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Dime a quién persigues y te diré quién eres (II)

Dime a quién persigues y te diré quién eres (II)
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En este segundo post trataré la situación actual de la represión contra los escritores disidentes (adjetivo que se suele utilizar de modo peyorativo pero que en realidad esconde una magnífica cualidad). Como los casos son innumerables, el espacio de este blog, reducido y mi capacidad para recabar información, finita, me centraré en algunos de los ejemplos más representativos de los últimos años. El mapa que encabeza este texto lo tomé de la web del Pen Club Internacional y representa, según los datos que ellos manejan, la situación actual de los escritores y el respeto (o ausencia de él, más bien) a su derecho de libertad de expresión.

Para empezar hay que destacar que tres de los países que menos respetan el derecho fundamental de libertad de expresión son China, Rusia y Cuba, otrora adalides del comunismo y actualmente tres regímenes totalitarios cuyos disfraces no se los cree nadie. Especialmente sangrantes son los casos chino y ruso, para los que las presión de la comunidad internacional no es más preocupante que la pataleta de un niño. Comencemos por Rusia.

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En el post anterior ya comenté la persecución a la que fueron sometidos muchos escritores durante el período soviético, pero a día de hoy la situación es más preocupante si cabe, pues no hay que olvidar que el ruso es un Estado supuestamente democrático. El suceso más representativo del proceder de Putin (esa caricatura de Stalin afectado de megalomanía) es el de Anna Politkóvskaya, periodista reconocida internacionalmente por su trabajo informativo sobre la realidad de la masacre de Chechenia. En su libro La Rusia de Putin. La vida en una democracia fallida denunció las violaciones sistemáticas de los derechos humanos. En 2006 fue asesinada en el ascensor de su casa.

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China, tras dejar atrás el espíritu olímpico que la ingenua Europa pensó que les empujaría al siglo XXI, sigue siendo una máquina perfectamente engrasada para subyugar a la quinta parte de la humanidad. La lista de represaliados es tan extensa que asusta, pero lo peor es que posiblemente sólo conozcamos la punta del iceberg.

El caso más popular es el de Liu Xiaobo, ex presidente y actual jefe del consejo del Centro Chino Independiente del PEN Club, detenido desde el 8 de diciembre de 2008, por defender la reforma política y la protección de los derechos humanos. El bueno de Liu (arrestado por primera vez en 1989, en la Plaza Tiananmen) fue acusado el pasado verano de “incitación a la subversión del poder del estado”, por lo que se enfrenta a una pena de hasta quince años de prisión.

En África, concretamente en Nigeria, ocurrió uno de los hechos más graves que conocemos. Kenule Besson Saro Wiwa, periodista, novelista y productor de televisión, levantó su voz contra las petroleras del delta del río Níger y la desprotección de los pueblos autóctonos. Fue arrestado, acusado de unos crímenes nunca probados, y ejecutado, pese a las protestas internacionales, por el régimen dictatorial en 1995. En los últimos años, conocimos la peripecia de Mohammed Erraji, bloguero marroquí condenado a dos años de cárcel por publicar en su blog un texto en el que criticaba la política del rey Mohammed VI. La presión de la opinión pública logró su excarcelación, pero actualmente sigue viviendo en libertad bajo fianza.

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Pero no todo nos queda tan lejos como Rusia o China y los países latinos también debemos mirarnos en el espejo. Cuba es el país latinoamericano con mayor cantidad de periodistas, escritores o bibliotecarios encarcelados. El Comité para la Protección a Periodistas (CPJ) tiene documentados veintiún casos en la isla, pero otros organismos elevan la cifra. La dictadura de los hermanos Castro se ha encontrado con una serie de jóvenes, como Yoani Sánchez, Claudia Cadelo y otros blogueros, que desde el teclado de su ordenador se saltan las restricciones impuestas.

Yoani, autora del excelente blog Generación Y, ha sido detenida, amenazada, insultada y obstruida en su trabajo, pues para conectarse a internet necesita esquivar los obstáculos que el gobierno le pone subrepticiamente. Y cuando fue arrestada, su marido estuvo a punto de ser linchado por una turba castrista en las inmediaciones de la comisaría a la que había ido a pedir explicaciones por la detención de su mujer.

Pero estos incidentes no son nada nuevo, pues no podemos olvidar otros casos más antiguos, como el de los poetas Raúl Rivero o Ángel Cuadra, encarcelados por oponerse al régimen (quince años el segundo), o el más conocido de Reinaldo Arenas, que, después de sufrir la cara más oscura del castrismo (encarcelamiento y tortura, ya no sólo por disidente, sino también por homosexual), acabó exiliándose en 1980 durante el “Éxodo del Mariel”.

En México, Miguel Ángel Gutiérrez Ávila, antropólogo y escritor, fue asesinado brutalmente en el estado de Guerrero en julio de 2008. Su pecado: ser un comprometido activista por los derechos de los indígenas que no se amilanaba a la hora de señalar con el dedo a los caciques que controlan política y económicamente la zona.

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Pero quizá el suceso más estrambótico fue el vivido por Lydia Cacho, escritora, periodista, defensora de los derechos de la mujer y látigo de la violencia machista. En su libro Los Demonios del Edén denunció a la mafia de la pederastia en México, implicando a varios personajes públicos, entre ellos el diputado Emilio Gamboa Patrón o Mario Plutarco Marín Torres, gobernador de Puebla.

En diciembre de 2005 fue secuestrada en Cancún, ciudad en la que residía, por elementos policiacos de Puebla, y trasladada ilegalmente a ese Estado. Fue liberada gracias a la presión social que desató semejante escándalo y en febrero de 2006 salió a la luz pública una grabación de una llamada teléfonica en la que el empresario Kamel Nacif (implicado en los casos de pederastia que denunció Lydia) le agradece al gobernador de Puebla la detención y el procesamiento de la periodista. Blanco y en botella…

Los casos en Latinoamérica son muy numerosos y a cada cual más terrible. Juan Gelman, insigne escritor argentino, sufrió el secuestro y desaparición de sus dos hijos junto a su nuera, embarazada de siete meses. De su hija y su nuera no supo nada más, pero a su hijo lo encontraron catorce años después, en un río de San Fernando, dentro de un tambor de grasa lleno de cemento. En 2000 y sólo una vez que el ex-presidente Sanguinetti no pudo seguir bloqueando la investigación, Gelman encontró a su nieta, que adoptó los apellidos de sus padres. Mario Benedetti o Eduardo Galeano, por ejemplo, son dos de los miles de uruguayos que se vieron forzados al exilio por la dictadura militar, el segundo, doblemente, porque también tuvo que huir de la Argentina de Videla.

Éstos son sólo algunos de los escritores perseguidos, encarcelados, asesinados o forzados al exilio en Latinoamérica; seguro que vosotros, en lo comentarios, podéis citar un buen número de ellos. Dejaré para el siguiente post (viendo cómo me he extendido en este) los casos europeos, así como una reflexión final sobre todo el asunto.

En Papel en Blanco | Dime a quién persigues y te diré quién eres (I)

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