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Entrevista a Carlos Salem: "El humor en este país es un pecado"

Entrevista a Carlos Salem: "El humor en este país es un pecado"
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Con Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) no sirven los mapas ni las brújulas. Preguntas y él responde, pero no te deja que le lleves de la mano. Coge el camino que le apetece, cruza sin mirar, se salta los semáforos. Quizás el pañuelo que oculta su presunta calva sea la respuesta: Carlos Salem es un pirata que no entiende de patrias ni caminos trillados, aunque él repita a menudo que se considera “argeñol”. Lleva en España desde 1988 pero su primer libro, ‘Camino de Ida’, no vio la luz hasta 2007. Desde entonces ha publicado tres novelas más, dos libros de relatos, una obra de teatro y tres poemarios en un puñado de editoriales distintas como Salto de Página o Ya Lo Dijo Casimiro Parker, y ha ganado premios como el Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón. Después de verano publica novela nueva: ‘Un jamón calibre 45’.

Charlamos en un rincón de Los Diablos Azules, cerca del pequeño escenario donde dentro de un rato se celebrará ‘El tamaño importa’, la jam session de microrrelatos que organiza todos los miércoles el propio Salem. En pleno barrio de Malasaña, quizás la última cala salvaje en la que el pirata Salem fondea a gusto.

Has empezado a publicar relativamente tarde pero en cuatro años has publicado mucho, ¿ha sido por recuperar el tiempo perdido o porque ha salido así?

Yo creo que porque ha salido así. Mi fuerte es la novela, yo me considero novelista. El cuento es una debilidad a la que cedo gozosamente y la poesía un pecado que cometo con cierta frecuencia. Y lo de la obra de teatro era algo que tenía en mente. La primera versión la escribí hace más de 10 años. Cuando no te conoce nadie te gusta darte a conocer, ahora hay un número más o menos notorio de gente que me conoce, muchos que saben que no les gusta lo que escribo y otros a los que le gusto, y con eso ya puedo manejarme. Creo que bajaré un poco el ritmo aunque me cuesta contenerme.

¿Cómo será tu nueva novela, Un jamón calibre 45?

Pues tiene lo que mis lectores habituales ya conocen. Un poco de irreverencia, una cierta honestidad intelectual sin pretenciosidad porque no me gustan las moralejas, un tono de novela negra que no siempre es académica, algo de poesía se filtra siempre allí, algo de humor y bastante sexo. Es mi primera novela en la que el protagonista es un argentino. Es una aventura muy loca que transcurre buena parte de ella en Madrid, en agosto. Aunque es una novela policiaca, que tiene que ver con el deseo y es bastante erótica, tiene que ver también con cuántos somos, cuántas personas contrapuestas hay dentro de cada uno de nosotros, cuántos oponentes, incluso enemigos, pero contado con un tono bastante irónico y con humor, porque si no te vuelves solemne, coñazo, y terminas hablando como Punset.

El humor es una de las reivindicaciones de Salem: “El humor es un pecado”, afirma y continúa: “No se toma en serio en este país. Vas a una gran librería y pides una novela negra de humor y cuando la lees te preguntas: ¿Dónde está el humor, se me cayó en la librería?” Y asegura que son poquitos los que escriban con “malicia” en España: “Rafa Reig, Román Piña, David Torres… Estoy siendo injusto, se me olvidan tres o cuatro personas. Hay alguno… ¡Mijangos, José María Mijangos! El humor no es lo que más se lleva en este país”, se lamenta.

También le sorprende que haya quien acuse a sus novelas de pertenecer al realismo sucio porque habla mucho de sexo y también hay algo de violencia, pero él contraataca: “Que en una novela alguien le clave a otro un sacacorchos en el ojo, se lo saque y se lo coma no se censura. Pero si alguien echa un polvo cuando se lo pide la historia y el lector está con ganas de que eso pase, siempre se mira con lupa. Es curioso que seguimos mirando el sexo como con sorpresa”. Y vuelve al tono reivindicativo cuando dice: “En la novela negra española se folla poco y mal, y todo lo que pueda ayudar para que eso cambie lo haré”.

Carlos Salem publicó hace poco una obra de teatro, El torturador arrepentido, que quizás sea su obra más seria, más grave, y que está ambientada en parte en la dictadura de Videla, un periodo oscuro de su país de origen, Argentina.

¿Por qué el teatro para hablar de política?

No sé, supongo que a mí el teatro me parece una cosa muy seria. Esa gente que encarna mis personajes es esos personajes, con sus miedos. En realidad no es una obra política, es una obra sobre la venganza, sobre la impunidad, sobre los sueños que no nos atrevemos a cumplir, sobre las zonas grises que tenemos todos. Yo creo que la gran pregunta es: ¿si te dieran a elegir entre torturador y torturado, qué elegirías? No es por justificar al torturador, al torturador lo quiero en el paredón, pero otra cosa es que los fascismos existen porque hay una gran masa se mueve en la zona gris, una masa que mira lo que hace el vecino y como el vecino baja la cabeza, también baja la cabeza.

¿Cómo escribes, dónde, tienes algún lugar…?

