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Algunas palabras del Diablo

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El escritor estadounidense Ambroce Bierce (1842-1914) se caracterizaba por un estilo lúcido, vehemente y corrisivo que le hizo ganarse el apodo de El amargo Bierce (Bitter Bierce).

Precisamente con mucho sarcasmo y humor negro, Bierce escribió un diccionario cuyas definiciones no eran más que críticas a la sociedad y ridiculizaciones de lo políticamente correcto. Esta enciclopedia crítica fue titulada El diccionario del Diablo. El único diablo del diccionario, por supuesto, es el propio Bierce.

A pesar de que el diccionario ya tiene casi un siglo de antigüedad, lo cierto es que muchas de sus acepciones y entradas podrían extrapolarse a la sociedad actual. Así que os dejo con algunas de las definiciones que me han resultado más atinadas:

TIMAR. v. Tr. Decirle al pueblo soberano que si uno es elegido no robará.

OPORTUNIDAD. s. Ocasión propicia para pescarse una desilusión.

FELICIDAD. s. Agradable sensación que se produce al contemplar la miseria ajena.

CÍNICO. Adj. U.t.c.s. Canalla cuya visión defectuosa le hace ver las cosas como son, no como deberían ser. De ahí surgió la costumbre que reinó entre los escitas de arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión.

CEREBRO. s. Aparato con que pensamos que pensamos. Lo que distingue al hombre contento con “ser” algo del que quiere “hacer” algo. Un hombre de mucho dinero, o de posición prominente, tiene por lo común tanto cerebro en la cabeza que sus vecinos no pueden conservar el sombrero puesto. En nuestra civilización y bajo nuestra forma republicana de gobierno, el cerebro es tan apreciado que se recompensa a quien lo posee eximiéndolo de las preocupaciones del poder.

EGOÍSTA s. Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí.

BODA, s. Ceremonia por la que dos personas se proponen convertirse en una, una se propone convertirse en nada, y nada se propone volverse soportable.

BATALLA, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.

AMISTAD, s. Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.

BUFÓN, s. Antiguamente, funcionario adscripto a la corte de un rey, cuya función consistía en divertir a los cortesanos mediante actos y palabras ridículas, cuyo absurdo era atestiguado por sus abigarradas vestiduras. Como el rey, en cambio, vestía con dignidad, el mundo tardó varios siglos en descubrir que su conducta y sus decretos eran lo bastante ridículos como para divertir no sólo a su corte sino a todo el mundo.

Vía | Anfrix

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