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'Sobre la guerra', de Rafael Sánchez Ferlosio

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La principal paradoja entorno a la guerra es que, por mucho que se lamente y se condene, no se deja de aceptar como algo connatural al ser humano. Se asume que el beligerante está en un estado de civilización inferior, como el niño que aún no ha aprendido a resolver sus problemas sin pelearse. Raro es que se denuncie la guerra como artificio, una convención adquirida más tal y como el sistema económico, el patriarcado, el género o los prejuicios raciales. Rafael Sánchez Ferlosio (Premio Cervantes 2004) ha dedicado 25 años a trabajar sobre el fenómeno de la guerra y a diseccionar, fría y hegelianamente, sus mitos y miserias.

Ante el amenazador y el amenazado la relación humana se ha cosificado y ha perdido cualquier posible significación moral y racional. No sólo porque se ha puesto fuera de toda libertad, sino también porque va empujando cada vez más lejos toda posible libertad.

¿Les suena a la famosa dialéctica del amo y el esclavo? La guerra no se racionaliza: se racionalizan los mecanismos de muerte. La guerra no se humaniza: fuerza las contradicciones entre lo que el hombre quiere ser y lo que acaba haciendo. Las guerras de hoy en día no son mejores que las de hace 1.000, 2.000, 10.000 años, no sólo por los botones que al apretarse vaporizan ciudades, sino porque en ningún momento han perdido su carácter de coerción gratuita, de gran sistema de trituración de voluntades en el bando propio y ajeno. No tengo que citar a Orwell para hacerme entender.

La guerra no tiene nada que ver con la caza, con el duelo, con la lucha por la supervivencia. ¿Es inevitable la guerra? Lo cierto es que, al contrario que en las peleas de la escuela, basta que uno de los dos la quiera para que ocurra. ¿Pero existe la guerra legítima? En la indispensable entrevista concedida a El País Ferlosio responde lo siguiente:

Las armas son el origen de la legitimidad. El vencedor es el legitimado, y el legitimador, el vencido. En el ensayo de Walter Benjamin sobre la violencia se dice que, en los tiempos más primitivos, el tratado de paz representaba la aceptación de los derechos de guerra del vencedor por parte del vencido.

Para Ferlosio no existe la guerra legítima, visto que la propia guerra es la fuente de legitimación. De los actos del vencedor, claro está. Ese es el mito de la "guerra justa": lo que se gana por la fuerza y el arbitrio se convierte en derecho en el momento en el que el derrotado lo asume. Las razones para empezar una guerra, razonan los gobernantes, las tendremos cuando esta acabe. Si ganamos, porque hemos ganado. Y si perdemos... ¿qué mas dará entonces?

Terminemos con una selecta perla:

El que amenaza adquiere un compromiso terrible. Y lo más terrible es que se empeña en lanzar la responsabilidad sobre el otro. Tú serás responsable de que yo te mate. ¿Pero cómo voy a ser yo responsable de lo que tú me hagas a mí? ¿Por qué?

Vía | Yahoo! Noticias Más Información | Entrevista a Rafael Sánchez Ferlosio en ELPAIS.com

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