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‘Freakonomics’ de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner

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El principal atractivo de este libro políticamente incorrecto reside no tanto en la solidez de sus postulados como en su capacidad de formular preguntas y en la audacia de sus respuestas. Freakonomics es una visión oblicua, eminentemente económica y pragmática, que explora el lado oculto de muchas de las cosas que nos afectan.

Por ejemplo, si los traficantes de drogas parecen tener tanto dinero, ¿cómo es posible que sigan viviendo con sus madres? ¿Qué es más peligroso: un arma o una piscina? ¿Por qué los padres negros ponen a sus hijos nombres que pueden perjudicar su futuro laboral? ¿El sumo es un deporte netamente corrupto? ¿Y el trabajo de profesor de escuela? ¿El aborto podría ser la causa principal del inaudito descenso de criminalidad de Estados Unidos?

Como vemos, todas son preguntas singulares, atractivas, incluso incómodas. Las respuestas lo son mucho más. Pongamos un ejemplo: ¿las medidas más estrictas de control de armas reducen la criminalidad? Ahí va un fragmento de lo que argumentan los autores, economista y periodista respectivamente:

Un arma trastorna el resultado de cualquier disputa. Pongamos que un tipo duro y un tipo no tan duro intercambian unas palabras en un bar, lo que conduce a una pelea. Para el tipo no tan duro es obvio que recibirá una paliza, así que, ¿para qué molestarse en pelear? La jerarquía permanece intacta. Pero si resulta que el tipo no tan duro posee un arma, tiene muchas probabilidades de ganar. En este escenario, la introducción de un arma puede conducir a un aumento de la violencia. Ahora, en lugar del tipo duro y el no tan duro, imaginemos a una chica de instituto que ha salido a dar una vuelta por la noche cuando de repente se ve asaltada por un atracador. ¿Qué ocurre si sólo el atracador va armado? ¿Y si sólo la joven va armada? ¿Y si ambos van armados? Alguien que se opone a las armas puede decir que en primer lugar el arma ha de mantenerse alejada de las manos del atracador. El que las defiende podría decir que la chica de instituto necesita llevar un arma para perturbar lo que se han convertido en el orden natural de las cosas: los que llevan las armas son los malos. (Si la chica asusta al atracador, entonces la introducción de un arma en este caso produciría una reducción de la violencia). Cualquier atracador con mínima iniciativa seguro que va armado, porque en un país como Estados Unidos, con un floreciente mercado negro de armas, cualquiera puede hacerse con una. (…) Es probable que nuestro alto índice de homicidios se deba en parte a lo fácil que resulta acceder a un arma. En efecto, las investigaciones demuestran que esto es cierto. Pero las armas no tienen toda la culpa. En Suiza, todos los hombres adultos reciben un fusil de asalto durante el servicio militar y se les permite conservarlo en sus casas. Proporcionalmente, Suiza posee más armas que cualquier otro país, y aun así es una de las naciones más seguras del mundo. Con esto, los métodos establecidos en Estados Unidos para mantener las armas alejadas de los criminales son, como mínimo, débiles.

El mayor escollo que debe afrontar Freakonomics es que intenta abordar asuntos muy complejos, en los que intervienen múltiples factores, en muy poco espacio. Los argumentos son sólidos y documentados, pero sucintos, lo cual deja al lector mínimamente inquieto con más preguntas sin responder y con la mosca detrás de la oreja.

Así pues, como dije antes, Freakonomics debe abordarse no como un manual esclarecedor de problemas sino como un espejo deformante capaz de hacernos ver las cosas desde ángulos que creíamos imposibles. Lo cual no es poco.

El ejemplo paradigmático de esta característica lo constituye la afirmación de que la legalización del aborto en Estados Unidos fue el principal responsable de la caída de la criminalidad. Se muestran muchos ejemplos, ristras de datos, estudios paralelos pero ¿realmente es así? A poco que uno investigue, encontrará enconadas controversias surgidas de esta afirmación, posibles errores de planteamiento (que a su vez el autor responde en sus propio blog), como tomar datos de arrestos absolutos en vez de arrestos per capita, etc. Es decir, la cosa no está cristalina (¿cuándo lo está?). Hay muchos matices (aunque puede que el aborto, en efecto, sea un factor muy a tener en cuenta). De modo que lo importante en Freakonomics es que te hace pensar y replantearte ideas que creías obvias y te provee de herramientas intelectuales para hacerlo luego con tus propias preguntas.

Y además es tremendamente entretenido y está plagado de anécdotas: ¿acaso no conocéis la historia del Listerine?

La publicidad también es una herramienta magnífica para crear sabiduría convencional. El Listerine, por ejemplo, fue creado en el siglo XIX como un potente antiséptico quirúrgico. Más tarde se vendió, destilado, como limpiador de suelos y como remedio contra la gonorrea. Pero no se convirtió en un éxito arrollador hasta los años veinte, cuando fue lanzado como solución a la “halitosis crónica”, lo cual por entonces constituía un oscuro término médico. Los nuevos anuncios de Listerine mostraban a hombres y mujeres tristes, ansiosos por casarse, pero a quienes daba asco el aliento a podrido de su pareja. “¿Puedo ser feliz con él a pesar de eso?”, se preguntaba una doncella. Hasta ese momento no se había considera que el mal aliento constituyera una catástrofe. Pero el Listerine se encargó de cambiar las cosas. Como apunta el profesor de publicidad James B. Twitchell, “el Listerine no creó tanto el enjuague bucal como la halitosis”. En sólo siete años, los ingresos de la compañía ascendieron de 115.000 dólares a más de ocho millones.

Sitio Oficial | Web de Freakonomics

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