficionada a los cruceros de lujo.

Desde un punto de vista casi marciano, el autor se introduce en el cuerpo de viajeros de un crucero arquetípico, y superando mal que bien sus accesos de agorafobia y misantropía general, realiza pequeñas salidas de su camarote para consignar todo lo que ocurre a su alrededor con la minuciosidad de un entomólogo.

Precisamente la minuciosidad es lo que hace de este libro algo especial. Una minuciosidad tan quirúrgica y paranoide, que a veces uno no puede evitar soltar una carcajada ante las descripciones de Foster Wallace. Un análisis que le da vueltas a todo de forma incansable, incluso al sentido del propio análisis: Foster Wallace trata de ser tan agudo con todo lo que le circunda que incluso él mismo es objeto de su agudeza.

El libro es corto, pero no rápido de leer. Hay párrafos que necesitan leerse varias veces para entenderlos en toda su amplitud, hay frases de verborrea desatada que se retuercen en filigranas hasta forzar al máximo la capacidad de atención del lector, hay continuas anotaciones al pie de la página que interrumpen el texto (a veces tan más largas que el propio texto)… pero si uno invierte el esfuerzo necesario para exprimir todo el sentido al texto de Foster Wallace, finalmente se verá ampliamente recompensado por el esfuerzo.

No esperéis que Foster Wallace describa la vida en un crucero desde un punto de vista general, macro. Sus ojos se centran casi exclusivamente en aspectos minúsculos que orbitan sus propias manías, como el hecho de que todo esté tan limpio e inmaculado que dedicará un tiempo a buscar un resto de óxido en alguna tuerca (lo encuentra, aunque más tarde desaparece); o la limpieza que sufre su camarote cada vez que lo abandona más de 30 minutos (si lo hace menos, entonces esa limpieza llevada a cabo por manos invisibles no se produce); las sonrisas complacientes y la profesionalidad casi enfermiza de toda la tripulación, que llega a provocar en el autor oleadas de sentimientos encontrados (misericordia-odio-indulgencia-mayores cotas de exigencia que surgen cuando todos sus deseos son colmados); el comportamiento gregario y arquetípico de todos los pasajeros, que han llegado allí para divertirse a toda costa (y para alcanzar una diversión basada en los parámetros de diversión casi metafísica que los folletos del crucero ofrece); y así un largo etcétera.

En definitiva, un ensayo imprescindible para conocer por primera vez la voz original y pluscuamperfecta de uno de los mejores escritores norteamericanos contemporáneos.

He visto playas de sacarosa y aguas de un azul muy brillante. He visto un traje informal completamente rojo con las solapas evasé. He notado el olor de la loción de bronceado extendida sobre diez mil kilos de carne caliente. Me han llamado < > en tres países distintos. He visto a quinientos americanos pijos bailar el Electric Side. He visto atardeceres que parecían manipulados por ordenador y una luna tropical que parecía más una especie de limón obscenamente grande y suspendido que la vieja luna de piedra de Estados Unidos a la que estoy acostumbrado.

He bailado (muy brevemente) la conga.

(…)

El baño del camarote 1009 siempre huele a un desinfectante noruego pero no desagradable cuyo aroma se parece a como olería si alguien que supiera la composición organoquímica exacta de un limón pero en realidad nunca hubiera olido un limón intentara sintetizar el aroma de limón. Más o menos la misma relación con un limón de verdad que las aspirinas infantiles de Bayer con una naranja de verdad.

Editorial Mondadori Colección DeBols!llo (2003) 160 páginas ISBN: 8497592158

Sitio Oficial | Editorial Mondadori

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