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'El optimista racional' de Matt Ridley: ¿tiene límites la capacidad de progreso de la especie humana?

'El optimista racional' de Matt Ridley: ¿tiene límites la capacidad de progreso de la especie humana?
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Corre por ahí una idea bastante arraigada: que vivimos tiempos convulsos, que se pierden los valores a marchas forzadas, que somos cada vez más violentos y despiadados que el mundo, que somos más materialistas y consumistas, en definitiva, que el mundo es un lugar cada vez más ingrato. Sin embargo, en esta ocasión, el arraigo de la idea nada tiene que ver con su validez. Porque es una idea tremendamente equivocada.

Los tiempos en los que vivimos, con sus fluctuaciones naturales, son los menos convulsos que conoce la especie humana. Hay más valores que nunca (más cooperación y altruismo, más actos filantrópicos, mayor cohesión social, menos racismo y xenofobia, mayor conciencia ecológica, etc.). Hay menos violencia que antes (porcentualmente hablando, por supuesto: las tasas de homicidio en Europa de los últimos setecientos años no han dejado de descender a un ritmo cada vez más veloz). No somos más materialistas y consumistas que nuestros ancestros, ni siquiera lo somos menos que los aborígenes que viven aislados de la civilización (no es la sociedad quien nos vuelve consumista sino que la sociedad es un reflejo del consumismo conspicuo que se alberga en nuestros genes: consumimos para adquirir más estatus que el vecino y así obtener mejor pareja sexual).

La mayoría de los tópicos sobre el apocalipsis que se cierne sobre el planeta nacen, principalmente, del miedo al cambio, de la falta de perspectiva y la carencia de lecturas en antropología.

Es algo que demuestra brillantemente el autor de El optimista racional, el doctor por la Universidad de Oxford Matt Ridley, del que ya os hablé en Genoma y en Qué nos hace humanos. Así pues, el libro que tenemos entre manos es una lectura deliciosa y altamente enriquecedora: sus páginas atesoran tantos datos contrastados que, después de sopesarlos, continuar siendo tan pelmazo con el tema de que la humanidad se va al garete sería propio de fanáticos.

Sin embargo, no todo es tan de color de rosa como lo plantea Ridley. Si bien la humanidad está mejor ahora que antes en casi en todo, no todo el futuro se nos presenta igualmente halagüeño. Libros como el de Ridley y otros apuestan firmemente por una idea: que los seres humanos siempre acaban encontrando una salida a sus problemas colectivos, ya sea mediante descubrimientos fortuitos o por movimientos sociales poderosos. En más de una ocasión, por ejemplo, la humanidad ha estado a punto de desaparecer debido a la explosión demográfica y la escasez de alimentos. Pero siempre al límite, hemos hallado la solución: los fertilizantes que permitieron a principios del siglo XX que los campos fuesen más productivos; la invención del motor de combustión interna, que nos desligó de la dependencia de los caballos; los cruces de distintas variedades de trigo...

Pero este optimismo, si bien es racional, peca a veces de ser demasiado optimista, valga la redundancia. El ingenio y las tecnologías necesarias para muchos problemas que se nos avecinan todavía no existen, ni hay visos de que puedan existir en breve. Si bien sólo se está cultivando el 11 % de la superficie de la Tierra, por ejemplo, ello ya incluye la parte más cultivable: la mayor parte restante tiene un uso limitado, o ninguno en absoluto. Y los cultivos actuales ya están empezando a degradarse, como han concluido edafólogos expertos. Por ejemplo, en 1996, las reservas mundiales de cereales se habían reducido en un 50 % desde el máximo histórico que se alcanzó en 1987. Y os estoy hablando sólo de la comida.

Las reservas de agua llevan un camino aún peor. Así que los exencionalistas quizá están confiando demasiado en su buena suerte, arriesgándose demasiado a que algún nuevo invento nos saque del cuello de botella al que nos dirigimos.

Así pues, en el tema de la ecología, el optimismo quizá no sería una buena estrategia a seguir. Y, en todo caso, en ecología, como en medicina, es un error rechazar por alarmista una preocupación: un diagnóstico positivo falso es una inconveniencia, pero un diagnóstico negativo falso puede ser catastrófico. Si hay que apostar, quizá es más apropiado apostar por la cautela.

Si por el contrario confiamos en nuevas prótesis técnicas para paliar la escasez de recursos, entonces el problema se irá agravando, requiriendo nuevas prótesis más tecnológicamente avanzadas. ¿Hasta dónde podremos llegar? ¿La espiral es infinita? Probablemente no. Basta un pequeño paso en falso o alguna limitación del tipo que fuere para que todo se vaya al traste.

Con todo, no os perdáis la lectura de Ridley. Polarizará muchas de vuestras ideas más arraigadas.

Editorial Taurus Colección Taurus Pensamiento Páginas: 448 ISBN: 9788430608102

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Taurus

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