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Google y Herman Melville siguen buscando a la ballena blanca

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Es muy bonito esto de despertarse por la mañana, encender el ordenador y comprobar que Google vuelve a regalarnos un doodle para amenizar nuestras búsquedas por internet. Mucho más bonito, si cabe, cuando los doodles están íntimamente relacionados con la literatura, aunque reconozco que a mí me suelen gustar (casi) todos… Por eso ha sido una pequeña alegría encontrarme con el doodle dedicado al 161º Aniversario de la publicación de Moby Dick de Herman Melville, porque cualquier excusa es buena para recordar grandes clásicos de la literatura como este…

Publicada en 1851, lo cierto es que ‘Moby Dick, o La ballena’ no fue un éxito de ventas como lo fueron sus obras anteriores, especialmente Typee, un edén caníbal. Sus obras se basan en sus propias aventuras como marino por los Mares del Sur, donde convivió con caníbales e incluso estuvo encarcelado. Después se asentaría en Massachusetts, donde se casaría y formaría una familia. Allí fue también donde trabó amistad con Nathaniel Hawthorne, a quien precisamente le dedicaría ‘Moby Dick’.

Aunque sus obras ya no cosechaban un gran éxito, Melville continuó escribiendo, y gracias a ese afán literario tenemos hoy disponible obras como Benito Cereno, Bartleby, el escribiente o Cuentos del mirador. Moriría en 1891 y su muerte casi pasó desapercibida. De hecho, sus obras permanecieron casi en el olvido hasta la década de 1920, cuando su figura fue ensalzada como uno de los grandes de la literatura de Estados Unidos.

Todos, más o menos, conocemos la historia que se esconde en ‘Moby Dick’. La gran ballena blanca, un ser monstruoso que destruye todo lo que encuentra a su paso, es perseguida por el Capitán Ahab para darle muerte tras arrancarle una pierna. La maldad más absoluta junto a la sed de venganza ciega se convierten en los grandes temas de este clásico de aventuras marineras.

Por extraño que parezca, mi recuerdo más bonito de Herman Melville nació a través de Nathaniel Hawthorne, gracias al libro Veinte días con Julian y Conejito, un título extraño para un libro que nos narra los días que pasó Hawthorne solo en casa con su hijo Julian (y Conejito, claro), mientras su mujer y su hija iban a visitar a unos familiares. Se trata de un libro precioso, encantador, en el que descubrimos la faceta más familiar de Hawthorne y en el que aparece Melville como un amigo fiel con el que pasar las tardes tranquilamente charlando.

En cuanto al doodle propiamente dicho, pues la verdad, no me voy a quejar mucho, pero lo cierto es que hemos visto algunos mucho más bonitos y elaborados. Este es sencillo, y tiene su encanto, no lo pongo en duda, pero sí que es cierto que me hubiera gustado ver una animación de Moby Dick resoplando en la lejanía.. Para otro año, quizás…

En Papel en Blanco | Doodles

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