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El Futurismo: antiacademicismo y declive del movimiento

El Futurismo: antiacademicismo y declive del movimiento
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En nuestro recorrido por el movimiento futurista, hemos visto cómo el Primer Manifiesto fundamentaba su discurso en puntos como la velocidad y la modernidad, así como en la novedad y la violencia.

En relación al deseo de novedad que propugnaban los futuristas podemos situar el antiacademicismo del movimiento y por extensión de todas las Vanguardias. En la Vanguardia el principio básico de originalidad se da también en el marco del academicismo.

El Futurismo es antiacadémico, hay elementos de ruptura con la tradición. En un país como Italia, con un pasado tan trascendental en la historia de la cultura occidental, este punto sonaba a sacrilegio... Veamos las muestras de este extremo en el Primer Manifiesto Futurista (1909):

¡Salgamos de la sabiduría como de una horrorosa llaga y entremos, como frutas coloreadas de orgullo, en la boca inmensa del viento!

Deseamos demoler los museos y las bibliotecas, combatir la moralidad y todas las cobardías oportunistas y utilitaristas (punto 10)

Queremos librar a nuestro país de su gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.

Italia ha sido durante muchos años la bolsa de los chamarileros, y nosotros queremos desembarazarla de sus museos innumerables, que la cubren de innumerables cementerios. ¡Museos, cementerios!... Idénticos verdaderamente en su siniestra promiscuidad de cuerpos que no se conocen. Dormitorios públicos donde se duerme para siempre junto a otros seres odiados o desconocidos. Ferocidad recíproca de los pintores y de los escultores, destruyéndose mútuamente a lineas y pinceladas en el mismo museo.

Y a continuación los futuristas hacen una concesión de gracia a estos museos: se les podrá visitar una vez al año, como si fuera el día de todos los santos:

Admitimos que se haga a estas necrópolis una visita anual... como va a verse anualmente a los muertos queridos, y hasta concebimos que se ofrenden flores a los pies de La Gioconda una vez al año... ¡Pero ir a pasear a diario por los museos nuestras tristezas (...) no lo admitimos!... ¿Es que queréis envenenaros? ¿es que queréis pudriros?

Porque "Admirar un cuadro antiguo es verter nuestra sensibilidad en una urna funeraria",

el frecuentar a diario los museos, las bibliotecas y las academias -¡esos cementerios de esfuerzos perdidos, esos calvarios de ensueños crucificados, esos registros de impulsos rotos!...- es para los artistas lo que la tutela de los padres para los jóvenes inteligentes, ebrios de talento y voluntad ambiciosa.

¡Adelante los buenos incendiarios de dedos carbonizados! (...) ¡Quemad con el fuego de vuestros rayos las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los sótanos de los museos! ¡Que naden aquí y allá los lienzos gloriosos! ¡Mano a las piquetas y a los martillos!

También vemos en La Cinematografía futurista (1938) este ataque al academicismo concretado en el rechazo de nuestro querido libro...:

El libro, medio absolutamente pasatista de conservar y comunicar el pensamiento, estaba desde hacía mucho tiempo destinado a desaparecer como las catedrales, las torres, los muros almenados, los museos y el ideal pacifista. El libro, estático compañero de los sedentarios, de los nostálgicos y de los neutrales, no puede divertir ni exaltar a las nuevas generaciones futuristas ebrias de dinamismo revolucionario y belicoso.

Vemos que frente a estos elementos antiguos, obsoletos, el cine se presenta como gran alternativa innovadora, del mismo modo que el automóvil constituía todo un símbolo de la modernidad.

Progresivamente la entronización del fascismo provoca en el ámbito oficial italiano una restauración académica de las artes. Los futuristas entonces se encuentran con que el fascismo promueve unas ideas académicas diferentes a las suyas.

En los años 20 Mussolini nombra a Marinetti miembro de la Real Academia, con la contradicción que esto conlleva: el exponente máximo futurista asume un rango académico que el mismo Futurismo tanto había denostado.

Comienza el declive del Futurismo, que sin embargo ya ha establecido las bases fundamentales desde las que surge y de las que se nutrirá el resto de movimientos vanguardistas. En este papel fundacional del Futurismo, también el Manifiesto técnico de la literatura futurista (1912) tiene mucho que decir, como veremos más adelante.

Más información | Primer Manifiesto Futurista En Papel en Blanco | El nacimiento de la Vanguardia: el Futurismo

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