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Michel Houellebecq: "Las influencias literarias las recibimos de niños"

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En la Noche de los Libros unos pocos privilegiados (más de cien personas se quedaron en la calle debido a que la sala habilitada para el evento era ridículamente pequeña) tuvimos ocasión de escuchar la conferencia del novelista Michel Houellebecq sobre las influencias literarias. El acto tomó unos derroteros que imagino que nadie se esperaba cuando el autor lo convirtió en una celebración nostálgica de sus lecturas de infancia. Su tesis es la siguiente: los libros que nos marcan son los que leemos a los cinco o seis años, momentos preconscientes en los que determinados arquetipos se nos graban.

Ocurre, contó Houellebecq, que a los escritores se les pregunte por sus influencias o el libro que les ha marcado más. Es una pregunta agradable para el autor, que suele citar libros culturalmente admirados. Intentan influir en las listas de autores canónicos con aportaciones propias y es por estas desviaciones marginales que evoluciona la historia de la literatura. Sin estas reivindicaciones parciales los escritores poco reconocidos desparecerían. Además, mediante la cita de sus maestros el escritor se inscribe a sí mismo en una trayectoria. Pero se le plantea el problema de la sinceridad: ¿De verdad sus autores favoritos son los que le influencian?

Según Houellebecq, en esos casos la influencia es más una ambición que un método o un estilo. Es querer parecerse, y para eso se requiere una conciencia literaria formada. Desprovisto de ella, el niño posee un amor textual puro, hasta el punto que lee sin comprender. Más importante son los libros leídos entre 5 y 6 años; los que leímos a partir de 15 años los leemos todavía.

Para probárselo, Houellebecq cuenta que leyó cajas enteras de tomos del Reader's Digest, de los que hoy no recuerda nada. El problema, dedujo, está el estilo: lo que está mal escrito no lo recordamos. Lo mismo le sucedió con una colección de clásicos del marxismo. Resulta que sólo recuerda de ellos los textos de Stalin, ya que en su escritura está presente la poesía como desviación de la comunicación formal en forma de figuras de estilo. El ejemplo permite a Houellebecq lanzar una idea de paso: la poesía está relacionada con el discurso de los alienados, y ambién el de la propaganda.

El éxíto infantil absoluto de su época eran Los Cinco, comparable al de Harry Potter hoy en día. Recuerda que los personajes masculinos eran dos extremos, uno empollón y sensato frente a otro golfo y aventurero. Ningún niño, obviamente, querría ser el santurrón. Entre las niñas había un personaje para cada tipo de lectora, una chicazo y otra más 'girly', ñoñita y coqueta. Esta última despertó en el autor, según confiesa, la simpatía por la femineidad exasperante.

Los textos juveniles de su época eran principalmente Dumas y Julio Verne. Dumas le provocaba indiferencia mientras que a Verne le adoraba. Ahí encuentra una predisposición a una literatura de futuro contra pasado, de anticipación contra historia. Los libros juveniles son intermediarios entre las lecturas de niño y de adulto, y ya marcan influencias a niveles estructurales. La máxima emoción estética que Houellebecq dice haber experimentado es con La Cerillera de Dickens. En poesía, sucede que le salga automáticamente una escritura en alejandrinos franceses. Esto deriva de su lectura temprana de Corneille y del ritmo que imprimió en él.

Houellebecq siente inquietud por las colecciones de literatura infantil actuales: casi todos son autores contemporáneos, apenas hay adaptaciones de obras clásicas. Se tiene la obsesión del texto integral. No se hacen ediciones expurgadas, extractos selectos de las grandes obras de la literatura. Y en opinión del autor esto es una pena, porque cuando está hecho con gusto y calidad, el texto expurgado puede superar al integral. Un magnífico ejemplo de esto es 20.000 mil leguas de viaje submarino del ya citado Verne. ¡Qué gran lectura juvenil cuándo una mano piadosa nos ahorra las abrimadoras descripciones de peces, mareas y tecnicismos navales! Y quién ha leído el expurgado de niño lee el integral de adulto.

Hay una última razon por la que el autor reivindica la adaptación de clásicos a literatura infantil. Houellebecq transcurrió su infancia en el campo y para él el libro era su única apertura al mundo. El tebeo también fue muy importante pero siempre lo consideró de distinta manera. Y nunca disfrutó con la escuela. Considera que no hubiera aprendido nada de no tener esos libros a su alcance. Y es esencial, según él, que los niños sigan teniendo esa oportunidad, esa escapatoria, esa cuerda de la que asirse y salir a flote.

He leído lo que he querido, sin intervención de enseñantes. He tenido mucha suerte.

En Papel en Blanco | La Noche de los Libros, Día del Libro

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