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El estilista en su laberinto

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Es casi una declaración de intenciones de quien dijo que hoy en día se redactaban novelas:

En la profesión de escritor se principia haciendo encargos por necesidad y se termina haciendo encargos por vanidad. Quiere decirse que uno ya sólo cree, más o menos, en los libros de encago.

Este diccionario literario sólo podía hablar de alguien como Umbral. Fascinado por la Generación Kronen, toma el mando para hablar de lo que mejor se le da: de la estética de su obra, de su estética y de su contexto. De Fernán Gómez y de Cela, aunque sea poco. De Almódovar y de su idea de la modernidad, la novela.

Umbral aprovecha esa ventajosa y casi dolorosa estructura que es la del diccionario para rendir pleitesía al humor, al que tal vez sea uno de sus maestros menos citados: Gómez de la Serna. El libro lleva uno de los artículos más vivos y descriptivos que se han escrito sobre Federico Jiménez Losantos. Y también sobre Manuel Vázquez Montalbán. Los dos cultivan la lengua, a los dos le pudo su militancia y terminaron luchando, con singular coraje, contra todo aquello que no parecía posible desde el columnismo. Sin embargo, el fallecido Montalbán decidió hablar de una ciudad, perderse en la ciudad, mientras que Losantos se quedó en aquella Barcelona antigua, sin revisitar. Dice Umbral que Losantos es un escritor político, escritor peligroso y hoy en día esas palabras tienen un eco muy necesario. No por mediático es el rumor más necesario sino para entender esa ausencia de contextualización a la que se enfrenta el lector a diario. Parece que atardeciera Aznar y amaneciera Zapatero, con él, Losantos. Y es mentira. Umbral se encarga pues de aclarar fantasmas del presente con su crónica exquisita de la trayectoria del pasado.

De MVM escribe con delicia “También es de la generación del Rey, pero él no tiene la culpa”. Umbral no habla entonces del maestro barcelonés sino de la verdadera historia de España, la que cuenta a diario Guillem Martínez en su imprescindible bitácora: la de la transición. La de la política es en realidad la cultura de la transición “Esa cosa, que como todas las culturas, tiene problemas para explicar lo que pasa pero más”. Si ese más lo añade Umbral en su dedicatoria, cuando nos lanza su sarcasmo y melancolía: Para todos los que no leen diccionarios, escribe Umbral que sabe de que de la posguerra a la posmodernidad sólo ha mediado una transición.

Un rey, un síntoma y tal vez esos columnistas de “ingenio actual” y los escritores angloaburridos de los que habla. Lo mejor de todo es que no descuida Umbral a talentos que hoy ya son saludados como lo que son, maestros, como Medardo Fraile la figura más imponente del cuento español. Debe leerse, pues, este diccionario como un apéndice de lecturas casi íntimo de un estilista que ya no necesita de memorias para exhibirse en grand style. Como el Borges (y todo buen crítico, verdadero al menos), al que tanto admira y preside su obra, de las Críticas, Umbral no podía leer la obra sin volcar su ética y estética.

Más información l Umbral, todas las columnas Más información | Diccionario de literatura, Ed. Planeta (1995) En Papel en Blanco l Francisco Umbral e internet

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