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‘Curso acelerado de ateísmo’ de Antonio Campillo y Juan Ignacio Ferreras

‘Curso acelerado de ateísmo’ de Antonio Campillo y Juan Ignacio Ferreras
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Así como el fáustico mercadeo catódico está dominado por la corrección política y el mínimo común denominador del paladar colectivo (esto es, un target mayor de 45 años sin estudios universitarios o uno menor de 35 cuyo paisaje cultural dominante es un bar musical en Ibiza), el mercado editorial, hasta hace bien poco, tenía restringido el paso a textos que pusiesen en solfa algún tótem intocable (esto es, religión, aborto, homosexualidad, racismo, feminismo, eutanasia y demás).

Afortunadamente, la religión (e incluso la fe religiosa y la existencia de Dios) empieza ser examinada y hasta cuestionada por una clase intelectual pujante, en la que se incluyen expertos en disciplinas aparentemente alejadas del fenómeno religioso como la neurociencia, las matemáticas o la psicología evolutiva. Esta clase de libros, más que nunca, están de moda. Revisad Romper el hechizo, Elogio de la irreligión, El espejismo de Dios o Dios no es bueno.

Por primera vez en mucho tiempo, se comienza a exigir que el ateísmo ocupe un lugar tan o más preeminente que la religión en el espacio social. Más aún: se pone en tela de juicio del repetitivo mantra que aboga por respetar las creencias del prójimo a toda costa: ¿hasta qué punto unas creencias inmutables por definición (dogmas) y alérgicas a la crítica o a la confrontación con otras creencias, siempre fundadas en argumentos de autoridad endebles (y por tanto no razonables), son respetables? Debe entenderse aquí la palabra “respeto”, claro está, no como sinónimo de libertad de fe: eso es indiscutible. El respeto, aquí, se refiere a la asunción de que esa fe es indemne a la crítica sistemática por su propia naturaleza endeble e irracional: esa clase de respeto es el que se cuestiona.

¿Acaso no es una mayor falta de respeto dejar que un amigo siga creyendo que es Napoleón sin prueba alguna en vez de intentar demostrarle que debería acudir al frenopático? ¿Acaso no es más irrespetuoso demandar respeto por un dogma?

A esta clase de crítica pertenece este Curso acelerado de ateísmo, de Antonio Campillo y Juan Ignacio Ferreras.

A Campillo le conocía ya por su participación en debates de la televisión, en el que siempre comparecía en calidad de sencillo peatón: allí dónde aparece sobreimpresionado el nombre del invitado y su profesión, el exigía que sólo pusiera peatón (quizá también por pragmatismo, pues tan larga es su lista de saberes y ocupaciones que no cabrían en un simple rótulo de la tele).

Era siempre un hombre moderado, un vejete entrañable con el pelo largo y blanco y una barba a lo Papá Noél. El abuelete que todos querríamos tener. Sin embargo, su discurso siempre revestía un rigor científico e intelectual encomiables.

Esta mezcolanza entrañable y científica es la que desprende este ensayo (o quizá opúsculo, por lo sucinto) que persigue ilustrar al pueblo llano acerca de lo que es el ateísmo y la razón de que éste debe incluirse como asignatura en los colegios.

El texto, obviamente, es muy superficial, una simple introducción. Pero en pocas palabras y con ese tono simpático y bonachón de Campillo (incluso cuando se pone duro no resulta agresivo), se van exponiendo las razones básicas por las cuales el ateísmo no es el coco y una sociedad atea no es sinónimo de una sociedad amoral (entre otros tópicos religiosos). Resultando especialmente brillante en el capítulo en el que se discute la idea mil veces repetida de que hoy en día se están perdiendo los valores. Claro, los valores se pierden y aparecen otros: es la historia de la humanidad. Si éstos son mejores que aquéllos ya es cuestión de gusto, afiliación política/religiosa y grado de alfabetización.

Además, para resultar más ameno y pedagógico, entre capítulo y capítulo, los autores incluyen un diálogo imaginario que afianza de manera socarrona lo expuesto, como el que sigue:

—Bien, ya que no le han convencido a usted las razones de Epicuro, permítame contarle una bonita parábola. —Si no es muy larga... —Intentaré abreviar. Pues verá usted, un día entre los días, aunque eterno, estaba el supremo hacedor contemplando el universo: miríadas de estrellas en el espacio sideral, aparición de novas, formación de constelaciones, chorros de nuevas energías que se apresuraban a formar millones de galaxias, nuevos mundos, nuevos planetas y lunas, la energía se transformaba en materia, la materia en energía... y he aquí, que de repente, apareció un ángel junto al supremo hacedor y le dijo: “Señor, señor, en una galaxia perdida hay un sol y el sol tiene un planeta que se llama Tierra, bueno pues en esa tierra, hay una ciudad que se llama Castrocóntrigo, y allí vive Marujita y Marujita está con su novio en un portal de la plaza mayor del pueblo y ¡oh, señor!, está a punto de perder la virginidad. ¿Qué hacemos, señor?” Y el supremo hacedor respondió: “¡Que hagan algo!...” Qué, ¿qué le parece? —No le veo la gracia. —Me lo temía, la fe les hace perder el sentido del humor a los creyentes.

La declaración de intenciones con la que los autores inician este Curso acelerado del ateísmo no puede ser más elocuente:

La próxima regulación administrativa de los cursos de religión, concediéndoles, posiblemente, rango de asignatura con puntuación validable académicamente, implica sin duda la legalización de otras asignaturas alternativas para los hijos de padres no creyentes, la tolerancia constitucional obliga a ello, y como lo más alterno que hay a la religión, en el sentido de la colocación de las hojas en los tallos de ciertas plantas, es el ateísmo, pensamos que se regulará, entre otras, una asignatura de ateísmo, que se inscribirá en el currículo académico del alumno. Por eso creemos que será necesario un texto sencillo que exponga los elementos del pensar ateo; el equivalente, salvando las diferencias, a un catecismo. La dificultad, y la diferencia, reside en que no existen, para los ateos, dogmas y menos aún verdades reveladas. Se trata más bien de un conjunto de reflexiones y razonamientos que conducen, por lo general, a una moral basada sólo en el serhumano y en sus relaciones con el resto del cosmos. El ateísmo es un “ismo” sin doctrina específica; vive este modo de pensar, de los descubrimientos ajenos, los de los físicos, químicos, biólogos, geólogos, sociólogos, antropólogos, historiadores, y otros indagadores del mundo. Este vivir de prestado, intelectualmente hablando, impide la elaboración de un cuerpo doctrinal bien estructurado y gracias a ello logra escapar a toda tendencia a dogmatizar su pensar. Lo que es propio del ateísmo es su moral laica, en el sentido etimológico del término: es decir del pueblo, sin castas. A estas dificultades intrínsecas al ateísmo se suma el hecho de que los ateos no se agrupen en forma de iglesia, ni de congregación, lo que explica la inexistencia de unos textos específicos destinados a la divulgación de sus ideas y de sus opiniones. Careciendo pues de una organización que pueda proporcionar, como mínimo, una estructura logística para la elaboración y difusión de un libro de este tipo, la operación tiene que ser privada, coincidiendo así, por necesidad, con la tan proclamada tendencia liberal del gobierno de este país. Las Iglesias no se enfrentan con esos problemas, ellas tienen a punto sus estructuras, sus manuales y sus catecismos en un perfecto estado de marcha. Usados, ensayados y perfeccionados durante siglos en sus centros de enseñanza y en los de muchos estados que les dieron cobijo, son casi perfectos. A los ateos (y a los agnósticos) no nos sucede lo mismo. Y no sólo por la ausencia de una organización unitaria. Es que los ateos consideran que el ateísmo es un punto, posible, de llegada en la vida de todo ser humano y por lo tanto que es un proceso natural (pero no ineluctable, por eso es natural) que no requiere un manual para «creer» y menos una Declaración de Fe. Por esto, probablemente no han existido catecismos ateos, pues no los necesitaban, les bastaba con los libros clásicos y el buen pensar de los ciudadanos. Las Iglesias necesitan, a más de sus Libros Sagrados, los catecismos ya que son muy conscientes que el creer en sus verdades no es un proceso natural, por eso dicen los creyentes que es sobrenatural. Al intervenir el gobierno, liberal, en el asunto de la enseñanza de creencias e introducir éstas en la enseñanza oficial, con notación y todo, nos obliga a los ateos, aun siendo liberales, libertarios y a veces libertinos, a intentar elaborar y publicar algo equivalente, formalmente, a un texto de exposición de creencias. Esto es otro obstáculo para nosotros que solemos emitir sobre estos temas razonamientos criticables, y nos es difícil afirmar autoritaria y taxativamente creencias. Por eso hemos pensado elaborar una especie de cursillo o manual de incitación reflexión sobre el ateísmo.

Editorial Vosa Colección La nave de los locos 100 págs. ISBN: 978-84-8218-983-3

Sitio Oficial | Sitio en Ediciones Vosa

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