Compartir
Publicidad

'Inculteces. Barbaridades que dice la gente', de Toni Garrido y Xosé Castro, un libro "destornillante"

'Inculteces. Barbaridades que dice la gente', de Toni Garrido y Xosé Castro, un libro "destornillante"
Guardar
2 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Toni Garrido es mallorquín y (en palabras del libro) cuenta cosas por la radio. Actualmente dirige y presenta el programa Asuntos Propios de Radio Nacional de España (RNE), emisora a la que llegó en 2007 tras su trayectoria en la Cadena SER. Muchos de vosotros recordaréis que fue uno de los presentadores de 'Caiga quien caiga' en su última versión, en laSexta. Su trayectoria en radio y televisión es tan larga como heterogénea (hasta fue "hombre del tiempo" en 'Madrid Directo'), pero si hay algo que destacar de su persona es que posee una de las voces más bonitas que jamás he escuchado.

Xosé Castro es gallego y escribe y traduce cosas. Ha trabajado traduciendo textos tan dispares como programas informáticos, equipos de telecomunicaciones, maquinaria técnica, publicidad, márketing... Ha publicado con gran éxito (diez ediciones) el muy entretenido Diccionario de burradas del español, y una serie de artículos centrados en los errores lingüísticos, tanto desde el punto de vista de la traducción como otros más polémicos, como son el sexismo, el racismo o el antisemitismo. Os aconsejo que visitéis su página web, en la que podréis leer algunas entradas tan interesantes como Rayas, signos y otros palitos o Mis vocablos preferidos. Castro colabora en el programa que dirige Garrido, haciendo una sección llamada 'Inculteces', en la que comentan los tropiezos lingüísticos o patadas al diccionario que les mandan los oyentes o que el propio Xosé recopila. En 2009 decidieron publicar un compendio con los casos más simpáticos en el libro Inculteces. Barbaridades que dice la gente, editado por Planeta. Esta obra nos invita a reírnos con las ocurrencias de los hablantes de castellano, que por ignorancia, falta de estudios o porque son demasiado mayores como para entender términos modernos o extranjeros. Pero ojo, no tratan dichos errores con mala leche, pretendiendo reírse a costa de los que se equivocan, sino con buen humor y respeto. Y es que como ellos mismos comentan en el prólogo:

Inculteces resarce a todos los "creativos" del vocabulario. Hasta ahora esa creatividad minusvalorada había quedado relegada al rincón de la memoria de quienes, cazadores de emociones, sí sabemos valorar y compartir esos momentos que hacen que la risa merezca la pena.

Sirvan algunos de los siguientes ejemplos como una pequeña muestra de lo que os podréis encontrar en el libro, seleccionados por mí, ayudado por ese gran invento que es el post-it (entre paréntesis va el vocablo que "debería" ser el correcto):

  • Una señora dijo que venía de llevar a su hijo al pederasta (pediatra).

  • Una abuela, comprando el pan, excusó su ausencia: -Es que no pude venir estos días atrás porque tuve un skin head en el pie (esguince).

  • Un hombre fue al médico porque le había salido una erección cutánea (erupción).

  • En una sala de paritorios un hombre le pregunta a otro por su mujer y éste le responde: Ahí anda, con las contradicciones (contracciones).

  • Algunas de las mejores ocurrencias nacen del mal uso del refranero; así, nos encontraremos con una condición inecuánime (y no sine qua non), con alguien que se anda por las ramas de Úbeda (y no por los "cerros") o otro que se encuentra entre "la espalda y la pared".

  • Y no se salva ni Cervantes, porque un alumno le presentó a su profesor un trabajo titulado "El ingeniero hidráulico Don Quijote de la Mancha".

La lista de invenciones lingüísticas es larguísima y cada caso es peor mejor que el anterior. Lo mejor de este repertorio de "inculteces" es que es una obra en cuya creación ha participado gente de toda clase, inconscientes todos ellos de que le estaban dando una vuelta de tuerca al lenguaje. Porque en un primer momento uno no puede evitar partirse de risa, pero después, parándote a pensar en el origen del retruécano acaba aplaudiéndolo como si fuera una obra pseudo-artística que, además, ha salido de una persona que no pretendía equivocarse, aunque sea para bien.

Una de las virtudes de este formato es que encaja a la perfección en esos pequeños ratos de lectura en los que nos da pereza ponernos con algo más espeso por miedo a quedarte colgado en un momento importante del drama. Y además, como es ligero, puedes llevártelo a cualquier sitio metido en el bolso, mochila o lo que sea, incluso acompañando a ese otro libro tan serio que estás leyendo, pues no lucharán por el misma franja de tiempo.

Yo he ido leyendo este libro en el bus camino a la Universidad; en el bar, en esos momentos en los que hay cola para coger el periódico y necesitas matar el mono matutino de leer algo; mientras vigilaba que no se me secara el arroz de la cena, bajo la misma luz de la campana extractora; y en el baño, sí, ocupado en los menesteres propios de dicha habitación. Y es que leo mucho en el baño, mucho. Al menos lo suficiente como para que a mi madre y a mi novia les parezca una conducta excéntrica. Pero leo de todo, creedme (hace poco que quité de encima de las toallas una recopilación de poesía barroca española), así que no se entienda ésto como algo peyorativo hacia 'Inculteces'. Es más, podría hablaros sobre la conveniencia de hacer de vientre mientras te estás riendo a carcajada limpia, pero no seguiré ese camino...

Os invito a que os hagáis con este libro, pues está muy bien descansar y acercarse a ciertas lecturas más amenas de vez en cuando, dejando de lado durante un rato tanta obra dramática y sesuda que habitualmente comemos. Y para acabar os dejo algunas ocurrencias de mi entorno que bien podrían formar parte del libro (quizá me anime a enviárselas a Garrido y Castro a su programa):

Tengo un amigo que cuando algo le parece muy gracioso, lo califica de destornillante, en lugar de "desternillante" y he escuchado habitualmente (la última vez a un concursante de Pasapalabra) que cuando una persona utiliza un determinado tonillo y modo de hablar, por lo común para zaherir a alguien, no dice algo con rintintín (como el perro), sino con "retintín".

Los beneficios de este libro van íntegramente a la Fundación Crecer Jugando.

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Planeta Más Información | Asuntos Propios en RNE | Inculteces, sección dentro del programa 'Asuntos Propios'

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio