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Los libros de los presidentes

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Vertiginoso y mareante espectáculo el de ver a un ex presidente y a un presidente del Gobierno español presentando cada uno un libro con un día de diferencia. El primero, el ex presidente, saca un libro de su puño y letra: Cartas a un joven español. El otro, el presidente, ejerce de padrino de la publicación de la obra completa de otro ex presidente del Gobierno español, si bien más pretérito que el referido anteriormente como ex presidente: hablamos de Manuel Azaña.

En ambos casos nos encontramos con obras en los que los respectivamente referidos como ex presidentes plasman sus reflexiones más íntimas sobre el momento político que les tocó vivir y sobre el país que coincidieron en gobernar. Las obras vienen avaladas por los prestigiosos historiadores Stanley G. Payne en el caso de Az(nar) y de Santos Juliá en el de Az(aña).

El primer ex presidente (en orden de presentación, que no cronológico) dirige una correspondencia imaginaria a un joven español llamado Santiago (obviamente) en la que le transmite ideas, principios y valores políticos. La obra del segundo recoge en cambio los textos ya publicados en los años sesenta en México junto con otros inéditos.

Pocas veces se tiene ocasión de presenciar en directo la batalla por construir la Historia. Tanto el presidente como el ex presidente saben que no sólo se juegan el presente. Seguro, ambas presentaciones han servido para que cada uno exponga sus divergentes opiniones sobre la España actual, tanto que es divertido compararlas: uno no tiene la sensación de vivir en un término medio entre ambas versiones, sino directamente en una dimensión paralela.

Pero la política es algo coyuntural y pasajero, y ellos lo saben mejor que nadie. Lo que preocupa al que fue presidente y al que será ex presidente es el juicio de la Historia, tanto que ellos mismos se conciben y justifican ya como materia de estudio. La paradoja de la Historia es que esas dos Españas que ellos creen estar representando, una falsa y otra cierta, no serán más verdaderas dentro de cien años que ahora.

No serán más verdaderas que los cuarenta y cinco millones de Españas que somos, que los seis mil millones de mundos que somos, que los infinitos millones de historias que han sido a pesar de que nadie las pusiera por escrito. Esa es la paradoja: la Historia apenas sabe de historias. Es a la Memoria a quién las historias se le dan bien.

Vía | Yahoo! Noticias, Yahoo! Noticias

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