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Distopías de fin de siglo (IV): 'El país de la noche', la pesadilla futurista de William Hope Hodgson

Distopías de fin de siglo (IV): 'El país de la noche', la pesadilla futurista de William Hope Hodgson
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William Hope Hodgson es uno de esos autores sin los que H.P. Lovecraft nunca hubiera existido como escritor. Escritor contumaz, su pasión por el mar le hizo enrolarse a una edad muy temprana en un navío mercante y vivir la vida de marino que más tarde reflejaría en obras como ‘Las botes del Glenn Carrig’, ‘La nave abandonada’ o ‘Los piratas fantasma’.

De Hodgson, Lovecraft aprendió el gusto por esa sensación inquietante y ominosa que transmitía el mar y sus misteriosas criaturas. Son los relatos de terror en el mar de Hodgson un ejemplo de cómo crear un ambiente pesado y desasosegante en el que el miedo viene infundido, no por peligrosos monstruos marinos, sino más bien por lo extraño de una nave abandonada en medio del mar, por unas nieblas que envuelven de pronto a los marinos, o por desconocidas islas desiertas que aguardan un terrible secreto en su interior. Cuando uno lee sus relatos, no puede por menos de pensar que Lovecraft se pudo inspirar claramente en ellos para escribir algunos de sus horrores más conocidos.

El soñador de Providence, en su obra ‘El terror sobrenatural en la literatura’, dijo de Hope Hodgson:

De estilo desigual, pero en ocasiones tremendamente poderosa en sus visiones de mundos y seres que acechan bajo la superficie de la vida, es la obra de William Hope Hodgson, menos conocida hoy en día de lo que se merece. Aunque favorece conceptos anticuados y sentimentales del universo y de las relaciones del hombre con el mundo y sus semejantes, Hodgson es quizá apenas inferior a Algernon Blackwood en su fervor creativo de lo irreal. Pocos pueden igualarlo en su descripción de una humanidad sitiada por fuerzas innombrables y monstruosas entidades, mediante alusiones casuales y detalles insignificantes, o en comunicar al vago espanto espectral que se relaciona con ciertos edificios y regiones.

Y pese a que el mérito mayor de nuestro autor estriba precisamente en sus relatos de horror marinos, su obra no se ciñó sólo a éstos. Fue un escritor prolífico, que dejó decenas de cuentos, así como un puñado de poemas y cuatro novelas, entre las que destacan la que hoy nos ocupa, ‘El país de la noche’, escrita en 1903 y publicada en 1912.

En ‘El país de la noche’, Hodgson traza un escenario apocalíptico para la Tierra y nos narra los últimos momentos del planeta, cuando sus últimos supervivientes luchan por sobrevivir. El sol se está apagando y la Tierra se ha visto sumida en la oscuridad; la flora y la fauna apenas existen y el agua está contaminada. Además, las más diversas criaturas mutantes pueblan este devastado mundo, buscando con odio la destrucción de una humanidad que se ha refugiado en una ciclópea pirámide, a la que llaman “el último reducto”. Allí, hacen su vida intentando ignorar al exterior, pero conscientes de que no será por mucho tiempo. Una noche reciben una llamada de auxilio de otra supuesta pirámide. En ese momento, el protagonista revive fragmentos de una vida pasada en la que se enamora de una mujer con la misma voz que la de la llamada. Entonces decidirá emprender un épico viaje cargado de peligros para buscar a su amada.

‘El país de la noche’ no es por desgracia la mejor de las obras de William Hope Hodgson. Es verdad que acusa el lastre de un narración muy farragosa, llena de digresiones quizá innecesarias, y cuyo tono melodramático (recordemos que originalmente la obra se titulaba ‘The Night Lands. A love tale’) a veces parece no encajar del todo en la narración general. Pero lo que llama poderosamente la atención de esta obra es la capacidad que tuvo Hodgson para imaginar un mundo al borde de la extinción, donde la humanidad se acina en un solo baluarte (protegido, además, por unos campos de fuerza muy de ciencia ficción); una situación apocalíptica que la emparenta con las obras más modernas del género (me recuerda, sin ir más lejos, a la película ‘Land of the Dead’ de George Romero, salvando las distancias). Hodgson, a pesar de todo, es capaz de conseguir un tono sombrío e inquietante a su narración.

La edición más moderna que conozco de la obra es la que hizo Pulp Ediciones en 2004, en dos volúmenes, partiendo de la traducción de Francisco Cusó de los setenta, cuando se publicó por primera vez en español. Como el editor señala en el prólogo, la edición sigue la versión americana que recortó los pasajes más plomizos del segundo volumen, que, a consideración de los editores, serían demasiado pesados para el lector actual. Ignoro si esta libertad que se tomaron es justa o necesaria. El resto de las obras de Hope Hodgson están editadas en español, en su mayoría, por la editorial Valdemar.

‘El país de la noche’ (2 vol.)
ISBN: 978-84-95741-69-5
Traducción de Francisco Cusó
Pulp Ediciones, 2004. Rústica, 208 páginas/volumen.

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