Compartir
Publicidad

‘El primero trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida’, de Philippe Delerm

‘El primero trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida’, de Philippe Delerm
Guardar
0 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Éste es un exquisito librito sobre esos placeres baratos, asequibles, casi insignificantes, con los que sazonamos nuestras vidas. Una clase de placeres alejados totalmente de la pompa y el boato, que cualquier clase de persona, pobre o rico, mayor o joven, puede paladear con fruición. Veniales satisfacciones cotidianas que, tras la lectura de este pequeño manual, acogeremos aún con más devoción si cabe.

Phileppe Delerm (1950, Auvers-sur-Oise) ya era medianamente conocido como escritor en su país natal, Francia, donde obtuvo premios como el Alain-Fournier o el Nacional de los Bibliotecarios. Pero ha saltado a la fama mundialmente con El primer trago de cerveza, un libro en principio minoritario destinado a lectores selectos que, sin embargo, permaneció por sorpresa por más de un año entre los tres primeros libros más vendidos de Francia.

Delerm nos deleita con 34 placeres mínimos como el que menciona el título o (y este es mi favorito) conducir de noche por una autopista, además de llevar una navaja en el bolsillo, ir a por cruasanes recién hechos una fría mañana de invierno, leer en la playa, viajar en un tren viejo, leer el periódico durante el desayuno dominical… y así hasta completar este delicioso libro del que podría leerse cada noche un capítulo, en la cama, bien tapado, hasta dormirse con las últimas palabras. Sin duda otro placer.

Porque los textos son cortos, píldoras microscópicas de apenas 2 páginas por placer, pero son suficientes para recolectar lo sustancial de cada uno de estos pequeños tesoros de la vida diaria. Demostrándonos en pocas líneas que muchas veces no prestamos suficiente atención a los detalles minúsculos, y que es precisamente en esos detalles nimios donde reside el verdadero amor a la vida.

Ahí va un fragmento sobre la autopista de noche:

Es extraño el coche: a la vez es como una casita familiar y como una nave espacial. Al alcance de la mano, unos caramelos mentolados de regaliz. Pero en el cuadro de mandos esos polos fosforescentes de color verde eléctrico, azul frío, naranja pálido. Ni siquiera necesitamos la radio –tal vez la pongamos luego, a medianoche, para escuchar las noticias. Resulta agradable dejarse seducir por ese espacio. Por supuesto, todo parece dócil, todo obedece: el cambio de marchas, el volante, un toque de limpiaparabrisas, una ligera presión en el elevalunas. Pero al mismo tiempo el habitáculo nos maneja, impone su poder. En ese silencio acolchado de soledad, nos sentimos casi como en una butaca de cine: la película desfila ante nosotros y parece lo fundamental, pero la imperceptible levitación del cuerpo produce una sensación de dependencia consentida, que también cuenta lo suyo. Fuera, en el foco luminoso de los faros, entre el guardarraíl de la derecha y las matas de la izquierda, reina la misma quietud. Pero si abrimos el cristal de repente, el aire exterior abofetea nuestra semisomnolencia: resurge la velocidad brutal. Fuera, los ciento veinte kilómetros por hora tienen la densidad compacta de una bomba de acero arrojada entre dos guardarraíles.

En definitiva, una compilación de miradas voluptuosas hacia las cosas que nos rodean, hasta convertirlas en cosas tan especiales o más que aquellas cosas que anhelamos y nunca podremos poseer. Sus dotes de observación no se han detenido y poco después escribió una especie de segunda parte, La siesta asesinada, en la que también ha sabido captar los detalles en los que, en medio del bullicio y del estrés, apenas reparamos y que de pronto otorgan sentido a nuestra vida.

Tusquets Editores Colección Los 5 sentidos (y Fábula) 112 páginas

Sitio Oficial | Tusquets Editores

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio