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Arthur C. Clarke, el visionario de las estrellas

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"El futuro ya no es lo que solía ser"

Arthur C. Clarke ha fallecido a los 90 años de edad, dejando un vacío inconmensurable en la ciencia-ficción, dando la sensación de que debería haber vivido al menos 100 años más para que le diese tiempo a aportarnos todas las reflexiones que tenía en su cabeza.

Se le conoce por su relato corto El Centinela, que se convirtió en una superproducción experimental llamada 2001: Odisea en el Espacio, a cargo del gran Stanley Kubrick. Pero, personalmente, lo que me cautivó de Clarke fue su aplaudida novela Cita con Rama, grandiosa historia que será adaptada al cine próximamente por el magnífico David Fincher.

Recuerdo que leí Cita con Rama durante el bachillerato, y me conmovió tanto, que me dio la impresión de que Clarke era realmente un viajero en el tiempo que se había instalado en nuestro siglo, dándonos a conocer su portentosa sabiduría y capacidad de análisis. Clarke es, en este sentido, como Stanislaw Lem. Intenta desentrañar los misterios del espacio no sólo en el aspecto literario, sino como búsqueda de las propias respuestas a la condición humana. El Rama de Clarke es como el Solaris de Lem, un lugar en el universo que parece ser el reflejo a los propios miedos y debilidades del ser humano, una alegoría del desconocimiento que tenemos sobre la influencia del espacio en nuestra mente.

Se instaló en la oriental isla de Sri Lanka en medio de una guerra civil, y formuló el deseo de que se acabara el conflicto antes de que él muriera, algo que no se ha podido cumplir. Como tampoco el de comprobar la existencia de vida extraterrestre o de que el petróleo fuese una de las bases de la economía mundial. Pronosticó la instalación de satélites de comunicación en el espacio, y algunos todavía recuerdan su papel de comentarista de la CBS en las misiones Apolo a la Luna.

Se le puede tachar de frío, de lento narrativamente hablando (algo muy palpable en 2001), de continuar innecesariamente las sagas de 2001 y de Rama, pero lo que hace que la obra de Clarke trascienda lo puramente literario es su perspectiva analítica de nuestro papel en el universo. Clarke pasó del tono utópico al crítico, realizó planteamientos político-sociales que lo colocaron a la altura de otros grandes como Robert A. Heinlein o Isaac Asimov, y demostró que está años y años por delante de nosotros en cuanto a la capacidad de elaborar una visión global del mundo actual.

Si es verdad que hay vida después de la muerte, ojalá Clarke pueda contemplar la resolución de tantas y tantas preguntas formuladas en su cabeza, deleitarse con las respuestas y regocijarse eternamente. Descanse en paz.

En Papel en Blanco | Arthur C. Clarke

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