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Fallece Rafael Azcona, el guionista de la España en blanco y negro

Fallece Rafael Azcona, el guionista de la España en blanco y negro
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Se ha cumplido el triste vaticinio que esperábamos desde que nos anunciaron a finales del año pasado que Rafael Azcona padecía cáncer de pulmón. Quien fuera probablemente el más grande guionista español contemporáneo ha muerto a los 81 años de edad. Tras de sí deja piezas del calibre de los guiones de El Verdugo, El Cochecito o El Pisito, retratos entre la amargura y la sorna de la gris España de la posguerra que fueron dirigidas por sus grandes amigos Marco Ferreri y Luis García Berlanga.

En realidad Azcona llegó al cine, el medio que le consagró, casi de rebote. Su primera vocación fue la de novelista y jamás llegó a apartarse del todo de la literatura. El Pisito fue su primera obra, que Ferreri le pidió que adaptará a un guión cinematográfico. De ese comienzo casi anécdótico surgió el que ha sido el mayor adaptador de la literatura española al cine. Desde La Celestina a uno de sus últimos trabajos, La lengua de las mariposas de Javier Marías, pasando por el Tirano Banderas de Valle-Inclán y El Bosque encantado de Wenceslao Fernández Flórez. Películas que en general no llegan a la altura de los libros originales, pero en las que Azcona demuestra un respeto y una complicidad notables en la transformación del texto en imágenes.

Al Azcona literato, colaborador en multitud de medios de relevancia histórica como las revistas La Codorniz y Hermano Lobo, le debemos una de las creaciones más divertidas y mordaces del último siglo: El repelente niño Vicente, un trasunto del pequeño Nicolas de Goscinny y el antecesor de Manolito gafotas. Un niño pedante y relamido cuya particular descripción de su realidad cotidiana ha llegado a convertirlo en una expresión que todavía se utiliza. Y es que nadie es más repelente que el niño Vicente.

Rafael Azcona fue Premio Nacional de Cinematografía en 1982 y Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1994. En septiembre se publicó una recopilación de sus mejores artículos, Memorias de un señor bajito. El año pasado, con motivo de su ochenta cumpleaños, concedió una entrevista a El País en la que hablaba de su relación con la literatura:

Yo, el pasado, intento no olvidarlo, pero no lo añoro; prefiero perder el tiempo en el territorio de la esperanza que en el de la nostalgia. En cambio, a la hora de leer, sí vuelvo la mirada hacia atrás y releo más que leo. Y no a todo el mundo: por ejemplo, y sin saber por qué, sigo fiel a Baroja, a Chéjov, a Poe, a Maupassant, pero no a Azorín, a Dostoievski, a Henry James, a Balzac... Debe ser cosa de la edad.

Y nos dejó la puntilla de la ironía descarnada y sagaz incluso desde la última vuelta del camino:

La ciudadanía, si puede hacer tres o cuatro comidas diarias y refocilarse un poco, encantada de la vida. Pero siempre hay gente empeñada en convencerla de que es mucho mejor morir por la patria. Y uno se pregunta: es mucho mejor, ¿para quién?

Vía | El Pais En Papel en Blanco | Rafael Azcona Más Información | Rafael Azcona en Cervantes Virtual

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