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Los libros de Cortázar: un paseo virtual por su biblioteca

Los libros de Cortázar: un paseo virtual por su biblioteca
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Hace unas semanas leí las siguientes palabras de Rodrigo Fresán sobre el tema de la tradición en la literatura argentina:

... las raíces de la literatura de mi país no se hunden en el suelo sino en una pared, en la pared donde cada uno de esos escritores tiene su biblioteca. La biblioteca es la patria y el ADN del escritor. (...) Pensar en Borges, en Puig, en Bioy Casares, en Cortázar, en Piglia. Pienso en que todos los grandes escritores argentinos son, fundamentalmente, grandes lectores.

Indudablemente Julio Cortázar fue un gran lector durante toda su vida; múltiple, voraz, implacable. En diversas ocasiones contó aquella anécdota de su niñez en la que los médicos le recomendaron a su madre que no le dejara leer tanto y que jugara más. Si Julió escribió, es porque Julio leyó. Si, como dice Fresán en el contexto argentino, la patria de un escritor es su biblioteca, poder deambular por esas estanterías, aunque sea mínimamente, es un verdadero placer. Desde hoy podemos asomarnos al agujero de la cerradura de la biblioteca del "cronopio", gracias al esfuerzo del Instituto Cervantes y de la Fundación Juan March que han puesto en marcha la exposición virtual Los libros de Cortázar.

En 1993, Aurora Bernárdez, viuda de Cortázar y actual poseedora de todos sus derechos (y del material inédito que, poco a poco, va viendo la luz), donó a la Fundación Juan March la biblioteca personal que el autor tenía en París, compuesta por unos cuatro mil volúmenes. Esto, ya de por sí, es un regalo para la vista, pero es que, además de leer, Cortázar tendía a anotar, comentar y corregir los libros que leía.

Lo que ahora nos ofrece esta exposición, coordinada por Jesús Marchamalo, es la posibilidad de espiar algunos de esos libros: los comentarios escritos de su puño y letra, las dedicatorias de tantos amigos literatos, incluso algunos títulos de curioso formato (circular, en acordeón) y objetos encontrados en ellos, quién sabe si con función de marcapáginas.

El recorrido está organizado en cinco apartados: libros firmados, dedicados, anotados, con objetos y formatos curiosos. Entre las dedicatorias personales la exposición se centra, sobre todo, en cuatro autores con los que Cortázar tuvo una profunda amistad: Pablo Neruda, José Lezama Lima, Octavio Paz y Alejandra Pizarnik. Las líneas escritas por la poetisa son especialmente emotivas:

Julio fui tan abajo. Pero no hay fondo Julio, creo que no tolero más las perras palabras. (...) Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, oh Julio) de la locura y de la muerte.

Entre las anotaciones "sobre la marcha" encontramos de todo, desde simples signos de exclamación y subrayados, hasta afirmaciones o negaciones en las que dialoga con el autor. Recordando el capítulo 34 de 'Rayuela', en que el pensamiento de Oliveira se intercala con la lectura de una novela de Benito Pérez Galdós (a la que critica), no pude más que sonreír ante el comentario a la siguiente frase de Luis Cernuda en 'Poesía y literatura':

No es necesario, ni fácilmente posible, que el novelista alcance adonde Cervantes y Shakespeare alcanzaron (aunque Dostoiewsky y Galdós si alcanzaran).

Comentario manuscrito de Cortázar
Y Cortázar señaló: ¡No, hombre, por favor!

Al leer la correspondencia personal del argentino, uno comprueba lo mucho que sufría para que sus libros fueran correctamente publicados (tenía especial pavor de que la imprenta modificara el orden de los capítulos de 'Rayuela'), vigilando con lupa posibles errores. La exposición dedica un apartado especial (muy breve, por desgracia) a las erratas, porque hasta en obras ajenas Cortázar se quejaba y pedía explicaciones. En su ejemplar de 'Paradiso', de Lezama Lima, se pregunta: ¿Por qué tantas erratas? Mientras que en 'Confieso que he vivido', las memorias de Pablo Neruda, apostilla:

¡Che, Otero Silva, qué manera de revisar el manuscrito, carajo!

Entre los formatos extraños, descubrimos tres libros de Octavio Paz: una curiosa edición de 'Vrindaban' (libro-objeto); 'Blanco', inspirado en los mantras orientales y dispuesto en forma de acordeón, y los 'Discos visuales', en los que los poemas se forman mediante ventanas en cartulinas circulares. También un ejemplar de la 'Carta a un joven escritor', de Ernesto Sábato, impreso en cartón reciclado y con una camisa de arpillera, y cómo no, una edición troquelada de los Cent mille millards de poèmes de Queneau.

Sobra decir lo mucho que he disfrutado paseando mi mirada, aunque sea a través de una pantalla, por "la patria literaria" de un escritor al que tanto admiro. Claro que sabiendo que la biblioteca la componen cuatro mil volúmenes, sabe a tan poco...

Vía | Yahoo! Noticias Fotografía | Mario Muchnik Más información | Los libros de Cortázar En Papel en Blanco | Papeles inesperados, Cortázar, triste, solitario y final, La biblioteca de Cortázar en la Fundación Juan March

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