No. Yo, cuanto más ruido, mejor. Escribo siempre en ordenador porque mi letra es ilegible. Cuando me siento bloqueado… Bueno, nunca me he sentido bloqueado pero a veces tienes tantas cosas que hacer, tantas cosas en la cabeza, que lo que hago es que me voy a hacer una gestión al banco, al mercado o en metro, algo que me dé una excusa, que me obligue a irme, y escribo mentalmente. Cuando llego a casa sigo.

Es decir, que no tienes un horario, una rutina…

Cuando tengo una novela le doy, le doy, le doy hasta que me desmayo, me muero, pero tampoco insisto, a veces hay que parar para no escribir en automático, dejar que la novela repose, suelte un poco de caldo y luego sigues. De diez novelas que tengo por la mitad hay dos o tres que igual no termino nunca pero el resto sé que me sentaré este verano, o el otro, pero las terminaré porque no están abandonadas, sé que hasta aquí están bien y me digo “venga, ya sabes cómo va a terminar, deja que eso repose”, para no tener que rellenar casilleros. Hasta que, como se dice en argentino, te cae la ficha. Te cae la ficha de algo que tenías en mente, te cae la ficha por ti, porque no querías manipular y lijar para que encaje el rompecabezas, sino que sea algo natural.

¿Que alguien se lea una novela tuya en tres o cuatro horas, es un insulto o es un piropo?

Es el mejor piropo que me pueden hacer. Y aparte es una lección de humildad para el escritor. Por aquello de que a lo mejor te has llevado un año escribiendo o cinco dándole vueltas en la cabeza. Como me enseñó el maestro Juan Madrid: ninguna novela tardas menos de cinco años en escribirla. Te tiras cinco años de tu vida escribiéndola y llega alguien y se la lee en tres o cuatro horas: no eras tan importante, no eras tan trascendente.

Pero por otro lado mola, porque esa persona se ha sentido tan a gusto en ese mundo, que puede ser a gusto de dolor, a gusto de ternura, a gusto de empatía, de horror… Es el mejor piropo para mí. Ése y el que me ha dicho alguna gente que ha ido leyendo una novela mía en el metro y que ha tenido que cerrarla porque se descojonaba, y no son novelas de humor. Yo no puedo hacer un cálculo, “aquí va a pasar esto”, sí que sé lo que estoy haciendo, pero también eso es surfear, te dejas llevar. Eres el primer lector, por lo tanto eres el lector consciente que va escribiendo mientras lee, y tienes que dejar que la música avance sola.

Otra cosa es que haya un tipo de libros que puedan demandar una lectura un poquito más lenta. Si tardes más de dos semanas con una novela, teniendo tiempo libre, es que normalmente es una novela pretenciosa y bodrio. A mí la gente que te intenta explicar cómo es la vida… Yo tengo mi idea, y tú la tuya. Si hay un mensaje, que siempre lo hay, trato de que nunca sea evidente. ¿Quién soy yo para decirle a la gente que toda la vida es un camino de ida?

Carlos Salem - Aller Simple

“Aller simple”. Es lo que lleva tatuado Carlos Salem en el brazo izquierdo, en grandes letras negras. Es la traducción al francés del título de su primera novela, Camino de ida, pero es también “un mantra, un recordatorio”. Siempre quiso tatuárselo y por ello estuvo a punto de cambiar el título del libro, pero al final encontró la solución acudiendo a la lengua de una país en el que se le trata muy bien. En Francia han salido Camino de ida y Nadar y guardar la ropa, y en septiembre publica Pero sigo siendo el Rey (en Actes Sud). Además, el año que viene publicará antes que en España una nueva novela que quizás también se traduzca al alemán.

¿Qué es para ti Internet?

Es positivo, es el medio democrático por excelencia para la literatura, cualquiera puede colgar sus poemas y que los lean cien mil personas…. ¿A ver quién coño vende cien mil ejemplares de poesía en este país?

Lo del gratis total es una película. No me gusta la ley Sinde pero el gratis total me parece una estupidez. Muchos de los que dicen eso, mañana inventan un videojuego y se lo pueden vender a los japoneses y lo van a vender. Si en este sitio lleno regalas un libro tuyo, si te descuidas te encuentras la mitad tirada en la calle. Lo gratis no lo valoramos.

El bar bulle de conversaciones y ruidos de copas. Es miércoles, día laborable, pero Los Diablos Azules está lleno de gente con ganas de leer y de escuchar microrrelatos. Acabamos la entrevista hablando de los nuevos modos de lectura, del libro electrónico y de los portales de streaming que empiezan a aparecer, copiando el modelo de Spotify. Esto último no le acaba de convencer: “Leer un libro en streaming es una herejía. Lo más bonito del libro es que a ti te gusta y lo llevas a todos lados, y te mudas, y te echan de casa, y te divorcias y los vas llevando contigo. El digital al menos lo tienes ahí guardado… Pero en streaming…”

Más información | Blog de Carlos Salem.
En Papel en Blanco | ‘Pero sigo siendo el rey’ de Carlos Salem

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