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‘Todo va a cambiar’ de Enrique Dans

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En el documental Unknown white male (Hombre blanco desconocido), se cuenta la historia, presuntamente fidedigna, de Douglas Bruce, un hombre que afirma no recordar absolutamente nada desde la mañana del 3 de julio de 2003, mañana en la que se despertó en un vagón del metro camino de Coney Island, vestido con sandalias, pantalones cortos y camiseta.

De igual forma, muchas personas que hablan de los derechos de autor, de la propiedad intelectual, del derecho al acceso a la cultura o de los modelos de negocio ajustados a los cambios tecnológicos parece que han olvidado absolutamente todo el pasado, lejano e inmediato.

Un pasado en el que también hubo movimientos ludditas, en el que se tuvo que redefinir el concepto de propiedad a fin de favorecer el bien común y el avance de la tecnología (por ejemplo cambiando la ley que decía que los dueños de una tierra eran también dueños de todo lo que hubiera sobre dicha tierra hasta el infinito, lo cual colisionaba con el derecho de la gente de viajar en avión).

El autor, en Todo va a cambiar, intenta refrescarnos un poco la memoria. Y no sólo eso. También, como si el libro estuviera impregnado de 200 o 300 gammas de LSD, pretende expandirnos la mente y pensar en cosas que, apresados en nuestras minúsculas vidas provincianas, nunca nos hemos planteado.

Básicamente eso: que todo va a cambiar. Aunque la mayoría de nosotros no lo sepa, y otros tantos se nieguen a aceptarlo articulando surrealistas leyes, o sencillamente pataleando de rabia.

Así pues, a modo de esmeril capaz de agudizar nuestras obtusas mentes, debéis agarrar este libro y leerlo de cabo a rabo (o en su versión digital, basta con que lo descarguéis vuestro lector favorito).

Si ya estáis bregados mínimamente en estos asuntos, por ejemplo habiendo leído Copia este libro de David Bravo, Cultura Libre de Lawrence Lessig o Imagine… No copyright de Joost Smiers y Marieke Van Schijndel, Todo va a cambiar no os aportará nada nuevo. Sólo una manera diferente, y simplificada, para todos los públicos, de decir esencialmente lo mismo.

Si sois vírgenes, entonces no lo dudéis. Enrique Dans os desflorará convenientemente. Y nunca volveréis a pensar lo mismo.

En 1506, medio siglo después de la popularización de una nueva tecnología, la imprenta de Johannes Gutenberg, aparecen registros históricos de ejemplares impresos de A Lytel Geste of Robyne Hood, el primero de los llamados broadsides o broadsheets, hojas impresas con la letra e indicaciones de la música de una canción. En 1520, un comerciante inglés vendió la fastuosa cantidad de 190 hojas de una obra, dando lugar a otro modelo de negocio: la venta de copias de partituras de música. Finalmente, en 1566, se promulgó la obligación, para cada impresor que desease hacer una tirada, de registrarse en la Stationers Company de Londres y, a partir de 1567, pagar cuatro peniques por canción. Esto se considera el origen del modelo que hoy conocemos como copyright. Este modelo, basado en la necesidad de controlar las obras impresas, estuvo vigente hasta 1709, cuando la fuerte presión social que pedía libertad de prensa se hizo efectiva. Curiosamente, el modelo de negocio en la época dorada de la Stationers Company era diferente al actual, sobre todo en cuanto a la localización del poder y el reparto del margen: desarrollado inicialmente para los libros, pero aplicado también a la música, el modelo consistía en que el autor vendía todos los derechos de su obra a cambio de un precio fijo a un impresor, el cual retenía el derecho perpetuo de explotación de la obra, incluso si esta resultaba ser enormemente popular. Las obras, de hecho, se registraban en Stationers Company con el nombre del editor, no con el del autor.

Editorial Deusto 300 páginas ISBN: 978-84-234-2763-5

Sitio Oficial | Ficha en Deusto

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