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‘El que no lea este libro es un imbécil’ de Oliviero Ponte di Pino

‘El que no lea este libro es un imbécil’ de Oliviero Ponte di Pino
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Éste libro de título provocador no es un diccionario de estupideces o un estupidario del estilo del Sottisier de Voltaire o el Dictionnaire de la bêtise de Guy Bechtel y Jean-Claude Carrière. Tampoco es un listado de citas de personajes célebres tal y como refiere el subtítulo de este obra: “Los misterios de la estupidez a través de 565 citas”.

Lo que hace El que no lea este libro es un imbécil es exponer 565 citas o fragmentos de autores que hablan de la estupidez desde todos los puntos de vista imaginables, en efecto, pero el autor, Ponte di Pino, no guarda silencio, sino que comenta cada cita, las hilvana y trata de darle cierto aspecto de ensayo. Un intento a veces notable; otras veces, sin embargo, la cosa está un poco más pillada por los pelos, y se atisba demasiado la escuadra y el cartabón que el autor ha empleado para justificar cada cita invocada.

Oliviero Ponte di Pino comentará a Cicerón, a Wittgenstein, a Aristóteles e incluso a Lars von Trier, pero también a Forrest Gump o a Bill Gates, así que el libro bascula entre el rigor y la chufla. Entretenido, frívolo y bastante superficial (no hay que tomarse muy en serio casi ninguna de las teorías presentadas por el autor, excepto unas pocas referidas, por ejemplo, a la función del bufón en las sociedad), en ocasiones salen al paso citas o reflexiones que, por su complejidad y buen tino, merecen la lectura atenta.

Por ejemplo, ¿quién no echa de menos de vez en cuando la plácida felicidad del cretino? ¿Quién no ha dudado de su propia inteligencia al enfrentarse al estupor del botarate, que parece, con su simplicidad, hacernos creer por momentos que el mundo no es tan complejo como nos empeñamos en creer en toda nuestra hondura filosófica?

Para apuntalar éstas y otras parecidas preguntas, el autor recurre a una erudita compilación de referencias a la literatura, el cine o la filosofía. Pero parece que el autor tiene predilección por un experto forjador de aforismos, Stanislaw Lec, el autor de Pensamientos despeinados, del que reconozco que yo también soy seguidor.

Oliviero Ponte di Pino no se toma en serio ni siquiera a sí mismo. Empieza por determinar que la mayoría de la gente que nos rodea es estúpida, y seguramente gran parte de los lectores de su libro. Del mismo modo, asume que él también es un poco estúpido al haber escrito un libro como éste. Nacido en Turín en 1957, la gran pasión de Ponte di Pino es el teatro, que es el tema fundamental de sus libros y ensayos. También es realizador y conductor de programas de radio y televisión. Con la unión de estas dos pasiones, en la actualidad se halla inmerso en un ambicioso proyecto: una obra multimedia sobre la producción teatral de Shakespeare. Nada menos.

Las citas recogidas por el autor en El que no lea este libro es un imbécil, como he dicho, son geniales casi en su mayoría, pero ahora dejaremos hablar al autor para demostrar que podemos encontrar algo más que un compendio de voces ajenas:

En la tradición de los judíos de Europa oriental existe un pueblo habitado sólo por tontos, Khelm. O, como lo llama en el título de uno de sus cuentos Isaac B. Singer, Chelo –que no hay que confundir con la ciudad homónima que aparece en los mapas-. La convicción de la existencia de una “Imbecilópolis” o de una “Tontilandia” está bastante extendida. Para los antiguos griegos, los estúpidos atestaban Abdera (ciudad rica y poderosa donde vieron la luz Demócrito y Protágoras, a quienes nadie considera propiamente gilipollas) y poblaban Beocia (los beocios). Los ingleses tenían censados en Gotham (Gotham City es Nueva York, la inquietante metrópoli donde vive y actúa Batman, quén sabe si habrá algún nexo…), los daneses en Molbo, los alemanes en Schildburg (o Schilburg). Para los romañolos, los tontos llegaron de Fano y para los turineses de Cuneo, mientras que para los milaneses (y para el poeta Delio Tessa) venían de un pueblo de la llanura lombarda llamado Gaggiano. Muchos chistes franceses tienen por protagonista a un belga (de los belgas también se ocupó Baudelaire), mientras que a los americanos les encanta tomarla con los polacos. Los italianos, en cambio, a un polaco lo han hecho papa. En sus chistes prefieren poner en solfa las dotes intelectuales de los carabinieri: en obvio que en el país del caos el blanco han de ser las fuerzas del orden…

Sitio Oficial | Ficha en Taurus

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