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-¡Deje de guarrear los libros! -¡Pero si soy el autor!

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Algo parecido debió ocurrirle a Stephen King en la ciudad australiana de Alice Springs. King, propenso a inquietantes y sorprendentes arranques dignos de sus novelas, decidió entrar en una librería y regalar su autográfo a los ejemplares de su última obra, La historia de Lisey. Los clientes no le reconocieron y pensaron que se encontraban ante un vándalo que pintarrajeaba los libros. La cosa debió ponerse fea, porque cuando la encargada Bev Ellis salió a averiguar qué ocurría, King se había esfumado.

Normalmente un escritor no entra en una tienda y se pone directamente a firmar ejemplares, explica la perpleja Ellis.

Al final la librería tuvo que pedir disculpas al escritor, del que dicen que se mostró amable y comprensivo (lo cual es tranquilizador tratándose del tipo que compró la furgoneta que le atropelló para poder destrozarla a martillazos). Como parte de la compensación , la librería se ha comprometido a donar las ganancias obtenidas con los ejemplares autografiados a obras de caridad relacionadas con la literatura.

Hay tantas cosas insólitas en esta historia que no sabría por dónde empezar. Pero lo realmente sorprendente es que la mayor beneficiaria de algo relacionado con Stephen King vaya a ser la literatura.

Vía | Yahoo! Noticias

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