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‘Error humano’ de Chuck Palahniuk

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Por todos es conocido ya el autor Chuck Palahniuk, sobre todo por su El club de la lucha y su potente adaptación cinematográfica realizada por el esteta David Fincher. Desde entonces ha desarrollado, aunque con sus altibajos, una carrera literaria meteórica, convirtiéndose en un autor de culto experto en la cultura más bizarra. Menos conocida es, sin embargo, su faceta como articulista.

Error Humano es una antología de artículos que Palahniuk ha ido escribiendo entre novela y novela para dar salida a su enciclopédico saber. Como él mismo apunta, su sistema de archivos de ideas para nuevas historias es tan amplio que necesita escribir estas pequeñas píldoras para vaciarlos un poco de vez en cuando. Y ésa es exactamente la sensación que uno experimental al terminar de leer Error Humano: que, entre algunos textos brillantes, hay mucha paja que el autor quería publicar a toda costa.

Quienes estén acostumbrados a Palahniuk, no se sorprenderán de los temas que aborda en Error humano, y mucho menos de su tratamiento descarnado, casi vitriólico. Todas sus páginas, pues, destilan una crítica evidente y gruesa, rozando el insulto directo, pero en el fondo Palahniuk parece más interesado en rebozarse en las aberraciones de las que habla que cuestionarlas. Las asume y se ríe de ellas, pero poco o nada intenta cambiarlas. A Palahniuk le interesa que exista lo sórdido, porque él vive de ello, de contárnoslo.

El abanico temático es tan variado como extravagante. En la primera parte, titulado Gente Reunida, explica las extrañas aficiones de determinados grupos de personas. En Festival del Testículo, una suerte de fiesta dionisíaca de sexo y depravación. En De dónde viene la carne, las peleas amateur y sus espartanos entrenamientos que dejarían de piedra a un marine; quizá uno de los artículos más redondos de la antología. Combate de cosechadoras es el artículo más trash, junto al Festival del Testículo, dedicado a los habitantes más paletos de Estados Unidos: literalmente son combates de cosechadoras que se organizan al estilo del circo romano de antaño.

En el capítulo Retratos, Palahniuk desaparece un poco del texto para dar voces a personajes a los que ha entrevistado, como Juliette Lewis, que ahondará en su forma de ver el mundo y su trabajo, haciendo especial hincapié en la escena erótica que tuvo con Robert De Niro en El cabo del miedo. O también como Marilyn Manson, que habla de sí mismo a través de una sesión de tarot.

En el capítulo final, Personal, Palahniuk desvela sus más íntimos secretos; algunos de ellos bastante vergonzantes. Especial interés tendrá para muchos el capítulo dedicado a un día en el rodaje de El club de la lucha y un supuesto potenciador de labios que emplea Brad Pitt.

En definitiva, una serie de crónicas que, en conjunto merecen la pena para conocer un poco mejor el estilo de vida americano menos publicitado: sorprendido me ha dejado, por ejemplo, la moda de los estadounidenses de construirse castillos medievales para vivir. Palahiunk, ya de por sí poco dado a las florituras, apenas se involucra en el texto y en demasiadas ocasiones todo adquiere un tono neutro, aunque no exento de mordiente, que podría estar escrito por cualquier otro autor que no fuera Palahniuk. Afortunadamente, como dije, tiene sus momentos, y por ellos (además del torrente de datos curiosos con el que nos acribilla) vale la pena este Error humano.

En la universidad nos hicieron leer una vez sobre una gente a la que les enseñaron fotografías de enfermedades de las encías. Se trataba de fotografías de encías podridas y deformes y de dientes manchados, y la idea era ver cómo esas imágenes afectaban a la forma en que la gente cuidaba sus dientes. A un grupo le enseñaron fotografías de bocas solamente un poco podridas. Al segundo grupo le enseñaron fotos de encías moderadamente podridas. Al tercer grupo le enseñaron bocas horriblemente ennegrecidas, con las encías descarnadas, en carne viva y sangrantes, y los dientes de color marrón o caídos. El primer grupo de estudio siguió cuidándose la boca como siempre. El segundo grupo empezó a cepillarse y pasarse el hilo dental un poco más. El tercer grupo simplemente renunció. Dejaron de cepillarse y de pasarse el hilo dental y se limitaron a esperar que los dientes se les volvieran negros. A ese efecto el estudio lo llamó “narcotización”. Cuando el problema parece demasiado grande, cuando nos enseñan demasiada realidad, tendemos a cerrarnos en banda. Nos resignamos. No hacemos nada porque el desastre parece inevitable. Estamos atrapados. Eso es la narcotización.

Más información | Ficha en Mondadori

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