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Francisco Ayala está harto de Francisco Ayala

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Al cumplir el siglo +1, Francisco Ayala nos pedía que, una vez pasados los fastos de la celebración de su centenario, no le dejásemos descansar. Sin embargo los rigores de la popularidad parecen haber hecho mella en el veterano hombre de letras y se está cansando de ser homenajeado sin tregua. Tanto, que en la conferencia inaugural del Hay Festival Alhambra dedicada a él se despachó contundentemente: Estoy harto de Francisco Ayala.

Incombustible a pesar de los pesares, Ayala atendió al acto celebrado en el Carmen de los Mártires de su ciudad natal y que fue dirigido por su esposa, la hispanista Carolyn Richmond, y en el que participaron sus amigos los escritores y periodistas Enma Rodríguez, Juan Cruz y Fernando Rodríguez Lafuente. Para el público Ayala se reservó las palabras cariñosas y atentas que no tuvo, medio en serio y medio en broma, para con su propia persona, si bien dándoles su peculiar puntilla ácida.

Estoy conmovido por haber podido volver a mi tierra a una edad tan avanzada, cuando ya uno tendría que estar por lo menos olvidado, si no sepultado. Les agradezco su buena voluntad y su deseo de ver el prodigio de la vejez, que no se acaba, imprudentemente no se acaba, por ver si aún alienta uno, después de tanto trabajo y de tantas alternativas vitales.

No hace mucho oíamos decir a Ayala que se había convertido en un fácsímil de sí mismo. Poco a poco vamos entendiendo todo lo que quería decir con esa frase. Para alguien con una longevidad superlativa incluso para los tiempos actuales que conserva intacta la lucidez, la misma lucidez que le ha hecho testigo y narrador de su siglo, la vida no se escinde fácilmente de la literatura. Ayala ya no novela ni escribe versos, pero en su misma circunstancia nos narra la vejez.

La carrera literaria de Ayala se da por terminada (de ahí los homenajes, que sirven básicamente de inventario y cierre). Pero le puede el instinto y el oficio largamente interiorizado de contar, de transformar su experiencia en lenguaje, en testimonio. El Ayala anciano no es obra del tiempo, la vejez es la materia de la obra crepúscular que escribe Ayala con su presencia entre nosotros y su voz aún templada, y entre el Ayala hombre y el Ayala obra se han difuminado todas las demarcaciones hasta el punto que ya no van el uno sin el otro.

Francisco Ayala está harto de Francisco Ayala. Pero no lo suelta.

Vía | Yahoo! Noticias En Papel en Blanco | Francisco Ayala

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