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Con Francisco Ayala muere una de las mejores bibliotecas del siglo XX

Con Francisco Ayala muere una de las mejores bibliotecas del siglo XX
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Se dice que cuando muere un anciano, se quema una biblioteca. En el caso de Don Francisco Ayala dicha sentencia cobra más sentido que nunca. El escritor granadino nos ha dejado a sus 103 años tras una larga y fructífera vida personal y cultural, que le llevó a convertirse en todo un referente moral para la cultura lationamericana.

Si bien sus primeros actos literarios tuvieron un enfoque realista, muy pronto se dejó embaucar por las vanguardias de comienzos del siglo XX. Con el golpe de estado del fascismo y la consiguiente guerra civil, Ayala se vio obligado a marcharse de España, llegando como tantos otros exiliados a Buenos Aires. Allí siguió con su obra literaria, fundó la revista Realidad y comenzó a trabajar en la Universidad de La Plata. Su periplo vital lo llevó a Puerto Rico y EEUU, volviendo definitivamente a España en 1980.

No citaré sus obras porque su obra narrativa y ensayística es tan extensa y rica que señalar unas sobre las otras sería cometer una injusticia. Sus reconocimientos dicen casi todo de él: académico de la RAE desde 1984 y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes desde 1997; Premio de la Crítica (1972), Premio Nacional de Narrativa (1983), Premio de las Letras Españolas (1988) y Premio de las Letras Andaluzas (1990); Premio Cervantes (1991) y Premio Príncipe de Asturias (1998). Casi nada…

El bueno de Don Paco fue uno de esos exiliados que volvió a España sin rencor ni ánimo revanchista, pero siempre mantuvo vivo el recuerdo del episodio más agrio de la historia moderna de España. Su carácter afable, su impresionante cultura y su defensa del diálogo y de la democracia lo convirtieron en un hombre querido y respetado por todos, independientemente de sus preferencias políticas, algo que en este país dividido en dos es (lamentablemente) un caso extraordinario.

Con Ayala perdemos uno de los pilares de nuestra cultura común, no sólo de la española, sino también de la latinoamericana; una figura única y universal, que nos unía a todos alrededor de la literatura. Como digo en el titular, con su muerte se quema una de las mejores bibliotecas del siglo XX; un fuego que nunca acabará por extinguirse y cuyo humo podrá verse desde los dos lados del Atlántico, porque Ayala vivirá eternamente entre nosotros, sus lectores.

Vía | El País
Foto | El Mundo

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