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'Meditaciones' de Marco Aurelio

'Meditaciones' de Marco Aurelio
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Hay libros que como amigos eternos, como estrellas fijas que anulan el poder de los cometas, como esos confesores a los que las reinas históricas se dice que acudían en los tiempos tormentosos, y que, como ellos, disuelven las penas y ponen en la justa perspectiva los hechos de la vida. Este, sin duda, es uno de ellos. Las "Meditaciones" de Marco Aurelio.

Marco Aurelio nació en Roma en el año 121. A los 17 años fue adoptado legalmente por Antonino Pio a instancias de Adriano, su antecesor, que había conocido al muchacho quedando impresionado por su inteligencia.

El gobierno de Marco Aurelio marca el final de la Pax Romana. Su temperamento calmo y su fortaleza de espíritu le permitieron mantener la justicia y la seguridad del Imperio pese a la gran cantidad de epidemias y revueltas con las que se encontró.

Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan, conspiran, desean que algunos mueran, murmuran contra la situación presente, aman, atesoran, ambicionan los consulados, los poderes reales. Pues bien, la vida de aquéllos ya no existe en ninguna parte.

Este hombre era un estoico y una persona que revela en sus escritos una sencilla aceptación del destino, al que solamente podemos sobrellevar con la autoconfianza que da la serenidad. Su educación, a la que él consideraba deberle todo cuanto era, se la agradece a su bisabuelo que hizo que lo educaran en casa.

El no haber frecuentado las escuelas públicas y haberme servido de buenos maestros en casa, y el haber comprendido que, para tales fines, es preciso gastar con largueza.

Como suelo hacer, dejo que hablen los autores para vuestro deleite. Y espero que esta introducción os mueva a desear conocerlos mejor. Su obra está llena de profundas reflexiones sobre lo fatuo de los honores, lo pasajero de los placeres, el camino recto del perdón y la paz del alma. Todo un deleite para el espíritu y uno más de esos libros clásicos eternos que os recomiendo.

Cada vez que alguien cometa una falta contra ti, medita al punto qué concepto del mal o del bien tenía al cometer dicha falta. Porque, una vez que hayas examinado eso, tendrás compasión de él y ni te sorprenderás, ni te irritarás con él. Ya que comprenderás tú también el mismo concepto del bien que él, u otro similar. En consecuencia, es preciso que le perdones. Pero aun si no llegas a compartir su concepto del bien y del mal, serás más fácilmente benévolo con su extravío.

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